Entre veredictos, vino, pizza y chistes se desenvolvió una ceremonia íntima e informal para dar a conocer, y en algunas categorías desempatar en segundas rondas, los ganadores de la Primera edición de la Guayaba de Oro.
Horas después, conversando con algunos de los participantes que votaron en los premios, me han dicho que están muy poco satisfechos con los resultados. Siempre va a haber algunas personas insatisfechas con algunas opciones, pero cuando son varios ya hay que detenerse a pensar: ¿en qué fallamos o qué nos faltó?
La mayoría de las críticas van dirigidas hacia BIRDMAN, nominada a 7 Guayabas y ganadora de 4, aunque no quedó en Mejor Película (y, de hecho, no quedó tan cerca de entrar tampoco). Personalmente me parece una buena película que flaquea al final, pero no es una opción que nos permita destacar. Tiene un buen elenco, sí, y ésta es su mayor riqueza. Aún así, Demet Akbag por SUEÑO DE INVIERNO e, incluso, Kristen Stewart por CLOUDS OF SILS MARIA, hubieran sido opciones más relevantes como Mejor Actriz de Reparto. Aún así, estoy consciente de que cada elección parte de un gusto. El gusto se forma luchando contra su estancamiento, con el cumplir lo que dictan los demás. Tenemos que alejarnos de lo que dictan la temporada de premios estadounidense repensando lo que escogen y, de igual manera, con los festivales internacionales.

Celebro tremendamente los triunfos de SUEÑO DE INVIERNO, Haluk Bilginer y TIMBUKTU, no porque sean películas sin reconocer por otros (la película de Ceylan ganó en Cannes la Palma de Oro y la de Sissako fue nominada como Mejor Película Extranjera en el Óscar), sino porque son películas que resuenan, que quedan en uno meses después de haberlas visto y que así se diferencian del resto. Cuando votamos, conscientizamos el gusto, lo volvemos un agente activo con el cual decimos algo.
MAD MAX: FURY ROAD es tan tremenda gracias a sus aspectos técnicos que incitan a seguir la película hasta el final, pero cuestionaría su valor por encima de LEVIATHAN, LA JAULA DE ORO, TIMBUKTU o IDA, propuestas a la nominación por algunos de los participantes. Aquí es donde la cantidad tiene su peso, pero también tiene relevancia lo que vio cada uno. Hay que hurgar en el cine de muchos países.
Así como podríamos celebrar que nominamos a una mujer en Mejor Fotografía (algo que en ochenta y ocho años ni el Óscar no ha logrado) y pensar que somos desprejuiciados por ese lado, hay que seguir buscando en nuestras películas latinoamericanas y en las europeas, asiáticas y africanas. Más hacia lo diverso, menos hacia lo preestablecido. Más Paulina García (o Juliette Binoche) y menos Julianne Moore (no me malinterpreten, me gustó Moore, pero no es una de sus mejores y las interpretaciones en torno a enfermedades tienen más posibilidades/facilidades de relucir).
Finalmente, habría que preguntarse si el proceso de votación tanto de los nominados como de los ganadores funciona. El primero consiste en hacer un ránking de las cuatro mejores opciones según cada uno y valorar cada opción propuesta del uno al cinco. Estos puntos se suman y de ahí salen tres nominados. El segundo proceso consiste en rankear los tres nominados del mejor al menos gustado. Tal vez habría que mantener la valoración del 1 al 5 para esta fase para darle un valor numérico al gusto y reducir las probabilidades de empate.
Éste, como todo proyecto, crece o se atrasa con la más mínima decisión tomada. Por esto, tenemos que estar siempre atentos. Por esto, creo que es importante que a mitad de año hagamos un proceso de selección de lo mejor de acuerdo a lo que va de año. Así, tendremos un primer acercamiento a lo que nos propone la cartelera en cuanto a cine se refiere y no dejaremos acumular las impresiones hasta el final del año.