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martes, 31 de julio de 2018

La Mirada del Crítico (2): Patricia Kaiser. "Cuando escribo, trato de ver la película de una forma 'inesperada'".

Continuamos la sección dedicada a críticos cinematográficos con Patricia Kaiser. Ella es docente, investigadora y crítico en el área de cine. Actualmente da clases en UNEARTE y escribe en su blog elojodelpezglobo.blogspot.com.




1. ¿Cómo llegaste al oficio de la escritura para cine?

Por (y en) la Universidad. En la Universidad, hice mis pasantías en el departamento de investigación de la Cinemateca Nacional. Ahí, inevitablemente, tuve que escribir. Y Pablo Abraham, mi jefe en ese momento -gran amigo y colega después- influyó mucho en mi forma de ver cine y escribir sobre él, y en guiarme en las lides de la escritura para cine. 
También mi profesora de Cine Latinoamericano, Carmen Luisa Cisneros, quien me invita a escribir para Encuadre, revista que comandó durante mucho tiempo. Apenas estaba yo como en sexto semestre. Creyó en mí (y Pablo ya escribía ahí, así que me dio un empujón)
También la cátedra de Taller de Cine del sexto al noveno semestre. En esas 4 materias, había que dirigir cortos. Y yo siempre tuve claro, que no quería ser directora ni nada de eso. Lo mío era investigar, escribir y dar clases. Así que hice un trato con César Bolívar y luego con Manuel de Pedro: yo no dirigiría nada, pero le escribiría cortos a todos los demás. En noveno semestre, no tuve más remedio que dirigir uno. Ni modo. Pero me salvé de unos cuantos y me fajé como escritora. 
Seguí como crítico de cine en Encuadre y otros medios que me fueron llamando. Comencé a dar clases dos años después de graduarme. Y escribí muchas cosas para la TV...


2. ¿Qué películas te marcaron como espectadora?


El cine de género bien hecho. Me parece una muy buena cátedra de cine: cumple con los códigos, con sus intenciones, con las expectativas; y si está bien hecho, bien dirigido, puede ponerte pensar (cosa que pocos creen, al menos en una época fue así: se despreciaba el género por "fácil"). 
Y por mucho: la sci-fi.... Mi género favorito desde la niñez (en literatura)... Le siguieron el terror y el horror; y ahora me gusta mucho una buena peli histórica (con sus subgéneros como el biopic y tengo a Patton como guía). Me encantan los policiales y las pelis de espías e intriga internacional (me encanta Bourne). 
Así pasé por Craven y su Freddy y Scream; Woo con sus balazos y sus dobles imposibles; Spielberg y Tiburón; Scott con todo; el maestro Hitchcock padre del género sin temor (Rear Window, La dama se desvanece -una joyita inglesa-, Marnie, Vértigo -y ese extraño título De entre los muertos-); El exorcista, Halloween, y un largo etc (que ya pueden deducir)


3. ¿Fue el cine, la literatura o ambos los que te incentivaron a escribir sobre cine?


Debe haber sido la literatura, sin duda. En mi casa se leía mucho (yo soy hija única, es por eso). Y yo comencé escribiendo poesía y teatro. Y como soy una gran lectora (sea como sea que se entienda eso) terminé siendo una buena escritora. Muy exigente con la gramática y la ortografía. 
Cuando estaba como en sexto semestre; Carmen Luisa Cisneros, quien todavía para esa época dirigía la revista Encuadre y era mi profesora de Cine Latinoamericano; me llamó para escribir en la revista. Para esa época, ya había terminado mis pasantías (que hice en el cuarto semestre) como asistente de investigación en la Cinemateca, así que ya tenía rato escribiendo sobre cine. 
Y cuando entré a la universidad, sabía que NO quería trabajar en campo en el cine. Quería investigar, escribir y dar clases. Nunca quise dirigir (ni quiero) ni hacer ningún oficio de campo o post. 
Yo me siento primero que nada una escritora. 
PD: Creo que aún hoy, debo decirlo, leo más libros que "ver pelis". Numéricamente hablando. 


4. ¿Sientes que hay cierta pérdida en la escritura sobre imágenes? Sobre todo partiendo de la idea básica "una imagen vale más que mil palabras".


Comienzo por decir, que no me creo la frase "una imagen vale más que mil palabras". Es un eslogan publicitario de la era TV y post TV... No creo incluso, que los mismos que la acuñaron, se la crean.
La palabra y la imagen generan dos discursos diferentes, pero cada uno con su régimen de verosimilitud y su "realismo". Nada supera el realismo de un Balzac. Nada digo, en términos de imagen. A su vez, nada podrá superar el realismo un filme como por ejemplo, El Chacal de Nahualtoro (que es ficción, huelga decir).
Y lamentablemente hoy, la imagen tiene cada vez menos valor como "verdad". A la imagen hoy, en el mundo de sobrepoblación de imágenes y de aparatos para acceder a ella de forma (casi) instantánea, le ha ganado el espectáculo. Y todos, doctos o no, saben que el espectáculo "dice" poco (dice mucho más de quién lo crea, que decir sobre lo que representa). 
Así que no siento que haya pérdida en la escritura sobre imágenes. No si la intención es hablar sobre imágenes con un lenguaje escrito, con el lenguaje de la palabra. Hay pérdida, si se buscar decir con palabras, aquello que solo puede ser dicho con imágenes. Y ese no es el trabajo de un crítico o analista del audiovisual.
Fíjate: al salir de ver una peli, una suele irse con lxs panas a tomar algo y conversar de la peli. Hablar de la peli. Y lo que se dice, lo que se habla en el café (o bar, como gusten) es otro discurso sobre la imagen vista. No es una suplantación del filme. Es otro discurso. 
Eso mismo, con más técnica, más oficio, etc; es lo que un crítico o un analista del audiovisual hace. Al menos así lo asumo yo. Y así se lo hago entender a mis alumnos. 
El oficio de escribir sobre imágenes es ponerle método y rigurosidad a las conversas de café sobre las pelis. Suena fácil. No lo es. Porque método y rigurosidad, primero no están en la conversa de café; y luego, se llega a ellos, con mucho ensayo y sus consecuentes errores, mucho estudio y mucha disciplina. 


5. ¿Cuáles han sido los directores que más te han marcado?

Cronenberg de primero. Es el que más atrás (en el tiempo) recuerdo. Junto con Craven, a quien amo desde la universidad. Aún recuerdo que dos panas y yo incluimos La noche en Elm Street como película elegible para hacer análisis. Gracias a Frank Baíz que aceptó la locura. Y los tres trabajos, cada uno con un enfoque diferente, fueron muy buenos. 
De Cronenberg primero vi VideoDrome y de ahí salté hacia atrás en su carrera. Su recurrencia temática sobre la dicotomía (que él desmantela) mente-cuerpo, con su New Flesh, marcó mucho tiempo mi línea de investigación por ese timempo.
John Woo: A better tomorrow, The Killer, A bullet in the head.... Hasta sus filmes de Hollywood. Un duro. Nadie como él para trabajar el tema del "doble".
Lynch. Ese mundo bizarro. Y esa "limpieza", esa "pulcritud"  y parquedad en la dirección. No sobrepasa el límite con su estilo. Eso es difícil de encontrar. Mesura en la locura. 
Directores de los que me gustaron filmes cuando joven y que luego ya más profesional, sumé mi lista de "influencias" están: Frankenheimer, Spielberg, Eastwood, Godard, Antonioni (a quien odié toda la carrera, ironías), Coppola.
Hoy hay más: el Pato Guzmán, Lucrecia Martel, Luis Ospina, Vinterberg, Wong Kar-Wai; Kiarostami...
Depende de para qué sea, pienso más en filmes que en directores. Si estoy armando una clase, o en un proyecto de guión, recurro a filmes más que a "directores". Pero obvio, uno tiene sus "amantes". 


6. ¿Cuáles críticos de cine lees y por qué?


Soy la peor colega. No ando "siguiendo" críticos. 
Soy fiel, por cercanías, a Pablo Gamba. Es un excelente escritor. Le tengo gran respeto. Sus enfoques son muy interesantes y le da una lectura particular a los filmes. 
Los Cahiers, obligatorios para todos. Son una cátedra. 
Tengo de cabecera el libro de Cabrera Infante Oficio del siglo XX. Caín es un gran crítico. Y ese toque de "diario" que le imprime a sus textos ha sido una gran influencia en mi estilo
Los largos ensayos de Luis Duno Gottberg. Me asombra su rigurosidad.
Los argentinos. Tuve el honor de estar en Talent Campus del Bafici, y fue una gran experiencia compartir con los Diegos y con Q, con quienes tuve otra perspectiva del oficio. 


7. ¿Qué buscas en la crítica de cine, sea tuya o de un colega?


Qué difícil, porque no lo sé. No a conciencia, al menos. Creo que lo primero que busco es un buen escrito. Literatura. La crítica es un género literario, con sus normas, códigos, etc.
Lo segundo, que más que buscarlo me gusta encontrarlo; es un enfoque diferente del mío en cuanto a la lectura y abordaje del filme.
Y cuando escribo yo, trato de ver la obra de una forma "inesperada". Que me atrape como "lectora" y por ende como escritora. Lo que se podría traducir, piensa la gente, en que solo escribo de películas (y solo leo sobre películas) que me gustan. Y eso es falso. 
Cuando se ejerce la crítica y la docencia, se debe tener muy clara la diferencia entre el gusto y la calidad. A una le pueden gustar películas malas. Y uno puede reconocer un gran filme (bueno, buenísimo) y que no te guste. 
Hay parámetros para decir si un filme tiene o no calidad. Eso no es para nada subjetivo. El gusto sí lo es.
Así que mi búsqueda en la crítica es por una lectura "inesperada" del filme. Que me diga algo más que lo obvio: aquello que el espectador no experto también podría inferir. A eso me refiero con lo obvio.
Una buena crítica para mí es aquella que está por encima (o por debajo, en otros sentidos) de la lectura obvia y del sentido común. Y eso incluso te lo permiten los malos filmes. Porque una buena crítica no tiene que ver con la calidad del filme. Aunque si escribes de un filme con calidad, obviamente tienes un camino adelantado. 
Se diría que busco "otra vuelta de tuerca". O eso que junta un paraguas en una mesa de coser (para ponernos cultos y pedantes).
Lo que NO me gusta, que siempre unx lo tiene más claro: una crítica obvia, de palangre que sea para jalarte al cine. Una crítica que arrastre el texto fílmico a lo que quieres tú decir y tú quieres que la película te diga. Una crítica que ve sombras donde no las hay.
He leído cosas como que el ambiente de Mad Max la reciente de Miller; se puede comparar por reflejo de no sé qué espejo; con la Venezuela actual. Eso ya es tirar mucho la cuerda. 


8. ¿Cuál escena y de cuál película recuerdas haber visto con más fervor en tu formación como espectadora?


Me quedé en blanco como tres días para llegar a una respuesta. Recuerdo mucho, pero "3 days later", la escena de "Long Live to the New Flesh" en VideoDrome. La mano-revólver que sale de la panza del prota y luego del TV. Brutal. Y como siempre he trabajado Cronenberg, no sólo la vi mucho, sino que he vuelto a ella una y otra vez.
La primera escena de La conversación, ese paseo por el parque, aún hoy lo uso en clase: una versión editada que hice con una amiga (a petición del profesor de análisis de montaje en la UCV) donde no están "los que escuchan". Genial, es otra peli. 
La escena de la conversación de los tres panas en el bote enTiburón. Cuando contando de las mujeres y pasan por un tatuaje y resulta que es un recordatorio de la muerte casi inminente post Hiroshima, a manos de un tiburón. Es una clase de dramaturgia, de arcos de personaje, de puesta en escena... De todo. 


9. ¿Cuál es tu posición frente ver cine en casa en contraste con verlo en la sala de cine?


Siempre será genial una sala, una gran sala. Pero eso es cada día más difícil: por precios, por la oferta pobre, por la inseguridad, etc, etc. Así que la casa es la mejor opción. 
Yo, que doy clases, lo he comprendido. Es muy difícil que mis alumnos puedan pagar una entrada de cine y menos aún, que en el cine, estén dando algo que sirva para las clases (aunque yo insisto en que hay que ver de todo. Sólo así se puede formar un espectador).
Por lo que dejé esa discusión atrás. Ve películas, las más que puedas, donde puedas verlas. Si tienes como ir al cine, excelente. Ve algo de la cartelera, la mejor opción posible según tus intereses, gustos, la compañía, etc... Y en casa, no hay excusas, ve todo lo que puedas. TODO.
Y claro, hay quienes tiene como montarse en casa una versión pequeña pero igual de efectiva que un cine. No es mi caso, pero tengo panas que tiene un HT y es excelente... Se puede fumar!
Lo único que me llama la atención, que podría ser un cambio de "épocas" y de estilos; es que me topo con muchos filmes para "cine", que como saben que serán distribuidos en redes y visto en HT (incluso plataformas como Netflix y Amazon Prime) tienen una estructura (fíjate que no hablo de la calidad de Broadcasting, que es un tema superado con la proliferación de dispositivos HD para grabar. Hasta un buen celular lo tiene) más de filme para TV. Es una cosa de lenguaje. No de técnica. 
Y paradójicamente, es en las series de TV donde veo la mayor audacia en cuanto a lenguaje: estructura narrativa particularmente. Cosas de la vida.
Pero tiene que ver más con las decisiones narrativas y temáticas de los creadores, que con el lugar en dónde sean "consumidos" por el espectador. 


10. Si te tocara hacer un Top 10 de tus películas favoritas, ¿cuál sería?

No están en ningún orden de preferencia, sino de "memoria". Escribo y me voy acordando. 
La primera peli que vi sola en el cine (era menor de edad y mi hermano más aún): El regreso de los muertos vivientes de Dan O'Bannon, Tiburón, Video Drome (y de él mismo, Eastern Promises), J. Edgar Hoover, El chacal de Nahueltoro, La Conversación, A nightmare in Elm Street (la primera de Craven y la última de la última que él también dirigió), La muerte un burócrata (y claro de Titón, Memorias del subdesarrollo), Vodka Lemmon, Submarino de Vinterberg, Chungking Express (Kar-Wai)... Es difícil resumir una vida viendo cine en tan sólo diez títulos.
Porque además el Top Ten de favoritas depende de la época de tu vida en que estés. Seguro si unx atraviesa un momento feliz (sea cual sea la definición de "momento feliz") hará una lista; pero si le preguntas a esa misma persona, en un momento "triste" o difícil de su vida, te dará otra lista. Incluso, más allá de la felicidad o tristeza, depende de las circunstancias de vida que esté atravesando. Si estás haciendo un proyecto para TV, seguro tendrás una lista; que diferirá, si andas montando una materia para la universidad (que no sea sobre TV).
Hay entonces, como Top Ten del momento actual de tu vida o tránsito.

En el set de Jaws (1975)

viernes, 15 de octubre de 2010

Imperio tierra adentro: desvanecerse en imágenes. Inland Empire (Lynch, 2006)


(si se puede, escuchar la canción mientras lees)

¿Estoy soñando?

El reloj

¿Cuántas películas estoy viendo?

Los teléfonos

¿Quién es la actriz si no es Susan quién es la puta si no es Nikki?

La lámpara

¿Hoy ya es mañana?

Las casas

¿Soy lo que sueño o lo que imagino?

La música

"¿Quieres ver?"

Entender es olvidarse de amar.
Fernando Pessoa, Libro del Desasosiego.

Ningún otro medio artístico -ni la pintura ni la poesía- puede comunicar la calidad específica de un sueño tan bien como puede hacerlo el cine. Y fabricar sueños es un negocio jugoso.
Conversaciones con Ingmar Bergman.

La sala de cine, la creación, el tiempo, los personajes
espacios sobreponiéndose dentro de una persona
que se deshace
en muchos personajes del
cine, imperio cuerpo adentro

Soñaba. Estoy viendo. Curioso. Me sentía dentro de la película, ante la película, parte de la película. Estoy intentando armar la muñeca rusa, al menos recoger los pedazos rotos a partir de las pistas. Pero no me doy cuenta de algo. Estoy intentando ver sin perder el hilo, ver a través del hueco de la tela, ver la trama. Extraviado. Esta es la película de una maldición polaca que conlleva a un asesinato. No. Esta es la película sobre Nikki, una actriz asumiendo el rol de sus sueños (¿afrontar el papel que siempre soñó o merodear lo esencial de sus sueños?). No. Esta es la película de la hija del esposo de Susan viendo un sitcom de una familia de conejos. No. Este es el cine, creando tiempo a través de una elipsis que nos incluye en la película...

Veía. Estaba soñando. Inquieto. No entiendo. Me pierdo en la historia porque la recreo o esto intento. Me pierdo en el engaño de los mundos. Los disfraces de conejo me dan miedo. La risa macabra del circo me perturba. El asesinato falso me hace llorar. Los chillidos me aturden. Me desarman las sensaciones. Hoy es mañana. Nikki es Susan. Los sueños son imágenes a punto de desvanecerse. Las pistas son una manera de armar el engaño. Este es el sueño de la creación. Pero el laberinto de estas adivinanzas no hacen la obra, me deshacen a mí.

Lo digital de estas imágenes tiene la textura de los sueños. Este carácter etéreo de la imagen digital, como si fuera una creación improvisada, a punto de desvanecerse ante mis ojos, desenfoca la trama de la película. Puedo buscar (y probablemente seguiré encontrando) pistas para guardar cada muñeca rusa dentro de las demás, sólo que la vacuidad de Nikki me desarma. Ella confiesa su crimen, confiesa no entender como tampoco entiendo yo, pero se enamora y atiende a sus propios reflejos, a su rol, a sus imágenes. El reflejo la persigue como la cámara la sigue y nosotros seguimos en la pantalla. La imagen de cine está instalada en nosotros como la imaginación y el sueño, pero como es ojo mecánico, terminamos engañados.

Ella es una proyección, no sólo de una mujer, sino del espectador, el grito que se asoma en la risa, enamorarse que es reflejarse, las escenas de una actriz todavía sin rol. Ella es todas estas impresiones desgajadas a lo largo de las tramas. Detrás de la tela, una de las chicas dice: "En el futuro estarás soñando en una especie de sueño". La película es la imaginación de los sueños, una tram(p)a tras otra, una antítesis de lo cronológico, una lógica del desasosiego entre lo que vemos y lo que somos; el cine como ilusión de sueño, pero terminamos engañados, siempre. Entonces, ¿quién es Nikki si no puede ver/imaginar lo que ocurre mañana? ¿Quién es Nikki si no diversos personajes que borronean a una persona?

Finalmente me doy cuenta de que si la película es una muñeca rusa, yo me encuentro dentro de la muñeca más pequeña. Cada pregunta es como una pequeña grieta que se hace en esta muñeca tras cada impresión. Es una grieta que permite entrever hacia afuera, pero sólo apenas. Más profunda es la sensación de estar perdido entre los recovecos de las historias, los sueños y las emociones. Con las pistas se arman las tramas, pero incluso con su final festivo que regresa al ayer, queda la inquietud de que la naturaleza del tiempo ha sido trastornada por el cine y de que mis maneras de ver (de amar, de imaginar, de soñar, de entender) son trastocadas por esta máquina de sueños que los provoca y los comercializa.

Pero si el cine es el imperio de la mirada, de la mirada hacia adentro del cuerpo, ¿pertenecemos a la industria de los sueños, así sea como espectadores de ella? Este destello de luz del proyector que vemos en pantalla, ¿nos está reflejando a nosotros? ¿Soy una ilusión que hace el cine de mí? Seamos actor o espectador, el cine nos convierte en una proyección, apenas un esbozo de persona a través de esta máquina de sueños, como si fuésemos esa muchacha sobre la cual el tocadiscos reproduce "la canción más larga de la historia", música que confundimos entre las palabras, los susurros y los ruidos, son los sonidos de un misterio, nunca completamente descubierto, pero en el que nos vemos envueltos.

Estos son los sueños de la imagen -sabemos que estamos soñando, sin entender, pero seguimos viendo-, esta es una oda a las maneras del cine de vernos, una oda a la mirada y a los impresiones que provoca esta mirada: sensaciones de lugares escondidos en los laberintos de una maldición, de personajes casi fantasmales entre sus secretos y sus risas, de tramas que, no si son hilvanadas, sino descubiertas como Nikki quema la seda, irrumpidas por curiosidad, se revelan como fantasías, como (des)encuentros que reconfortan a la primera espectadora (como cuando la hija se encuentra con su padre o cuando la prostituta se besa con la Nikki/Susan antes de desvanecerse). Ver es soñar y la película me hace perderme en sueños que parecen míos. En el fondo (de esta muñeca rusa, de este cuerpo, de esta fantasía), lo son.

viernes, 4 de junio de 2010

"Ahora está oscuro", recordando a Dennis Hopper y Terciopelo Azul

Era 1986. Me había graduado de bachiller tres años antes. Como la mayoría de las cosas en aquel momento, la manera de ser o conocer un genio era a través de novios mayores. No eran tan viejos, pero que supieran más que yo, los hacía más atractivos para mí. Y lo que yo tenía para intercambiar era mi juventud. Este novio era cinco años mayor que yo. Él amaba las películas. "Es la nueva película de David Lynch", dijo. "Tenemos que verla".

Así que unos de nosotros se arrejuntó en un carro que llevábamos en aquel momento. Había dos cosas que sé con seguridad sin haberlo visto en mi mente: que era una chatarra y que era barato. "Terciopelo Azul", qué podrá significar eso, me preguntaba como joven y tonta que era. ¿Y quién es David Lynch? Era alguien por quien la gente como mi novio se emocionaba muchísimo. Yo, yo era mucho más comercial, como soy ahora. Pero al menos ahora conozco, amo y aprecio a David Lynch.

Está de más decir que Terciopelo Azul era distinto a todo lo que yo había visto antes. Lo que recuerdo de esa proyección es que el sonido se cortó justo después de la famosa escena entre Dennis Hopper e Isabella Rossellini. La audiencia casi gritó asustada - no porque hubieran visto a Hooper, ya una leyenda, ponerse esa máscara de oxígeno y meter a Rossellini en tales escenas de perversión, sino porque el sonido se había ido y tendríamos que salir de la sala y volver la noche siguiente.

Tuvimos toda una noche para pensar en esa escena y lo que pensábamos sobre qué sería la película. La noche siguiente, nos encontrábamos anticipando esta escena con Hopper, y cada escena en la que él estaba, sin importar cuán difícil de ver fuese. Y lo fueron. Difícil de ver.

Dennis Hopper ha actuado, escrito o dirigido (o las tres a la vez) más de cien películas. Ha hecho muchas desechables, pero también ha hecho unas tremendas. Ninguna de ellas, ni siquiera Easy Rider, puede superar a Terciopelo Azul. Era el rol preciso para el actor indicado en el momento señalado. Sólo David Lynch pudo captar lo que Dennis Hooper era capaz, el nivel de crueldad y sexualidad retorcidas de Frank Booth. Y probablemente ningún otro actor pudo haber llegar hasta ahí. Todavía no ha vuelto a haber un personaje tan memorable en una película de Lynch, y eso es decir bastante.

Logró ser grotesco y gracioso. "¡Heineken! ¡Que se joda esa mierda! ¡Pabst Blue Ribbon!"

Terciopelo Azul movió nuestro mundo cuando salió por primera vez. Hasta este día se mantiene como una de las cosas más alocadas y hermosas puestas en película. Lynch recuerpó nuestros recuerdos de Ingrid Bergman y nuestra seguridad en las convenciones cinematográficas y las volteó. Y no hemos sido los mismos desde entonces.

Yo no estuve ahí para Easy Rider. Y en realidad tampoco estuve ahí para Apocalipsis Ahora, aunque la he visto muchas veces. Estuve ahí para Terciopelo Azul y se ha quedado conmigo. Dennis Hopper, y los personajes extraños que trajo a la pantalla, incluso en películas olvidables (y eso que hay muchas de estas), de alguna manera siempre me ha hecho reír. Siempre ha sido tan jodidamente raro. Y grandioso. Un suave fucker.

Sasha Stone, awardsdaily.com

lunes, 26 de octubre de 2009

Segunda reunión: "De lo armonioso a lo decadente" de Terciopelo Azul (1986): I



A oscuras, pero se escucha la conversación y se distinguen algunos rostros.

Uno de los matices que más me fascina de Terciopelo Azul es que, incluso cuando se adentra en lo decadente, no pierde su tono de cuento de hadas. Tal vez sea por esto que Frank no me da miedo, porque si bien es un personaje inolvidable por lo desquiciado, no existe fuera de ese cuento "a oídas" que investigan Jeffrey y Sandy.

viernes, 16 de octubre de 2009

Escenas de una primera reunión en persona y un cadáver por armar...

EL "VOYEUR" DEL TERCIOPELO
Con Terciopelo Azul (Lynch, 1986), ser espectador implica jugar a ser un voyeur: ya no esperamos ver, sino que lo deseamos. Nosotros somos los mirones metidos entre los fetiches, las perversiones y las ingenuidades de estos personajes de Lumberton. La imagen es provocativa porque, en este "extraño mundo", imaginar es desear. Con sus colores suavemente opacos pero llamativos, con su música hipnotizante y con su ritmo de parsimonia, la imagen cinematográfica evoca un mundo que provoca seguir siendo visto: a un mismo tiempo, Lumberton es un sitio provocativo a la vista y provocador para mantenernos alerta ante sus perversiones. Todo esto envuelto en esa atmósfera "wooden" ("acartonada", diríamos nosotros, pero literalmente debería ser "amaderada") de perfección que es ese vecindario.

martes, 29 de septiembre de 2009

Conversación con David Lynch



DAVID LYNCH:
No hablo de muchas cosas y no quiero hablar de muchas cosas... pero al comienzo, era imposible. Si ahora estuviéramos haciendo mi primera entrevista, yo habré dicho dos palabras. Yo parecía... un poco loco.

Sobre las palabras
No soy bueno con las palabras... me gustan las palabras, pero me gusta el cine porque tiene palabras pero, también, guarda mucho más y puede decir mucho más que las palabras, a menos que ellas estén en manos de un gran poeta. Yo me acerqué al cine a través de la pintura... y ése es un medio sin palabras, realmente; ella está en su propio nivel y en ella hay mucha más intuición, me parece... pero la realización cinematográfica es exactamente de esa misma forma, para mí, por lo menos.

Sobre las ideas
Las ideas vienen... siempre es igual, ellas llegan... y, de vez en cuando, si tienes suerte, te llega una de la que te enamoras. Y esa primera idea de la que te enamoras es, en mi mente, como una carnada y, si te enfocas en ella, traerá otras ideas y algo más grande empezará a emerger.

Sobre el lugar y la ambientación
Una sensación de lugar es muy importante en cualquier película, una sensación de lugar como en El Apartamento (1960) de Billy Wilder. Esa película y Sunset Boulevard (1951, Wilder); Billy Wilder realmente nos hizo un lugar, hizo un lugar en mi mente. Pero todo filme tiene lugares, aunque a veces los lugares pueden ser diferentes y hacerlos mejor. Un lugar es súper crítico para mí.

La ambientación está dada por el lugar, pero también viene del sonido del lugar, de la iluminación del sitio y, creo que podría venir de los colores del lugar... todo pequeño detalle está alimentando o destruyendo la ambientación.

Sobre interpretar sus películas
Yo digo que toda interpretación es hermosa... son totalmente bellas y válidas. Yo sé qué significan las cosas para mí y tengo que saber eso para seguir adelante. Y si no sé, tengo que intentar descubrirlo; y tal vez las siguientes ideas ayuden a eso, pero cuando las cosas se ponen un poco abstractas, las interpretaciones empiezan a variar violentamente.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Extractos de críticas/estudios sobre Terciopelo Azul



"Las claves de la filmografía de David Lynch, y especialmente en Terciopelo Azul, están en la visión que él mismo tiene de su infancia: <<... Según mis recuerdos, tuve una infancia feliz, sin demasiados problemas. Pero los chicos tienen los sentidos particularmente alertas... perciben las cosas de manera muy fuerte... Agrandado por la imaginación de un niño, un pequeño acontecimiento puede convertirse en la más bella o la más horrible de las historias... En mi cada todo era muy tranquilo, muy normal... era un lugar sólido, estable, tranquilizador. Quizá cuando desde el principio se posee una estabilidad tan grande, un fundamento tan sólido, uno se encuentra más inclinado a salir de sí mismo>> (...)David Lynch trata de retratar en su película las sombras que se esconden tras cualquier mundo idílico, son las pesadillas no reconocidas del conservador sueño americano las que se encuentran aquí retratadas: vicio, drogas, violencia, sexo, etc. Y, como una Alicia en el País de las Maravillas o como en El Mago de Oz, una adolescente perteneciente al mundo de la alegría y la normalidad descubre una puerta lo sórdido e insano a través de una oreja cercenada" (Alejandro Díaz, www.miradas.net)

"Terciopelo Azul es una exploración fascinante y perpleja de todo lo que está bajo la superficie de todos nosotros. Mucho de eso es tan oscuro como confuso, e incluso perturbador, pero por toda su excentricidad, esta película se siente tan verdadera como nada de lo que hayas visto antes" (Brian Webster, Apollo Guide)

"Pocas películas han sido capaces de fundir los mundos de la realidad y de los sueños tan exitosamente, y su fuerza surreal empuja las imágenes y los sonidos en nuestro inconsciente, donde resuenan por varios días. Mientras las capas de la belleza aparente de Lumberton son desgajadas lentamente, nosotros somos chupados por la oscuridad subterránea hasta que Lynch lanza una nota optimista al final. (...) A diferencia de otras películas de Lynch que te dejan guindando en la oscuridad, Terciopelo Azul vuelve a la realidad finalmente, donde vemos los mensajes morales evidentes en el filme" (Derek Smith, Apollo Guide)

"Raro por el capricho de ser raro no es suficiente; tiene que haber algo más. Y si fuera sólo rara pero entretenida, estaría bien. Pero Terciopelo Azul es completamente aburrida gran parte del tiempo. Como todos los personajes son tan exagerados (y tan falsos, podría decirse), es imposible identificarse con alguno. Terciopealo Axul es el tipo de película que los profesores de cine probablemente amen y pasen horas analizando. Pero para el espectador promedio, la película nunca logra tener mucho impacto" (David Nusair, reelfilm.com)

"Hopper es fascinante en este papel alegremente pervertido, pero me parece que no habría funcionado tan bien si Rossellini no hubiera hecho de su contraparte. La parte engañosa y suversiva de su personaje es que, mientras ella es, en teoría, la víctima, se puede ver que parte de ella lo disfruta. Hay una increíble desnudez en su actuación: una sensación de que, a diferencia de Jeff, su Dorothy ha llegado a un punto en el que ella se deja llevar y se abandona a sí misma a sus impulsos". (Kevin Laforest, montrealfilmjournal.com)

"Un filme inquietante que retrata la doble moral tras el Sueño Americano a través de imágenes cinematográficas arrebatadoras, a un mismo tiempo surreales y realistas: (...) El hecho de que nosotros tenemos que, de alguna manera, buscar un camino en este mundo extraño es lo que hace a Terciopelo Azul una experiencia tan desestabilizadora y memorable" (Fredric y Mary Ann Brussat, spiritualityandpractice.com)

"Rossellini se compromete enteramente, pero Lynch se distancia de la terrible experiencia con sus comentarios astutos y sus pequeñas bromas ingeniosas. De alguna manera, su comportamiento es más sádico que el del personaje de Hopper. ¿Qué es peor: abofetear a alguien o verlo desde lejos y que a uno le parezca gracioso?" (Roger Ebert, rogerebert.com)

"Olvidemos por un momento que MacLachlan es el alter-ego de Lynch dentro de la película. Él está menos preocupado en autorreferenciarse que en mostrar el oscuro túnel entre la juventud y la hombría. (...) Las muchas habitaciones de Terciopelo Azul son fascinantemente representativas de humores internos: el blanco virginal de la casa de Sandy; los azules estridentes y los rosados vaginales del apartamento kitsch de Dorothy; y la apariencia abarrotada y hogareña de la casa Beaumont. (...) Lynch parece sugerir que el amor es tan potente en el mundo fetichista de Frank como en el mundo feliz de Sandy. Incluso cuando los petirrojos vuelven a Lumberton, Lynch obliga a sus personajes a reconocer el lado grotesco de sus maneras idílicas de ver el mundo" (Ed Gonzalez, slantmagazine.com)

"Terciopelo Azul (...) se mantiene como una eterna controversia, y es una visión que demanda atención, si no elogio. Críticas de la película han empleado descripciones básicas usando palabras como "impactante", "controversial" o "morboso" (todas usadas inevitablemente en esta columna). Tan pocas veces estos términos son, aunque justificados, groseramente inadecuados" (Rumsey Taylor, notcoming.com)

sábado, 19 de septiembre de 2009

"El mundo es extraño", crítica de Terciopelo Azul- Semana III.

En las películas de David Lynch hay siempre un desajuste moral, una especie de disonancia que, en casos extremos, obsequia al espectador avezado con un espectáculo grandioso de perversión, de retorcimiento, pero Lynch nunca cae en lo chabacano, jamás se permite la licenciosa gratuidad de consentir frivolidades, sentimientos de naturaleza plana: todo en él propende a lo convulso, todo se escora estruendosamente a la anomalía. Ahí reside su singularidad y su voz incuestionable en el cine de los últimos casi treinta años.

Su periplo como director es un viaje azaroso a lo tenebroso del alma humana, un recorrido minucioso por el vicio, por el pecado, por la soledad y por la angustia: como un Tom Waits que se acodara en la barra de un bar y cantara/contara las broncas del cuerpo, los espasmos del alma y las tinieblas del corazón.

Nadie como Lynch para transmitir ambientes, sensaciones, colores: "El mundo es extraño", dice un personaje de Terciopelo Azul y no se nos va de la cabeza la oreja cortada en el césped, como premonición de lo que va a continuar, todo ese desfile de personajes al borde de la locura o locos en posesión de una conciencia exacta de su desatino.
Siempre que Lynch tenga control sobre el proceso final de su trabajo, hay que esperar productos de mucha altura o de mucha hondura, cine auténtico, visceral, entregado desde su vértigo. Eso pasó con Terciopelo Azul.

Lynch venía de hacer Dune, que fue un desastre enorme. Dino de Laurentiis, el productor, juró no volver a contar con un alucinado, según dijo en prensa y David juró no contar con un hombre de miras tan cortas, aunque probablemente ninguno de los dos se expresó con esta dulzura semántica. Todo fue mentira: volvieron a verse en esta cinta y el productor decidió asumir su error en Dune y dar al director carta blanca para hacer la película que quisiese. Afortunadamente.

Una cámara sinuosa recorre el confort de una calle de viviendas familiares. Estamos en Lumbort, un pueblo maderero que parece pintado para que Lynch lo refunda con su paleta de colores. Todo es seguridad, plácida seguridad. La oreja humana en la hierba del jardín, al tiempo que Bobby Vinton desgrana la inmortal Blue velvet, nos devuelve al cerebro de Lynch, a su iconografía rupturista, a su pacto con lo retorcido. Un anciano tiene lo que parece un infarto: la obstrucción de su manguera es el colapso de su corazón en una toma genial de concisión gráfica.

Jeffrey ( Kyle MacLachlan ) comienza aquí a penetrar en el infierno mismo. Él será el conductor de ese infierno compartido que hace que su mundo perfecto de novia estable ( la aquí estupenda Laura Dern ) se tambalee al entrar en un mundo canalla de sadomasoquismo, cabaret y luz de puticlub que encarnan Dorothy Vallens ( Isabella Rossellini ) y Frank Booth ( Dennis Hopper ), cantante de club y enloquecido traficante de drogas, respectivamente. Jeffrey es el voyeur asombrado de lo que, pero incapaz de mirar hacia otro lado. Su ojo es el nuestro: su asombro, el nuestro. Jeffrey, sin quererlo del todo, se inviste de investigador de lo real: escruta lo visible para encontrar lo cercenado, las orejas en la hierba, lo que no debe estar, pero aparece.

El tono enfermizo del color, el arriesgado uso de la música, que en todo momento dirige la escala de sentimientos que van adquiriendo, conforme la oscura trama avanza, todos los protagonistas. Luego Tarantino o Scorsese han usado con igual talento el score, la banda sonora, pero aquí el manejo de las canciones es magistral.

Lo que cuenta Terciopelo Azul es la máscara de la América idílica, su fracaso, el endulzado envoltorio y la bilis fluyendo como un veneno debajo, aunque Lynch nos da una lección inmejorable de cómo contar una historia ( un secuestro, digamos ) y asumir, como espectadores embaucados, que la historia no podía haber sido contada de otra manera. Eso creo yo que es la magia de un director. Y Lynch lo es ( al menos aquí ) en grado muy sumo.
Y tiene uno de los mejores finales que yo haya visto: un regreso brusco al lugar de donde partimos, una negación tremenda de todo lo que hemos visto.

(...) Y los pájaros trinan y el mundo sigue girando a pesar de que hemos asistido a una sesión golfa de maligna belleza. El mundo es extraño.

Emilio Calvo de Mora

jueves, 17 de septiembre de 2009

Una crítica en torno a Terciopelo Azul

"A Quentin Tarantino le interesa mostrar cómo un hombre corta la oreja a otro hombre, a David Lynch le interesa la oreja"

TERCIOPELO AZUL (1986)

Bajo los acordes de la canción "Blue Velvet" de Bobby Vinton, David Lynch nos convierte en espectadores del sueño americano: la plácida y acaramelada imagen de la ciudad maderera de Lumberton, un pleasantville como otro cualquiera, donde las rosas parecen recien pintadas como en "Alicia en el país de las maravillas", donde los bomberos nos saludan relucientes desde sus recien estrenados coches casi de juguete, donde los niños se dirigen tranquilamente a la escuela y donde las amas de casa se dedican a ver películas de cine negro, porque nada más ocurre en su apacible universo cotidiano. Nada, hasta que una manguera, reliada entre unas plantas, nos anuncia la tragedia. Un hombre que riega su jardín sufre un ataque al corazón y Lynch, que nos había engañado hasta entonces, nos advierte con un plano magistral que no es oro todo lo que reluce, que bajo esa pátina edulcorada, con olor a manzana y a canela, se sumerge un "mundo extraño", un universo viscoso y repugnante, pues bajo la verde hierba está la putrefacta tierra donde retozan los escarabajos.

Jeffrey Beaumont deja momentáneamente la universidad para visitar a su padre, que ha sufrido un infarto. Tras varias visitas, encuentra en un campo solitario una oreja humana amputada, que rápidamete lleva al inspector de policía, amigo de la familia. Jeffrey, aburrido en su sosegado barrio infantil, desea conocer más detalles de su hallazgo. Por eso, decide acudir una noche a casa del inspector, para preguntarle si ha averiguado algo de la huérfana oreja. El policía no quiere desvelarle demasiados datos y le advierte del peligro de investigar por su cuenta. Desilusionado, Jeffrey abandona la casa, mas de entre las sombras, como una fantasmagórica aparición, surge la jovencísima y bella Sandie, hija del inspector de policía, a la que Jeffrey no veía desde hace un tiempo. Sandy le cuenta a Jeffrey que ha oído ciertos detalles de la investigación que lleva a cabo su padre y le da el nombre de una cantante, Dorothy Valens, y la dirección de su apartamento.

Lógicamente, Jeffrey no se detiene ante las puertas del misterio, sino que decide zambullirse en sus propias pesquisas, ayudado en un principio por la inocente Sandy y en solitario después. De esta forma, llega a conocer a Dorothy Valens, una bella cantante del tres al cuarto, y con ella a un grupo de degenerados, delincuentes y transtornados que han secuestrado a su marido y a su hijo. Al frente de todos ellos se encuentra Frank Booth que utiliza a Dorothy en sus perversiones sexuales en las que el terciopelo azul cobra especial protagonismo. Jeffrey deslumbrado por la belleza, el sufrimiento y el masoquismo de Dorothy, quedará atrapado en un binomio entre la mujer, Dorothy, y la niña, Sandy, explorando su propio cambio, de adolescente a adulto, de investigador a pervertido voyeur, de dominado a dominador.

Lynch nos enseña que debajo de toda apariencia hay un submundo por explorar, que detrás de cada esquina o recodo puede surgir lo inesperado (como en ese maravilloso corto de Mulholland Drive sobre la cafetería Pimkies). Utiliza, en este caso, el agujero de la oreja como vórtice hacia el oscuro universo de la perversión y la violencia (como ya hiciera con su famosa caja azul en Mulholland Drive o con un teléfono en Carretera Perdida). En Tercipelo azul la oreja nos sugiere "escucha, estate atento", mientras que en Mullholland Drive nos decía "Silencio. No hay orquesta". Ese universo oscuro y trágico, lejos de parecer como un espejismo, se cuela dentro del mundo plácido de la cotidianiedad de Lumberton y no lo abandonará nunca, pues los pájaros del amor que podrían haber destruido ese "mundo extraño" al que tanto alude Sandy, nos traen al final los escarabajos entre sus picos.

Es constante en la filmografía de Lynch, como influencia de la magistral "Vertigo" de Alfred Hitchcock, esa dicotomía entre la realidad y la ficción, lo que aparece y lo que subyace, la vigilia y el sueño, si bien que en "Terciopelo azul" lo logra de una manera bastante más comprensible para el espectador. Por ello, considero que esta es una buena obra para introducirse en la filmografía de Lynch, pues muestra perfectamente el inframundo o la atmósfera que insuflan películas posteriores, si bien de manera muy clara y sencilla para el espectador, desde el punto de vista de la línea argumental.

Además del magistral comienzo, debo destacar como inolvidable la escena en la que el excéntrico Frank Booth (muy buena interpretación de Dennis Hopper) le pide a uno de esos asesinos enfermizos que cante "In dreams" de Roy Orbison, canción que luego repetirá para darle una paliza a Jeffrey, con esas patéticas y grotescas gogos que parecieran salidas de un antro circense. Aunque el paralelismo pueda ser objeto de crítica, considero que los personajes imposibles que aparecen en las películas de Lynch en cierta forma me recuerdan a los personajes imposibles, también un poco grotescos, de las profundidades de la carne, que retrata a veces Almodóvar. Ambos, directores muy personales.

La escena, que parece un cuadro de Velazquez o de Goya en su época oscura, con más de 9 personajes mirando hacia la cámara, sin que parezca forzado, merece ser vista, auque no os llame la atención la película. Disfrutad de mi canción favorita:

sábado, 5 de septiembre de 2009

"No sé si eres un detective o un pervertido". Terciopelo Azul: Semana I.



Terciopelo Azul es el revés de un cuento de hadas. Detrás de toda historia de amor, hay escondido algo de voyeurismo y de vicio; junto a la ingenuidad de los que viven de ilusiones, están la curiosidad y el sexo que seducen tales ilusiones; en fin, como en todo cuento de hadas, siempre se sabe que el final feliz (con petirrojos y demás) es un invento conocido a oídas, como si la historia de estos personajes estuviese resguardada en esa oreja que encontró Jeffrey Beaumont en la grama.

Al final, lo que más me impresiona de la película es la ambigüedad entre lo ingenuo y lo perverso, ese guiño de humor que no llega a parodiar la relación de Jeffrey y Sandy porque cuando lo hace, la química (y la música) entre los demás personajes nos ha seducido perversamente. La película provoca en mí una curiosidad que va más allá de seguir viendo: es seguir escuchando las manías de estos personajes (por la música, por el sexo...) y seguir descubriendo la investigación de este hombre que más que resolver el caso, desea involucrarse en él. Lynch, a través de esos colores brillantes y toda esa música envolvente, consigue en ese vecindario ideal y en los sueños de sus personajes principales, no las perversiones, ellas son las de menos, sino la curiosidad, aquella que hace indagar incluso en la apariencia de lo perfecto con la risa más inocente.

martes, 18 de agosto de 2009

Información básica de "Terciopelo Azul".



TÍTULO ORIGINAL: Blue Velvet.
AÑO: 1986.
DIRECTOR y GUIONISTA: David Lynch.
ELENCO: Isabella Rossellini (Dorothy Vallens), Kyle MacLachlan (Jeffrey Beaumont), Dennis Hopper (Frank Booth), Laura Dern (Sandy Williams), Hope Lange (Mrs. Williams), Dean Stockwell (Ben), George Dickerson (Detective Williams), Brad Dourif (Raymond).
COMPOSITOR: Angelo Badalamenti.
FOTÓGRAFO: Frederick Elmes.
EDITOR: Duwayne Dunham.
DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Patricia Norris.
DIRECTOR ARTÍSTICO: Edward LeViseur.
PAÍS: Estados Unidos.

"Blue Velvet", cantada por Dorothy Vallens: