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lunes, 2 de julio de 2018

Las favoritas del primer semestre de 2018

Fueron contactados algunos cinéfilos y críticos de cine para que mandaran sus listas de las películas que más los han marcado en estos seis meses del presente año.

Aunque hay pocas coincidencias entre las listas de unos y otros, son un primer acercamiento para la Guayaba de Oro a finales de año.

Pablo Gamba
Top 5
1. Cocote de Nelson Carlo de los Santos Arias
2. Trilogía del Lago Helado de Gustavo Fontán
3. Le lion est mort ce soir de Nobuhiro Suwa
4. Los árboles de Mariano Luque
5. Teatro de Guerra de Lola Arias


Javier Riquel
Top 10
1. Molly's Game de Aaron Sorkin
2. Three Billboards Outside Ebbing, Missouri de Martin McDonagh
3. A Quiet Place de John Krasinski
4. Only the Brave de Joseph Kosinski
5. Wonder Wheel de Woody Allen
6. The Disaster Artist de James Franco
7. Avengers: Infinity War de Anthony y joe Russo
8. Black Panther de Ryan Coogler
9. What Happened to Monday? de Tommy Wirkola
10.Mute de Duncan Jones


Joaquín Ortega
Top 8
Ready Player One de Steven Spielberg
Death of Stalin de Armando Ianucci
A Quiet Place de John Krasinski
The Ritual de David Brickner
Hereditary de Ari Aster
Red Sparrow de Francis Lawrence
Isle of Dogs de Wes Anderson
Avengers: Infinity War de Anthony y Joe Russo


Matías Orta
Top 5
1. The Post de Steven Spielberg
2. Call Me By Your Name de Luca Guadagnino
3. Isle of Dogs de Wes Anderson
4. Aterrados de Demián Rugna
5. The Shape of Water de Guillermo del Toro

Eduardo Elechiguerra
Top 10
1. Call Me By Your Name de Luca Guadagnino
2. Visages, Villages de Agnés Varda y JR
3. Pororoca de Constantin Popescu
4. La Soledad de Jorge Thielen Armand
5. L'Atelier de Laurent Cantet
6. Virus Tropical de Santiago Caicedo
7. Muchos hijos, un mono y un castillo de Gustavo Salmerón
8. The Florida Project de Sean Baker
9. A Quiet Place de John Krasinski
10.Matar a Jesús de Laura Mora Ortega


Mejor Director - Luca Gudagnino, Call Me By Your Name
Mejor Actriz - Toni Collette, Hereditary
Mejor Actor - [empate] Timothee Chalamet, Call Me By Your Name y Bogdan Dumitrache, Pororoca
Mejor Guión - Gustavo Salmerón, Beatriz Montañez y Raúl de Torres, Muchos hijos, un mono y un castillo
Mejor Uso de Música - Adriana García Galán, entre otros; Virus Tropical

miércoles, 20 de junio de 2018

La mirada del crítico (1): "La experiencia de cine es la sala". Entrevista a Pablo Gamba (y III)

¿Cuál escena recuerdas haber visto con más fervor como espectador?

¡¿Fervor?!

O emoción.

Quizás en un momento las películas de los Monthy Python pudieron haber sido objeto de fervor para mí.  O René Clair en Beldades Nocturnas (1952). Es un tipo que va soñando de época en época y en cada una lo persiguen y él huye yendo a otro tiempo. Con una película tan delirante como ésa, ¿qué más se puede esperar? O Me casé con una bruja (1942), que se burla del conservadurismo estadounidense. Es un tipo que salva a una chica de un incendio y resulta que es una bruja. El tipo se lanza a político y ella le lanza un hechizo. Y los votos van cambiando de candidato. Es muy divertido.

Me gusta mucho la comedia que, me parece, es algo muy subvalorado. La gente no se toma en serio la comedia, aunque decirlo parezca un chiste.

De René Clair recuerdo haber visto una, pero no recuerdo cuál. Que por cierto la alquilé en Video Color Yamín.

Exactamente. Ésa era una época dorada. Cuando yo fui Director de la programación de la Cinemateca, aunque parezca mentira, me acuerdo una vez que Farruco Sesto no podía creer que hubiera un videoclub bueno en Caracas. Como Video Color Yamín era capitalista, no podía ser bueno. Sí, era comercial, pero había mucha variedad. Nunca vi un lugar en el mundo donde hubiera tantas películas de diversidad sexual, si bien no era mi orientación ni mi estilo de vida, y en un lugar como Caracas. Era un lugar muy progre.

Yo recuerdo haber visto Chungking Express (1994) en VHS y recuerdo incluso que la tenía. Mucho antes de Fallen Angels, (1995) Happy Together (1997) e In the Mood for Love (2000), que me gusta mucho menos.

Cuando se puso de moda el cine de acción hongkonés y había unos cineastas que eran maravillosos. Yo recuerdo Tsui Hark, uno que es más conocido como productor, pero él es vienamita y tiene una trilogía que se llama La Trilogía del Espadachín. Hay una escena en la que Brigitte Lin tira agujas con hilos. Ella llegó a ser mujer porque se castró después de haber preguntado a su maestro qué debía hacer para ser el mejor espadachín. Al final el maestro se burla de ella por haberse tomado su consejo en serio. Más o menos, ésa es la tónica. Es una cosa delirante.

Hay una película de Ronny Yu, quien después haría La novia de Chucky (1998), que por supuesto todo el mundo detesta pero es una gran película, El Trío Fantástico. Una de ellas, que hace de ejecutiva, tiene que salir a correr. Se saca la falda y queda con una malla. Ella carga con un sombrero y es una bomba. (Risas).

Hay una de John Woo que es Una bala en la cabeza (1990) y es literalmente eso. Son tres chinos que huyen de Hong Kong por una cuestión del crimen. Terminan en Vietnam, en la guerra. Pero hay una cosa absolutamente loca: hay un concurso que es bajarse una botella de Whisky Etiqueta Negra de un solo trago. Resulta que en la huida naufragan, son unos pistoleros hongkoneses. Están caminando en medio de la guerra de Vietnam, por supuesto embarrándose. Y a un tipo lo matan con un disparo en la cabeza. Resulta que el tipo estaba vinculado a una mafia y uno de sus amigos rescata la calavera. Y para vengarse, abre la puerta en esas típicas reuniones de ejecutivos mafiosos, coloca la calavera en la mesa y les muestra el hueco de la bala (Risas). ¡Por favor! Por supuesto que es con unos carros, motos y fuego. ¡Ése es John Woo!

The Killer (1989)
Hay una secuencia en The Killer (1989) de John Woo en la que el tipo tiene que ir a matar a alguien porque es un asesino a sueldo. Lo tiene que matar en un salón de té. El tipo va caminando y lleva varias pistolas. Va avanzando, por supuesto en esa cámara lenta que sólo Chow Yun Fa da. Primo el tipo se saca dos pistolas y las mete en dos macetas. Camina un poco más, saca dos pistolas y las mete en otras macetas. Y así sucesivamente. O creo que son sólo dos y las estoy multiplicando por la emoción que me generó. La cosa es que después Chow Yun Fa con sus dos automáticas en súper cámara lenta. En una parte, él agarra a una tipa para cubrirse y dispara y, sin querer, la deja ciega. Eso se sabe después. A él lo hieren en la pierna caminando por el pasillo. Y ya sabes cuál es el resto de la película: el pistolero se consigue a la cieguita para rescatarlo. Por supuesto, le paga la operación para devolverle la vista. ¡Qué melodrama!

Me gusta mucho el cine de acción hongkonés. Tuvo su época. La película en la que se inspira Reservoir Dogs (1992), que se llama City on Fire (1987), tiene un ritmo muy acelerado. Nunca para.

También me gusta Tarkovsky (Risas). El Espejo (1974) es otra película esencial para mí.

¡Uh! A mí no me gusta tanto.

Bueno, apaga eso y vámonos (Risas).

Para que no quede en una cuestión de gustos nada más. Es demasiado poética para el lenguaje cinematográfico. Me parece muy críptica en su metáfora.

¿Te parece que podemos hablar de metáfora en una película donde los simbolismos no están nada claros?

Precisamente. No tienen un significado claro y se diluye la fuerza de la película.

Quizás la combinación de Tarkovski con cine de género es buena porque le da un cierto equilibrio. Es una película muy volada.

Por otro lado, cuando yo iba mucho a la Cinemateca, era la época dorada del cine polaco. Hay un cineasta polaco que ha caído mucho en descrédito. Y él ha hecho mucho para caer. Pero hay otros cineastas polacos, no tan conocidos pero que fueron muy importantes para mí. Uno de ellos es Krzysztof Zanussi. Es uno de los del cine de la inquietud moral. Él tiene películas justamente de problemas entre lo existencial y lo moral. Tiene una que se llama Espiral (1978) sobre un tipo que se quiere quitar la vida. Tiene otra que se llama Balance Trimestral en la que todo transcurre en medio de un retiro que hacen por una defensa de tesis en una universidad. Y es sobre la corrupción en las universidades: cómo las tesis son compradas.

Me parece que era un cine muy necesario en su momento. Un cineasta que me gusta mucho es Kieslowski. No habría González Iñárritu sin Kieslowski, pero hay dos episodios del Decálogo (1989) que son esenciales para mí: Decálogo I, donde un hombre se confía de la capacidad de predicción de una computadora y muere su hijo por eso, y el Decálogo VII o V que es la del asesinato y la pena de muerte. Además es alguien que mata a alguien por hastío. Y matar a alguien no es fácil, por más que Hollywood nos quiere hacer creer lo contrario. Matar a alguien es una tarea bastante complicada porque se requiere mucha fuerza. Es una película horrible, pero extraordinariamente buena.

La doble vida de Verónica (1991) es un filme que te hacer verla muchas veces porque es con Irene Jacob. Cualquier película con Irene Jacob es una película que uno no puede dejar de ver cuatro, cinco, seis veces. Es una de las mujeres más hermosas que yo he visto en la pantalla. Es una película sobre el destino. Son dos vidas de una misma mujer que, además, es una de las cosas que plantea Kieslowski con su cine de inquietud moral. Él empezó a hacer un cine sobre problemas morales porque es una manera de tratar los problemas de la sociedad sin caer en el panfleto político. Sobre todo la parte dura de la Ley marcial que le tocó vivir a él durante el ocaso del comunismo en Polonia.

De hecho, en el Decálogo tú ves las colas, pero las ves siempre de fondo. La gente haciendo cola para cualquier cosa. Y las protestas son un montón de gente en la calle con una vela.

En La doble vida de Verónica, él trató de hacer un cine más imaginativo. Y es la posibilidad de mostrar en una misma película: ¿Qué pasaría si alguien hace esto y esta otra cosa también? Las dos alternativas de la vida vistas en una misma película. Por una parte, es una chica que tiene un problema cardíaco y le gusta mucho la música. En Polonia decide seguir su vocación musical y muere cantando. Y en Francia, no sabe por qué, pero tiene un pálpito de que ella debe dedicarse a la docencia.

La Double Vie de Veronique (1991)
Hay otra película que se llama Ciego Azar (1987) que no es una gran película, pero es interesante.  Es en el contexto del surgimiento del partido político Solidaridad, aunque las elecciones estaban hechas para que no pudiera ganar las elecciones. Cosa que más o menos sabemos cómo es. Pero es un tipo que tiene que tomar un tren y ocurren varias alternativas. La primera es que consigue subirse al tren y se convierte en miembro del Partido Comunista. La segunda alternativa es que el tipo no llega al tren y termina vinculado a Solidaridad. Y la tercera es más o menos indiferente.

Tiene otra película, no me acuerdo del título exacto en este momento. Es de un tipo que lo mandan a manejar una fábrica donde hay una serie de conflictos con todo el entorno por contaminación y maltrato de los obreros. La fábrica está destruyendo el ambiente. Estamos hablando de un filme ambientalista de los ochenta. Hay un enfrentamiento muy rudo con el sistema.

Me gusta mucho ese cine: el iraní, sobre todo, el polaco. A poco tiempo de llegar acá, descubrí a uno yugoslavo en la Lugones que se llama Zelimir Zilnik. Hicieron un ciclo en la sala Lugones. Es un tipo que retrata la caída del más democrático de los sistemas socialistas que era el de Yugoslavia. Ahí las fábricas eran autónomas y una de las sociedades más prósperas. Si bien no era un país socialista. Yugoslavia era no alineado.

El tipo te muestra un país donde no tiene que decirte más nada. El país está destruido. Las fábricas están destruidas, las calles también. Todo está en ruinas. No hay manera de producir. Todo está destrozado porque no hay inversión. Pero Zilnik capta una cierta energía de la gente que me llamó mucho la atención. Creo que está rebatiendo eso de que “el sistema es perfecto y es la gente no sirve”. Le está dando la vuelta a este lema. El sistema es el que hace que la gente se marchite.

El cine cubano es otro muy esencial para mí, entre ellas Memorias del subdesarrollo (1968). Es otra película esencial para mí. Hay otra que se llama Alicia en el Pueblo de las Maravillas (1991) que llegó lejos en la crítica. Es un pueblo fronterizo entre dos provincias y ahí mandan a toda la gente que no cuadra en el sistema. El pueblo tiene un restaurante y ahí sirven todos los días arroz con huevo.. Y la gente va a comer eso con una camisa que tiene un huevo y los cubiertos están agarrados con unas cadenas. Al final, lo que produce el pueblo es agua con gas bastante sucia y procuran venderla diciendo “tú la bates, tú la bates, y no se nota”.

¿Cuál es tu postura frente a ver películas en la casa o verlo en la sala de cine?

Es una buena pregunta. Mira, cada cosa tiene su momento y su necesidad. La casa tiene la ventaja del acceso. Y un tipo de visión que para efectos del trabajo es mucho más práctica, para analizar, por ejemplo. Hay una visión mucho más íntima y cercana con la película. Hay comodidad de parar la película, volver a ciertas escenas. Se empieza a parecer a la lectura en cierto modo. Se parece incluso con los subrayados. Eso me gusta.

Yo no me imagino cómo daban clases antes con rollos de 16 mm. Eso debió haber sido imposible. Cuando yo he dado clases, me llevo como cincuenta clips de películas. Eso es muy fácil y cómo ayuda. Presentas un fragmento y lo discutes. La clase se vuelve más dinámica.

Pero el cine sigue siendo la experiencia sobre todo en la actualidad donde está muy reivindicado con el cine sensorial. Sí es notable que no puedes compararlo. Hay películas que es inimaginable verlas en la casa. Los espectáculos de Hollywood, de hecho, son inimaginables fuera de una sala de cine. La experiencia del cine es la sala. Sí he notado que la capacidad de concentración en una sala es increíblemente mayor. La capacidad de sumergirte en la película sólo se consigue en la sala. Yo no aguanto cuatro películas en la computadora y en el cine aguanto hasta cinco.

Lo malo del cine es que no te puedes poner de pie. Con la edad, van saliendo las molestias del cuerpo.

The Iron Ministry (2014)

Yo recuerdo un documental del Laboratorio Etnográfico Sensorial que sólo tiene sentido verlo en un cine. Es una experiencia sonora también, como en el caso de El Ministerio de Hierro (2014). Eso es la sala de cine. Incluso el cine de terror barato se alienta con el sonido de la sala.


Pocas cosas como la sala de cine. 
Bueno, agradezco el tiempo dedicado.

martes, 19 de junio de 2018

La mirada del crítico (1): "A mí me parece muy problemático que ignoremos el sistema que produjo a Eisenstein o a Vertov". Entrevista a Pablo Gamba (II)

¿Cuáles han sido los directores que más te han marcado y cuáles de sus películas?

Ésa es una pregunta que presupone la cuestión autoral. Yo diría películas. Como hay varias, tendría que concentrarme. De las que uno se sonrojaría, Blade Runner (1982). Es una película que me gusta sobremanera. Hay películas venezolanas que son muy importantes para mí. Macu, la mujer del policía (1987), por ejemplo.  Es un filme muy importante porque todo el cine venezolano está resumido ahí. Lo bueno y lo malo de nuestro cine. Lo malo transfigurado.

Tengo una identificación muy cercana con Mariana Rondón. A la medianoche y media (1999), más que Postales de Leningrado (2007) y que Pelo Malo (2013), es otra película importante del cine venezolano. Oriana (1985) de Fina Torres.


Latinoamericanas: Límite (2005). La descubrí muy tarde, pero se ha convertido en algo muy importante para mí.  Ganga Bruta (1933), de Humberto Mauro. Me gusta muchísimo Lucrecia Martel. He visto muchas veces La ciénaga (2001).

Como uno está tan embuchado, a veces se hace difícil la labor de decantación.

Me gusta mucho el cine de esas vanguardias de los años veinte. Del expresionismo, evidentemente El gabinete del doctor Caligari (1920) es una película esencial para mí.

Hay películas de las cuales me he ido alejando por razones de maduración como El hombre de la cámara (1929) y de Dziga Vertov en general. De todas maneras, me gusta mucho ese período anterior a los años cuarenta.

Para mí un cineasta fundamental es Jafar Panahi. Es un cineasta con quien me siento increíblemente cercano. No es el mejor, a diferencia de Kiarostami. Close-Up (1990) es una de esas películas que está en el grupo de mis favoritas. Pero una película como Offside (2006) de Panahi es una que me encanta. El Círculo (2000) me gusta mucho porque, como venezolano me gusta mucho porque lo que nosotros no hemos logrado decir de nuestra sociedad, está ahí expresado por Panahi. E incluso en Taxi.

Yo tengo una experiencia con una película de Panahi en un BAFICI. Estaba saliendo de una función junto con una crítico de cine peruana, Gisela Barrios. Y ella me decía que no había entendido nada. Y yo había entendido casi todo. Ella, con todo y Fujimori, tenía tiempo viviendo en una sociedad democrática. Por ejemplo, al final de El Círculo (2000), están en la calle los círculos cazando inmorales. No hay ningún letrero que te lo diga, pero hay unos militares vestidos de civiles, con unos fusiles y con conos parando automóviles. No son militares, ni policías. Son de uno de los partidos radicales

Me acuerdo en Taxi (2015) de la paranoia del tipo de haber escuchado a quien lo interrogó con los ojos vendados. Y de la paranoia del tipo que no quiere denunciar “porque él sabe lo que le espera”, pero uno nota que hay algo más raro ahí de no querer meterse con la policía porque vas a terminar siendo investigado tú. Ese tipo de cosas que uno ha vivido, pero no lo hemos sabido expresar.

Offside es una película filmada durante un partido de fútbol de la selección iraní. Es sobre las mujeres que se cuelan en los partidos porque no las dejan entrar en el estadio. Es una cosa muy interesante: una chica le pregunta al policía que la detiene ¿por qué las qataríes sí pueden entrar al estadio? “¿Por qué yo no puedo ir al juego: porque soy iraní?, le pregunta ella al policía.

Al final gana la selección de Irán y clasifica. Y la película está filmada en las calles mientras ocurre la celebración. Es una manera de hacer una película absolutamente patriótica, en el buen sentido de la palabra. Es uno de los finales más bellos que he visto en el cine.


También me gusta mucho el documentalismo. Me gusta mucho la escuela británica. Entre ellas, Un diario para Timothy (1945) de Humphrey Jennings, financiada por el gobierno como propaganda para él mismo. Los de este movimiento eran tipos simpatizantes del partido laborista y hacían películas en un gobierno de los conservadores. Ellos se reunían en un bar cerca de donde estaba la oficina del Correo, donde ellos trabajaban. Echaban broma diciendo que habían hecho las mejores películas socialistas financiadas por los antagonistas.

Diario para Timothy es una película hecha en 1944, cuando ya se sabe que los aliados van a ganar la guerra. El país estaba destruido y consiste en un diálogo imaginario entre el director y su sobrino, quien acaba de nacer. Y le cuenta  sobre el mundo que va a recibir. Realmente, una gran gran película. Me dan ganas de llorar cuando la recuerdo. Me dan ganas de llorar cuando la recuerdo. Le habla a toda la sociedad de cómo mantener la esperanza en medio de la destrucción que además no es en un sentido metafórico, sino a fuerza de bombas para desmoralizar.

Esas películas del documentalismo británico me gusta mucho porque es uno de los pocos momentos donde el cine le hablaba a la sociedad desde el punto de la democracia. A mí me parece muy problemático que ignoremos, cuando hablamos de Eisenstein o de Vertov, el sistema que los produjo a ellos. Estamos hablando de una tiranía. Quizás no tanto en la época de Lenin. Y quizás Eisenstein de alguna manera lo afrontó en la segunda parte de Iván el Terrible (1958). Pero Octubre (1927) y Acorazado Potemkin (1925) son propagandas políticas.


En cambio, estas películas buscan mantener la moral alta de la democracia, para defender los valores de esa democracia. A mí me gusta mucho el cine político. Ellos tienen películas, como Listen to Britain (1942), que es un corto para mostrar la identidad británica, que es lo que los diferencia de los nazis. Uno nota que está edulcorado, pero me gusta mucho eso de hacer una vacuna de la cotidianidad, la sensatez y la vida diaria. Y que el cine haya podido hacer eso con una sociedad destruida, es un tremendo logro. Con esta última película sobre Churchill, Las horas más oscuras (2017), pareciera que fue sólo él. Pero no. Fue muchas gente que hizo eso. Cosas como tomarse una cerveza, organizar un concierto comunitario entre un bombardeo y otro, sin unas estatuas de unas águilas como símbolo de grandilocuencia; tenían una resonancia tremenda.

lunes, 18 de junio de 2018

La mirada del crítico (1): "Yo soy un hijo clarísimo de la Cinemateca Nacional". Entrevista a Pablo Gamba (I)

Iniciamos una sección de entrevistas a críticos de cine para indagar en su experiencia con el medio y sus películas formativas. Aunque a veces pareciera que la crítica de cine puede desaparecer frente a los youtubers o los blogueros, no son miradas que se oponen. Muchas se formaron con la crítica o, por lo menos, las leen.

Empezamos esta vez con Pablo Gamba, crítico y periodista venezolano. Dio clases en la Escuela Nacional de Cine, y en la Escuela de Cine y Televisión de Caracas. Colabora en Desistfilm, Ideas de Babel y en El Espectador Imaginario.

¿Cómo llegaste al oficio de la escritura para cine?

(Risas) No es una pregunta tan trivial, sobre todo porque no llegué de primero. Yo llegué antes haciendo notas sobre libros y luego sobre música. Hice crítica por una razón muy insólita: me ofrecieron un trabajo para hacerlo, pagado. Estamos hablando de 1990. Estaba estudiando. No había trabajado nunca. Era en un suplemento que iba a circular en el Diario de Caracas. Y yo me dije “¡Qué bueno!”. Y ése fue mi primer trabajo remunerado.

Después me llamaron para hacer unas colaboraciones en el Papel Literario de El Nacional. Y yo cometí uno de los peores errores de mi vida que fue, como no pagaban o pagaban muy mal, sólo hice un par y las dejé. Eso no debí haberlo hecho. Muchos años después, retomé haciendo notas sobre música primero en una revista que publicaba el CONAC, llamada La Brújula. Y después incorporé notas sobre cine en la época donde empezaron los primeros videoclubes importantes en Caracas. Y había realmente una apertura a lo que estaba pasando en el mundo. Ocurrían cosas divertidas como que tú podías sacar cosas antes de que salieran en el cine. Circulaba mucho la situación con el video. Eso me permitía mantener el vicio. Suena como si te pagaras la heroína (Risas).

A mí me gusta mucho escribir, obviamente, pero no tengo mucho talento para escribir otra cosa que no sea esto. Creo eso es algo que puede definir a un crítico. Es un escritor que encontró su tema en el cine. Lo de “frustrado” es un chiste repetido. Eso puede definir a un crítico pero hay que tomárselo un poco en serio. O un periodista que encontró su voz en el cine. Ésa podría ser la otra posibilidad.


Foto de César Malesani.
Cortesía de la Escuela Nacional de Cine.
¿Y qué películas te marcaron como espectador?

Yo soy un hijo clarísimo de la Cinemateca venezolana. Absolutamente claro. Yo iba a la Cinemateca todos los días. A veces dos veces por día. Era una época muy mala para el país, pero muy buena para el cine. Estamos hablando de finales de los ochenta y en la década de los noventa. De hecho, yo bromeaba y decía “Mi oficina estaba en la Cinemateca”. Si me querían encontrar, me podían buscar ahí. A las 6:30 pm o a las 8:30 pm. Estaba en ambas funciones. Y ése fue mi encuentro con esta “cosa”. Muy espontáneo.

Hay varias películas que me han marcado. Una de ellas bastante insólita: Aleluya las colinas (1963) de Adolfas Mekas. No me preguntes por qué es una de mis películas favoritas. Supongo que es por la espontaneidad. Es un filme que me gusta muchísimo. Es muy rara. No es lo más conocido de alguien que es más conocido como defensor del cine y no tanto como cineasta. Tanto es una de mis películas favoritas que, la primera vez que conseguí trabajo en la Cinemateca, me hice amigo de la programadora, quien por cierto es argentina y está de vuelta en su país. Y me acuerdo que, en el primer mes, le dije “Liliana, pon Aleluya las colinas” y ella la puso.

La otra película que me gusta muchísimo es Entreacto (1924) de René Clair. No sé por qué un filme que dura alrededor de veinte minutos es uno de mis favoritos. Y su música la repito con frecuencia en mi mente. Nunca he tratado eso con un psicólogo (Risas).

Me gusta mucho Stan Brakhage. Entre sus películas: Dog Star Man (1964). Muy curioso porque no tiene nada de sonido y a mí me gusta mucho la música. René Clair, más allá de Entreacto, es un cineasta que me gusta. Beldades Nocturnas (1952), Me casé con una bruja (1942). Películas de ese tipo de René Clair me gustan mucho. El cine anterior a la Nueva Ola es un cine que tiene sus buenas películas. Jean Renoir, por ejemplo.

¿Fue el cine, la literatura o ambos los que te incentivaron a escribir sobre cine?

De incentivarme, fue la plata (Risas). No lo digo bromeando. A mí nunca se me hubiera ocurrido escribir para un periódico de no haber sido por la paga. Yo he tratado de escribir y el resultado ha sido tan malo que, definitivamente, prefiero limitarme a la escritura sobre cine. No sabría decirte si la literatura me ha ayudado a escribir. Me gustó mucho en una época, pero ya la he abandonado. Ahora me gusta mucho más el cine. Y es curioso porque la música me gustaba mucho más que ambas cosas. Pero en esto terminé.