Entre las imágenes, los gustos, los comentarios y las discusiones de un grupo de cinéfilos.
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lunes, 31 de mayo de 2010
Sexta reunión de Moviemiento: martirio, náusea y asco
Yo todavía no me convenzo de que Grace busque ser maltratada por los demás, como si fuese una mártir o, peor, una 'mosquita muerta', como dicen por ahí. Me parece más bien que ella quiere deslastrarse del poder y la arrogancia de su papá. Por esto intenta ser útil para el pueblo de Dogville y se deja llevar por los abusos. Para mí, de su parte es más un dejarse llevar que una decisión propia de que abusen de ella.
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jueves, 22 de abril de 2010
martes, 27 de octubre de 2009
Segunda reunión: "Va a pasar algo" y lo efectista de una catarsis: II
Mi mayor problema con Irreversible es que sea provocadora por irreverente y no porque tenga algo que decir sobre la violencia o sobre sus personajes: que provoque a expensas de la violencia (que siempre genera reacciones fuertes) y no desde una mirada particularmente aguda. Ni siquiera la trama se sostiene por su cuenta, sino que tiene que apoyarse en la belleza de Bellucci para hacer que se sienta algo por su personaje.
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martes, 18 de agosto de 2009
Irresistible/Irreversible
Hasta hoy, había decidido escudarme en Blanchot (de los malos libros es mejor no hablar), para no criticar este despliegue inútil de herramientas que van desde un vertiginoso juego de cámara, tendiente a descontrolar al espectador, hasta una dosis de realidad que, parafraseando a Eliot, se me hizo, sencillamente, insoportable.
La locación no podía ser más sórdida, marco propicio para el contraste entre la diosa impoluta que pasea su perturbadora belleza y el lumpen mortal de los suburbios parisinos. El resultado: la humillación, el sometimiento y la brutal violación (momento este en el que los planos temporales parecieran haber reposado su incansable intermitencia para teñir la escena con el horror de la prolongación, injustificada, a mi parecer).
Asimismo, toda la producción pareciera estar anegada o, probablemente, ahogada por el manido recurso de la venganza, quizás como una suerte de estrategia mínimamente balsámica, desplegada por el director, para que el público consiga, hasta cierto punto, lamer sus heridas. Y cuando digo:"hasta cierto punto", lo hago con la conciencia total de que el recurso fue encaminado hacia otros derroteros que, por el contrario, incrementan ese sentimiento, mezcla de incredulidad e indignación, que lo embarga.
Por otra parte, y ya hablando de un tecnicismo en el cual estoy corriendo el riesgo de aventurarme, considero que el contraste de colores (excesivos negros e intensos rojos) no sólo saturó mis pupilas sino que, aunado al juego de cámaras que señalé al principio, parecía querer invitarme a la desorientación o a la pérdida de la perspectiva. Así, también, un diálogo inicial, que me pareció innecesario, y cuya finalidad se confunde entre la acentuación de la sordidez del entorno y la omnipresencia del testigo: oculto y al acecho.
Finalmente, no puedo dejar de referirme a las palabras pronunciadas por el agresor en el momento en que acaba de erguirse ante la diosa "burguesa" indefensa; y que hacen referencia al resentimiento ancestral entre géneros y clases. Los -según ellos mismo- "privilegiados"siempre estarán en peligro de verse sometidos, en esos breves instantes en los que los monstruos, engendrados por la violencia y la exclusión, logran acceder a sus panteones olímpicos para mancillarlos con el odio que los engendró.
Por lo pronto, de acuerdo con Verónica: no la volvería a ver.
La locación no podía ser más sórdida, marco propicio para el contraste entre la diosa impoluta que pasea su perturbadora belleza y el lumpen mortal de los suburbios parisinos. El resultado: la humillación, el sometimiento y la brutal violación (momento este en el que los planos temporales parecieran haber reposado su incansable intermitencia para teñir la escena con el horror de la prolongación, injustificada, a mi parecer).
Asimismo, toda la producción pareciera estar anegada o, probablemente, ahogada por el manido recurso de la venganza, quizás como una suerte de estrategia mínimamente balsámica, desplegada por el director, para que el público consiga, hasta cierto punto, lamer sus heridas. Y cuando digo:"hasta cierto punto", lo hago con la conciencia total de que el recurso fue encaminado hacia otros derroteros que, por el contrario, incrementan ese sentimiento, mezcla de incredulidad e indignación, que lo embarga.
Por otra parte, y ya hablando de un tecnicismo en el cual estoy corriendo el riesgo de aventurarme, considero que el contraste de colores (excesivos negros e intensos rojos) no sólo saturó mis pupilas sino que, aunado al juego de cámaras que señalé al principio, parecía querer invitarme a la desorientación o a la pérdida de la perspectiva. Así, también, un diálogo inicial, que me pareció innecesario, y cuya finalidad se confunde entre la acentuación de la sordidez del entorno y la omnipresencia del testigo: oculto y al acecho.
Finalmente, no puedo dejar de referirme a las palabras pronunciadas por el agresor en el momento en que acaba de erguirse ante la diosa "burguesa" indefensa; y que hacen referencia al resentimiento ancestral entre géneros y clases. Los -según ellos mismo- "privilegiados"siempre estarán en peligro de verse sometidos, en esos breves instantes en los que los monstruos, engendrados por la violencia y la exclusión, logran acceder a sus panteones olímpicos para mancillarlos con el odio que los engendró.
Por lo pronto, de acuerdo con Verónica: no la volvería a ver.
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miércoles, 5 de agosto de 2009
La propuesta de "Irreversible"
Este es el tipo de películas que no volvería a ver nunca más en mi vida. El director tal vez haya logrado conmigo lo que para mí es su intención primordial en este film: marcar al espectador con imágenes muy crudas. A pesar de que “Irreversible” se caracterice por proponer una nueva experiencia de ver cine, creo que no es el tipo de película donde el espectador sienta deseos de volver a repetir tal experiencia.
Pienso en dos escenas en particular en toda la película: la última (que es en realidad la primera escena que es donde parte todo) y es donde aparece Alex (Mónica Belluci) en un jardín, feliz. La otra escena es la más cruda y es la violación. Son dos imágenes cruelmente opuestas, sin embargo, la imagen del jardín, que connota esa felicidad que se tuvo y se perdió, creo que duele más al verla. Duele más porque hubo un tiempo que fue hermoso, mientras que el tiempo actual, el que sucede en este instante, ya no lo es. Duele porque “el tiempo lo destruye todo”, y uno no puede evitar las fuerzas del destino.
Y la intención adrede de mostrar la historia de atrás para adelante logra en mi opinión un efecto extraño en el espectador. Estoy pensando en las personas que me han comentado anteriormente esta película, y todas, o prácticamente todas, mencionaron dos escenas: la de la violación y la escena del extintor. Sin embargo, para mí, las escenas más fuertes son aquellas ya mencionadas anteriormente, ya que me enfrentan con dos realidades totalmente opuestas. A veces no hace falta mostrar un rostro destrozado para lograr que un público se horrorice. Gaspar Noé buscaba provocar al espectador de la manera más clara posible: mostrándole escenas muy fuertes, llenas de violencia, con diálogos que no son sencillos de olvidar. Y la última escena, la del jardín, se contrapone a todo aquel horror que se ve en casi todo el film. Casi podría decirse que Noé logra su propósito: marcar al espectador con escenas y con diálogos que le produzcan horror. Y la única imagen que no produce horror es aquella ya que no existe, la imagen atemporal de lo que fue pero ya no es.
Pienso en dos escenas en particular en toda la película: la última (que es en realidad la primera escena que es donde parte todo) y es donde aparece Alex (Mónica Belluci) en un jardín, feliz. La otra escena es la más cruda y es la violación. Son dos imágenes cruelmente opuestas, sin embargo, la imagen del jardín, que connota esa felicidad que se tuvo y se perdió, creo que duele más al verla. Duele más porque hubo un tiempo que fue hermoso, mientras que el tiempo actual, el que sucede en este instante, ya no lo es. Duele porque “el tiempo lo destruye todo”, y uno no puede evitar las fuerzas del destino.
Y la intención adrede de mostrar la historia de atrás para adelante logra en mi opinión un efecto extraño en el espectador. Estoy pensando en las personas que me han comentado anteriormente esta película, y todas, o prácticamente todas, mencionaron dos escenas: la de la violación y la escena del extintor. Sin embargo, para mí, las escenas más fuertes son aquellas ya mencionadas anteriormente, ya que me enfrentan con dos realidades totalmente opuestas. A veces no hace falta mostrar un rostro destrozado para lograr que un público se horrorice. Gaspar Noé buscaba provocar al espectador de la manera más clara posible: mostrándole escenas muy fuertes, llenas de violencia, con diálogos que no son sencillos de olvidar. Y la última escena, la del jardín, se contrapone a todo aquel horror que se ve en casi todo el film. Casi podría decirse que Noé logra su propósito: marcar al espectador con escenas y con diálogos que le produzcan horror. Y la única imagen que no produce horror es aquella ya que no existe, la imagen atemporal de lo que fue pero ya no es.
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miércoles, 22 de julio de 2009
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