Este escrito empieza desde la inquietud. Surge la pregunta de si es fútil y superficial preocuparse por la calidad tan pobre de la cartelera cinematográfica venezolana, frente a problemas cotidianos mucho más inmediatos (la tan mencionada inseguridad, la escasez de alimentos, la nueva propuesta de Ley del Trabajo, las elecciones presidenciales). Pero también es cierto que vivimos a través de nuestros gustos y pasiones, que la ciudad se hace de todo lo que el ciudadano puede hacer con ella y que aquí el arte tiene opciones contadas en la cartelera cultural.
Se acerca una de las noches más importantes para el cine hollywoodense, el Óscar, una celebración al cine, la más popular en vista de que las películas de festivales como Venecia, Berlín, Cannes, o siquiera alguno de este lado del continente nos llegan muy irregularmente o no nos llegan.
La Academia es un viejo cascarrabias, ese que ha vivido más tiempo que sus compañeros de celebración, este que uno escucha con cierta atención porque sabe que ha vivido sus buenos momentos (y, por esto, uno se molesta tanto en sus malos momentos).
Entre los ganadores, se habla de El Artista, de que pocos la han visto y a pocos les agrada el arrase que ha tenido; se habla de Hugo siendo el mejor homenaje al cine, se habla de la nostalgia por el cine clásico; se habla de la batalla entre Meryl Streep y Viola Davis (que si La Dama de Hierro es mala, que si sólo una negra ha ganado en Mejor Actriz y Davis es sólo la segunda actriz negra que ha sido nominada más de una vez); se habla de Christopher Plummer ganando por Beginners; se habla de The Descendants ganando Mejor Guión Adaptado; se habla de Medianoche en París ganando Mejor Guión Original y Woody ausentándose, como siempre, en la ceremonia; se habla de Pina ganando Mejor Documental y de Una Separación ganando Mejor Película Extranjera (ojalá Mejor Guión Original también). Se habla más de lo que queremos: ojalá una temporada más corta permitiera más sorpresas.
Pero sólo tres de las nominadas principales ha llegado aquí: The Help, Moneyball (reestrenada este fin de semana) y Medianoche en París. En general, entre todas las demás nominadas, han sido estrenadas La Chica del Dragón Tatuado, Damas en Guerra, Las Aventuras de Tin Tin, Los Muppets, Gato con Botas, Kung Fu Panda 2, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte 2 y Transformers 3. Cómo se mantiene una pasión por el cine, por el cine en esta sala oscura de complicidad tácita entre espectadores, expectantes. Qué pasión se alimenta tan irregularmente como nos tratan aquí a los amantes de este o, en realidad, de cualquier arte. ¿La celebración está en ver una ceremonia de decisiones sometidas a distintas condiciones o en ver y compartir el cine del año y de años anteriores?
Entre las imágenes, los gustos, los comentarios y las discusiones de un grupo de cinéfilos.
domingo, 26 de febrero de 2012
sábado, 25 de febrero de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
El viaje del arte (Midnight In Paris, Allen, 2011)

Cuando empecé el camino para sentarme a ver Midnight In Paris solo pensaba en "otra película de Woody Allen,no puede ser", pero para mi sorpresa fue un viaje hacia los confines del arte, literatura y el sueño de cualquier artista conocer a sus influencias.
Owen Wilson quien poco a poco se ha sacado el estigma del actor cómico, nos muestra a Gil Pender un prospecto de escritor que se encuentra en París con su novia comprando cosas para su vida de casado, todo esto mientras escribe una novela, pero París le trae recuerdos, muchísimos tanto así que su sueño era vivir en el París de los años veinte, en una noche de copas su sueño se cumple después de las 12 campanadas, un viejo automóvil lo lleva a conocer a grandes artistas como Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Stein, Picasso, Dalí y buñuel entre otros grandes, pero en ese viaje conoce a Adriana intrepretada por Marion Cotillard que lo enamora y lo hace pensar en si quedarse con ella o con su novia Inez quien es personificada por Rachel McAdams.
Allen te lleva a un viaje mágico, un viaje en el que observas como el amor de una persona a una ciudad y sus como afloran sus cualidades artisticas, cuando se ve en su "ambiente", además te deja imagenes muy jocosas dignas de Woody Allen, como en la que Paul un pedante "sabelotodo" llevado a pantalla por Michael Sheen, comienza a hablar sobre un cuadro de Picasso y Gil quien el día anterior había hablado con el Malagueño le hace ver lo equivocado que esta aunque su novia prefiere escuchar a Paul que a Gil.
París que bello París, que hermosas sus luces, pero sobretodo que llena de cultura, arte y de literatura esta. En algún momento París era el sitio predilecto de los Artistas, ahora se han disipado en otras capitales, pero Woody Allen no olvida el lugar que para muchos sirvió de inspiración, y todos algún día esperamos que nuestra inspiración se haga presente pasada la medianoche donde sea.
martes, 21 de febrero de 2012
Una lucha hasta nuestros días (The Help, Taylor 2011)
¿Cómo no hablar de este filme sin ser subjetivo, cómo? The Help es uno de esos filmes que te llegan al corazón, que te hacen ver la falta de tolerancia que existió y, aunque suene increíble, todavía existe. El racismo, esa burda realidad del "blanco sobre el negro", difícil de explicar fuera de sus prejuicios, y aunque personas como Martin Luther King, Malcolm X y John F. Kennedy, entre otros, trataron de encontrar un camino hacia el entendimiento y la igualdad, no los dejaron terminar ese camino. Pero vamos al tema que nos concierne, el cine.
The Help está basado en el libro de Kathryn Stockett y cuenta las historias de un grupo de mujeres negras de servicio en los años cincuenta en Jackson, Mississippi. Emma Stone interpreta a Eugenia Phelan, una chica de 23 años con el sueño de convertirse en escritora. Del otro lado del Mississippi están Aibeleen Clark y Minnie Jackson, interpretadas por Viola Davis y Octavia Spencer respectivamente; dos mujeres que han hecho serivicio doméstico por más de 20 años y quienes se ven aturdidas por la ex jefa de Minnie, Hilly Hoolbrook quien es interpretada por Bryce Dallas Howard, haciendo tan buen papel que uno la termina odiando al final de la película. Esta mujer plantea que la servidumbre está obligada a tener un baño aparte por cuestiones de salud. De esta decisión, se desencadena una serie de eventos que llevan a Eugenia a reunirse con las mujeres de servicio para recrear sus historias en un libro.
Sin duda, The Help te lleva a un recorrido agridulce por los años cincuenta, con actuaciones tan buenas que te mantienen en el filme, que te dan ganas de leer el libro para saber las verdaderas historias de estas mujeres que demostraron temple y, aunque fueron explotadas y abusadas por sus "jefas", nunca dejaron de ser fuertes y al final colocaron su granito de arena en la búsqueda de una igualdad que algún día llegara.
Rowerth Goncalves. (@Rowerth_Unico)
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Escena de The Help (Tate Taylor, 2011)
Que una escena, sencilla y directa como ésta - y una de varias con una tremenda fuerza y sutilezas -, valga para incentivar a ver una actuación como la de Viola Davis haciendo de Aibileen.
La película puede que sea condescendiente y un tanto irreal, pero el elencazo que tiene, empezando por Davis y Jessica Chastain, brindándole una hermosa dignidad, conteniendo la tristeza, nunca victimizándose de sus heridas, a veces hasta riéndose de ellas. Cómo las sostienen la sabrosura asomando dignidad de Octavia Spencer, la locura de Sissy Spacek, la agilidad de Emma Stone dándole espacio y voz a quienes verdaderamente lideran la historia, y la flexibilidad de Allison Janney para que la testarudez de su personaje también sea el reconocimiento del valor de su hija.
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lunes, 20 de febrero de 2012
La particular cara de la política (The Ides Of March, Clooney 2011)
George Clooney no sólo sigue demostrando ser uno de los mas grandes actores de la década, sino también comienza a abrirse paso entre los directores. En The Ides Of March se observa el rudo mundo de la política en la que los engaños y las extorsiones están a la orden del día.
Ryan Gosling (el mismo de Blue Valentine, Crazy, Stupid, Love. y la amada Drive) interpreta a Stephen Meyers, un joven jefe de prensa que está participando en su primera campaña política, esta vez a favor de Mike Morris, interpretado por Clooney. La actuación de Gosling no deja dudas de que es uno de los mejores actores del siglo XXI. The Ides Of March muestra cómo puedes estar arriba o abajo dependiendo de lo que hables, lo que hagas y a quién trates. Phillip Seymour Hoffman personifica a Paul Zara un hombre que ha estado en más de 6 campañas políticas, en las que ha salido victorioso y es mentor de Meyers, pero Meyers, un novato en estas lides, es tentado por Tom Duffy (Paul Giamatti), que es el jefe de campaña rival en la carrera por la opción Demócrata.
Las actuaciones de Evan Rachel Wood y Marisa Tomei forman momentos claves de la historia que llevan al personaje de Gosling del éxito al fracaso y viceversa. Esta es una película llena de frialdad en la que se representan varios hechos en la política estadounidense que a muchos le llegarán al fondo de sus mentes, pero estéticamente Clooney consigue un buen filme para todos aquellos amantes del thriller político, la frialdad de los colores juega muy bien con la continuidad de la película. Aunque algunos hechos son demasiado distantes, es un filme que no se puede dejar de ver.
Rowerth Goncalves. (@Rowerth_Unico).
miércoles, 8 de febrero de 2012
¡Sin Palabras! (L'Artist, Hazanavicius 2011)
Cuando me hablaron sobre L'Artist, pensé que sería un filme de esos que te hacen evocar el cine antiguo, pero poco a poco me di cuenta de que Michel Hazanavicius tenía una visión más allá de lo convencional, personajes que se asemejan a la realidad de actores como Rodolfo Valentino quienes después del sonido no tuvieron auge en Hollywoodland. L'Artist es un filme lleno de emociones en el que se observa muy claramente lo abstracto del mundo del celuloide. Pero regresando a lo que nos concierne, la película te lleva a un mundo mágico en el cual la simpleza de la historia hace que sea una obra maestra.
Jean Dujardin se encarna en la piel de George Valentine, un actor de cine mudo que goza de la vida de estrella que se merece hasta que comienza la era del cine sonoro con el que Valentine no está muy de acuerdo y su carrera comienza a decaer, mientras que, con una historia invertida, Peppy Miller, representada por Berenice Bejo, es una chica que poco a poco se gana el cariño de todos y al final llega para convertirse en la estrella máxima del cine. Entre estos dos personajes se crea una historia de amor bastante extraña que va desde lo simple y convencional hasta situaciones emocionalmente complejas. Un personaje que le da vida al filme es Uggie, un perrito que acompaña a Valentine en sus actuaciones y que termina siendo otro protagonista de la historia.
L'Artist es, sin duda, una historia fresca que no necesita de grandes parlamentos para mantenerte enfocado en lo que ves en pantalla, con actuaciones esplendidas, situaciones que van desde lo simple a lo complejo y una visión que rememora una época de innovación dentro del séptimo arte. Es la película que te hace pensar que no todo es tecnología, es el filme que te lleva a un nivel que ninguno de los que vivimos hoy en día ha podido ver.
Rowerth Goncalves. (@Rowerth_Unico).
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Cine chileno en los festivales
El 28 de Enero fueron presentados los premios del Festival de Sundance. Joven & Alocada (2012) de Magaly Rivas fue premiada como Mejor Guión, escrito por la directora junto con Camila Gutiérrez y Pedro Peirano.
El Premio Internacional del Jurado, donde también competía Joven & Alocada fue para Violeta se fue a los cielos (Andrés Wood, 2011), película biográfica sobre la cantante Violeta Parra que fue seleccionada por Chile el año pasado para representarlos en la categoría de Mejor Película Extranjera en el Óscar.
Esta película chilena, dirigida por Dominga Sotomayor, ganó el pasado 3 de Febrero uno de los premios Tigre del Festival de Rotterdam
Aquí son citados algunos elogios para la película y más detalles sobre la trama.
El Premio Internacional del Jurado, donde también competía Joven & Alocada fue para Violeta se fue a los cielos (Andrés Wood, 2011), película biográfica sobre la cantante Violeta Parra que fue seleccionada por Chile el año pasado para representarlos en la categoría de Mejor Película Extranjera en el Óscar.
Esta película chilena, dirigida por Dominga Sotomayor, ganó el pasado 3 de Febrero uno de los premios Tigre del Festival de Rotterdam
Aquí son citados algunos elogios para la película y más detalles sobre la trama.
martes, 24 de enero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
lunes, 9 de enero de 2012
Top 10 Razones para Hacer (y Amar) las listas Top 10 (y II)
Por Dan Kois
5. Como con todo lo que vale la pena hacer - pan, dulce amor, grabar recopilaciones de discos - hay un arte para hacer una gran lista top 10. Cada puesto en esa lista es precioso, pero ciertos puestos están destinados para ciertos propósitos. El puesto tope, Número Uno, está por supuesto reservado para el absoluto mejor, más trascendental y revolucionario filme o álbum o novela lanzado el año pasado. Esto es así a menos que tú seas un cobarde sin carácter y uses tu puesto tope para un #1 seguro e incuestionable, como Freedom o La Lista de Schindler o lo que sea. (Aunque esto es pasable cuando haces una suerte de nota explicativa declarando que tus razones para escogerla son totalmente diferentes de y más interesantes que las de todos los demás). Y permítanme añadir que presentar tu lista alfabéticamente, sin un claro #1, es un engaño. Tu trabajo es escuchar canciones o ver películas y hablarle a la gente de ellas. Todo el público demanda de ti premiar a un solo ganador, como un juez en la Feria del Estado. Asúmelo.
El puesto #2 es para la película que amaste tanto a pesar de sus obvias fallas. Puede que no sea arte, pero te tocó de alguna manera. De aquí a veinte años, cuando pienses en el año 2011 y las películas que viste, ésta es la que recordarás. Creo que es probable que en 2007, muchos cinéfilos pusieron Once, cómodamente, en el puesto #2.
Y, claro, está el puesto #9. Ahí es donde lanzas una curva. Tal vez lanzas una película taquillera vapuleada por la crítica o un libro para niños. Tal vez una comedia romántica bien estúpida o una canción de Al Yankovic. Uno de los mejores #9 en la historia apareció en la Revista Time, donde Richard Corliss llamó Speed Racer la novena mejor película del 2008. ¡Speed Racer! Apenas es una película. Yo la describiría, con más precisión, como un ataque de apoplejía de 135 minutos.
6. Las listas, por supuesto, no son dominio exclusivo de los críticos profesionales. Gracias a Amazon y a IMDb y a Goodreads y docenas de otros sitios, tus listas, tu gusto, se vuelven parte esencial de tu identidad virtual: eres tú, empaquetado y presentado para los lectores, compradores y marketing sofisticado, discutan y dense la mano virtualmente con ellos.
Por ejemplo, mi vecino de al lado, Dave, no es un crítico de música. Trabaja para el Servicio Postal. Pero es tan feroz en sus opiniones sobre música y, por lo tanto, ha hecho listas de cada año desde la universidad."Era casi como completar un pequeño diario sobre el año que acababa de pasar", me dijo. "Volver a escuchar álbumes y hacer listas era una buena manera de cerrar con el año". Dave recientemente se embarcó en un proyecto de volver a pisicionar cada álbum suyo de los 90, incitado por la queja de su esposa de que probalbemente no volvería a escuchar la mitad de sus discos en su enorme colección. Su respuesta: "Eso es verdad, pero no sé cuál mitad, así que debo quedármelos todos".
7. Enterrados en las profundidades de mi disco duro hay documentos de Word, con mucho tiempo sin abrir, que revelan, por ejemplo, mi sexo director favorito de 2006 (Richard Linklater, A Scanner Darkly). O mi novena película favorita de 2000 (Bring It - un clásico #9). ¿Cuál es el valor de estas opiniones ahora irrelevantes? ¿Por qué he transferido estos documentos de computadora a computadora a computadora? Claro, para la posteridad, pero ni a mí me estoy engañando de que un día investigadores en la Biblioteca Dan Kois noten escrupulosamente mi ganador a Mejor Elenco en 1999 (Henry Fool). Estas listas sólo serán de interés para mí, pero ellas son de un intenso interés para mí - no sólo instantáneas de mi desarrollo estético y, sí, mi gusto, pero también ventanas claras de los años de mi vida. El año que vivimos en Hawaii y vimos El tigre y el dragón y salimos del teatro para ver las montañas Ko'olau amenazándonos de lejos, tan empinados y neblinoso como los riscos de donde salta Zhang Ziyi. El año después de que nuestra hija nació, cuando mi lista sólo contenía películas vistas entre salidas nocturnas apuradas. (Consejo: si estás dejando a tu infante con una niñera por primera vez, no veas La marcha de los pingüinos, una película donde los bebés descuidados por siquiera un segundo son devorados por morsas). Volver a estas listas es recordar tanto las películas que una vez amaste y las vidas que dejaste.
8. Hacer una lista, claro, es una suerte de actuación, aun para aquellos que no las comparten públicamente. Armando un top 10, también estás creando, en diez incrementos, la persona que quieres ser, el gusto que deseas tener. Eres omnívoro y aventurero, por lo que tu lista contiene rock y country, manga y memorias, películas independientes poco vistas y series que van más allá de los límites del medio. Eres populista y refinado, tanto intelectual como poco culto, por lo que tu lista incluye El Caballero de la Noche y Luz Silenciosa. Eres un cuidadano del siglo XXI culturalmente literato, por lo que tu lista es diversa y no simplemente un montón de viejos hombres americanos blancos.
Tu lista eres tú. Escógela con cuidado. Porque un día tu lista puede que te mortifique.
9. Los diez mejores álbumes de 1991, por Dan Kois, del 7 de febrero, 2991, artículo de La Torre Times (anotaciones parentéticas añadidas en 2011)
10. Paul Simon, Concert in the Park (Un álbum grabado en vivo. Totalmente falaz en una lista top 10.)
9. Original Soundtrack, The Commitments
8. Peter Gabriel, Shaking the Tree (Una colección de grandes éxitos. También falaz. Y sacado en 1990).
7. Robbie Robertson, Storyville
6. Mrs. Fun, They Are Not a Trio (Una banda dirigida por el director del coro de mi iglesia. No se nota el conflicto.)
5. Sting, The Soul Cages (Recordatorio: Para no olvidar)
4. Peter Holsapple and Chris Stamey, Mavericks
3. R.E.M., Out of Time
2. Various Artists, Deadicated: A Tribute to the Grateful Dead (A mi novia le gustaban los Greateful Dead)
1. U2, Achtung Baby
10. Recompilando mi lista 2011, ¿estoy comparando manzanas con naranjas? Por supuesto. Pero yo discutiría que comparar manzanas con naranjas - la habilidad de considerar, y describir, cómo la crujiente, aguda mordida de una manzana se diferencia del jugoso y decadente chorro de una naranja - es el gran placer del trabajo del crítico, y del amor de un fanático.
Por ejemplo: Bridesmaids ("Damas en Guerra") es la manzana, y Melancholia es la naranja. ¿Cuál estará más alto en mi top 10 personal? Se los haré saber cuando termine mi lista.
5. Como con todo lo que vale la pena hacer - pan, dulce amor, grabar recopilaciones de discos - hay un arte para hacer una gran lista top 10. Cada puesto en esa lista es precioso, pero ciertos puestos están destinados para ciertos propósitos. El puesto tope, Número Uno, está por supuesto reservado para el absoluto mejor, más trascendental y revolucionario filme o álbum o novela lanzado el año pasado. Esto es así a menos que tú seas un cobarde sin carácter y uses tu puesto tope para un #1 seguro e incuestionable, como Freedom o La Lista de Schindler o lo que sea. (Aunque esto es pasable cuando haces una suerte de nota explicativa declarando que tus razones para escogerla son totalmente diferentes de y más interesantes que las de todos los demás). Y permítanme añadir que presentar tu lista alfabéticamente, sin un claro #1, es un engaño. Tu trabajo es escuchar canciones o ver películas y hablarle a la gente de ellas. Todo el público demanda de ti premiar a un solo ganador, como un juez en la Feria del Estado. Asúmelo.
El puesto #2 es para la película que amaste tanto a pesar de sus obvias fallas. Puede que no sea arte, pero te tocó de alguna manera. De aquí a veinte años, cuando pienses en el año 2011 y las películas que viste, ésta es la que recordarás. Creo que es probable que en 2007, muchos cinéfilos pusieron Once, cómodamente, en el puesto #2.
Y, claro, está el puesto #9. Ahí es donde lanzas una curva. Tal vez lanzas una película taquillera vapuleada por la crítica o un libro para niños. Tal vez una comedia romántica bien estúpida o una canción de Al Yankovic. Uno de los mejores #9 en la historia apareció en la Revista Time, donde Richard Corliss llamó Speed Racer la novena mejor película del 2008. ¡Speed Racer! Apenas es una película. Yo la describiría, con más precisión, como un ataque de apoplejía de 135 minutos.
6. Las listas, por supuesto, no son dominio exclusivo de los críticos profesionales. Gracias a Amazon y a IMDb y a Goodreads y docenas de otros sitios, tus listas, tu gusto, se vuelven parte esencial de tu identidad virtual: eres tú, empaquetado y presentado para los lectores, compradores y marketing sofisticado, discutan y dense la mano virtualmente con ellos.
Por ejemplo, mi vecino de al lado, Dave, no es un crítico de música. Trabaja para el Servicio Postal. Pero es tan feroz en sus opiniones sobre música y, por lo tanto, ha hecho listas de cada año desde la universidad."Era casi como completar un pequeño diario sobre el año que acababa de pasar", me dijo. "Volver a escuchar álbumes y hacer listas era una buena manera de cerrar con el año". Dave recientemente se embarcó en un proyecto de volver a pisicionar cada álbum suyo de los 90, incitado por la queja de su esposa de que probalbemente no volvería a escuchar la mitad de sus discos en su enorme colección. Su respuesta: "Eso es verdad, pero no sé cuál mitad, así que debo quedármelos todos".
7. Enterrados en las profundidades de mi disco duro hay documentos de Word, con mucho tiempo sin abrir, que revelan, por ejemplo, mi sexo director favorito de 2006 (Richard Linklater, A Scanner Darkly). O mi novena película favorita de 2000 (Bring It - un clásico #9). ¿Cuál es el valor de estas opiniones ahora irrelevantes? ¿Por qué he transferido estos documentos de computadora a computadora a computadora? Claro, para la posteridad, pero ni a mí me estoy engañando de que un día investigadores en la Biblioteca Dan Kois noten escrupulosamente mi ganador a Mejor Elenco en 1999 (Henry Fool). Estas listas sólo serán de interés para mí, pero ellas son de un intenso interés para mí - no sólo instantáneas de mi desarrollo estético y, sí, mi gusto, pero también ventanas claras de los años de mi vida. El año que vivimos en Hawaii y vimos El tigre y el dragón y salimos del teatro para ver las montañas Ko'olau amenazándonos de lejos, tan empinados y neblinoso como los riscos de donde salta Zhang Ziyi. El año después de que nuestra hija nació, cuando mi lista sólo contenía películas vistas entre salidas nocturnas apuradas. (Consejo: si estás dejando a tu infante con una niñera por primera vez, no veas La marcha de los pingüinos, una película donde los bebés descuidados por siquiera un segundo son devorados por morsas). Volver a estas listas es recordar tanto las películas que una vez amaste y las vidas que dejaste.
8. Hacer una lista, claro, es una suerte de actuación, aun para aquellos que no las comparten públicamente. Armando un top 10, también estás creando, en diez incrementos, la persona que quieres ser, el gusto que deseas tener. Eres omnívoro y aventurero, por lo que tu lista contiene rock y country, manga y memorias, películas independientes poco vistas y series que van más allá de los límites del medio. Eres populista y refinado, tanto intelectual como poco culto, por lo que tu lista incluye El Caballero de la Noche y Luz Silenciosa. Eres un cuidadano del siglo XXI culturalmente literato, por lo que tu lista es diversa y no simplemente un montón de viejos hombres americanos blancos.
Tu lista eres tú. Escógela con cuidado. Porque un día tu lista puede que te mortifique.
9. Los diez mejores álbumes de 1991, por Dan Kois, del 7 de febrero, 2991, artículo de La Torre Times (anotaciones parentéticas añadidas en 2011)
10. Paul Simon, Concert in the Park (Un álbum grabado en vivo. Totalmente falaz en una lista top 10.)
9. Original Soundtrack, The Commitments
8. Peter Gabriel, Shaking the Tree (Una colección de grandes éxitos. También falaz. Y sacado en 1990).
7. Robbie Robertson, Storyville
6. Mrs. Fun, They Are Not a Trio (Una banda dirigida por el director del coro de mi iglesia. No se nota el conflicto.)
5. Sting, The Soul Cages (Recordatorio: Para no olvidar)
4. Peter Holsapple and Chris Stamey, Mavericks
3. R.E.M., Out of Time
2. Various Artists, Deadicated: A Tribute to the Grateful Dead (A mi novia le gustaban los Greateful Dead)
1. U2, Achtung Baby
10. Recompilando mi lista 2011, ¿estoy comparando manzanas con naranjas? Por supuesto. Pero yo discutiría que comparar manzanas con naranjas - la habilidad de considerar, y describir, cómo la crujiente, aguda mordida de una manzana se diferencia del jugoso y decadente chorro de una naranja - es el gran placer del trabajo del crítico, y del amor de un fanático.
Por ejemplo: Bridesmaids ("Damas en Guerra") es la manzana, y Melancholia es la naranja. ¿Cuál estará más alto en mi top 10 personal? Se los haré saber cuando termine mi lista.
miércoles, 4 de enero de 2012
Top 10 Razones para Hacer (y Amar) las listas Top 10 (I)
Por Dan Kois
El escrito original está aquí.
1. El cargo de coeditor de Artes y Entretenimiento de la Torre Times tiene cierta responsabilidad. Cuando ocupé ese cargo en mi bachillerato en Wisconsin, había una tarea que atesoraba por encima de las demás. Yo estaba encargado de escribir una lista Top 10 de fin de año. Y así, cuando empezó el invierno de mi último año, me senté en el piso de mi cuarto, buscando entre mis discos para sacar los diez mejores álbumes de 1991.
Hubo un problema: yo había podido comprar música con sólo los $3,45 por hora que me ganaba en un puesto de postres y helados, así que compré sólo ocho álbumes de 1991. Aun confiando en mis gustos a los 17 años, yo mismo tenía que admitir que eso era poco.
Por lo que gasté un mes completo de sueldo en una visita a Musicland, donde compré dos discos más que parecían bastante buenos, ignorando ese álbum del que todos los chicos de franela en mi colegio hablaban, aquel con el bebé y el dólar en la portada. No tenía mucha posibilidad de escape. Los discos que compré estuvieron en mi lista. Ninguno fue para olvidar.
2. En 2011, claro, los "listantes" quienes escriben profesionamente sobre cultura no tiene este problema de escasez. Es más que Navidad aquí, con los DVDs de estrenos recientes para promocionar las películas durante la temporada de premios, DVDs llegando a diario de USPS, FedEx, UPS. Una amiga, crítico de música, tiene 1961 canciones en su lista de 2011. Muchas revistas luchan para conseguir espacio en sus estantes por todo lo que reciben en un año, mucho menos podrán leerlo.
Así que demos por sentado que estas listas seleccionan de una inmensa cantidad de material, y ahí subyace la utilidad para los lectores. Si ves a un crítico como, esencialmente, un robot de recomendaciones que obtiene un salario - como muchos, muchos, consumidores lo obtienen también - entonces la lista es perfecta, llegando justo cuando buscas regalos que comprar y películas que ver. Como ocurre, el final del año es también un gran momento para que los anunciantes enganchen con sus productos en los periódicos y revistas, y así la gran rueda del comercio empieza a rodar felizmente.
3. En la introducción a su resumen de fin de año 2007, la crítico de cine Manohla Dargis señaló que la función más valiosa de las listas es que son un "ritual público" - mostrar las cartas de un escritor, mostrándote las suyas para que tú le muestras las tuya. Pero si la lista en sí es un ritual público, también es, entonces, la denuncia de hacerlas por algunos de estos críticos - como la misma Dargis, que llama las listas "ejercicios artificiales, afirmación del ego crítico, caprichosas y necesariamente imperfectas".
Es una queja común: que el acto de hacer una lista es, para los críticos, un mal necesario intelectualmente deshonesto. Los lectores demandan nuestras listas; los editores esperan, ansiosos por transformar nuestras listas en clicks acumulando imágenes; y los publicistas que nos han mandado material gratis esperan nuestras listas para que puedan imprimirlas y mandárselas a sus jefes departamentales.
Los lamentos sonaron alto los últimos meses de 2011. La crítico de televisión de The New Yorker, Emily Nussbaum, recientemente escribió un blog titulado "Yo Odio las Listas Top 10". La escritora del A.V. Club, Tasha Robinson, dijo en Twitter, "La temporada de Top 10 películas a veces se siente como un juego de 'Compara cada manzana y naranja que comiste este año. Sé específico'".
Y tienen razón. Tomen dos películas que estoy considerando para mi lista, Guerra de Novias y Melancolía. ¿Cómo comparan estas películas - una comedia aguda, con un hilarante elenco, sobre la amistad entre amigas y un aria operática sobre la depresión y el fin del mundo?
4. ¡Pero no importa! Amo hacer listas. Me ha encantado desde que puedo recordarlo. Si, de niño, hubiera hecho una lista de diez incentivos para ser un 'escritor cultural', hacer listas de top 10 sería el #2. (#1: ver películas antes de que fueran estrenadas, en vez de cuatro meses más tarde cuando finalmente llegaban a Milwaukee).
Hacer una lista Top 10 era, o así lo parecía, unirse a una gran conversación cultural - una conversación de la cual, atrapado en una secundaria en Wisconsin mucho antes del internet, yo quería desesperadamente ser parte de ella. Para el último año, yo estaba haciendo listas de mis discos favoritos, de las mejores películas, de los diez carros que quería tener algún día, de las cinco chicas que nunca tendría el coraje para hablarles.
El escrito original está aquí.
1. El cargo de coeditor de Artes y Entretenimiento de la Torre Times tiene cierta responsabilidad. Cuando ocupé ese cargo en mi bachillerato en Wisconsin, había una tarea que atesoraba por encima de las demás. Yo estaba encargado de escribir una lista Top 10 de fin de año. Y así, cuando empezó el invierno de mi último año, me senté en el piso de mi cuarto, buscando entre mis discos para sacar los diez mejores álbumes de 1991.
Hubo un problema: yo había podido comprar música con sólo los $3,45 por hora que me ganaba en un puesto de postres y helados, así que compré sólo ocho álbumes de 1991. Aun confiando en mis gustos a los 17 años, yo mismo tenía que admitir que eso era poco.
Por lo que gasté un mes completo de sueldo en una visita a Musicland, donde compré dos discos más que parecían bastante buenos, ignorando ese álbum del que todos los chicos de franela en mi colegio hablaban, aquel con el bebé y el dólar en la portada. No tenía mucha posibilidad de escape. Los discos que compré estuvieron en mi lista. Ninguno fue para olvidar.
2. En 2011, claro, los "listantes" quienes escriben profesionamente sobre cultura no tiene este problema de escasez. Es más que Navidad aquí, con los DVDs de estrenos recientes para promocionar las películas durante la temporada de premios, DVDs llegando a diario de USPS, FedEx, UPS. Una amiga, crítico de música, tiene 1961 canciones en su lista de 2011. Muchas revistas luchan para conseguir espacio en sus estantes por todo lo que reciben en un año, mucho menos podrán leerlo.
Así que demos por sentado que estas listas seleccionan de una inmensa cantidad de material, y ahí subyace la utilidad para los lectores. Si ves a un crítico como, esencialmente, un robot de recomendaciones que obtiene un salario - como muchos, muchos, consumidores lo obtienen también - entonces la lista es perfecta, llegando justo cuando buscas regalos que comprar y películas que ver. Como ocurre, el final del año es también un gran momento para que los anunciantes enganchen con sus productos en los periódicos y revistas, y así la gran rueda del comercio empieza a rodar felizmente.
3. En la introducción a su resumen de fin de año 2007, la crítico de cine Manohla Dargis señaló que la función más valiosa de las listas es que son un "ritual público" - mostrar las cartas de un escritor, mostrándote las suyas para que tú le muestras las tuya. Pero si la lista en sí es un ritual público, también es, entonces, la denuncia de hacerlas por algunos de estos críticos - como la misma Dargis, que llama las listas "ejercicios artificiales, afirmación del ego crítico, caprichosas y necesariamente imperfectas".
Es una queja común: que el acto de hacer una lista es, para los críticos, un mal necesario intelectualmente deshonesto. Los lectores demandan nuestras listas; los editores esperan, ansiosos por transformar nuestras listas en clicks acumulando imágenes; y los publicistas que nos han mandado material gratis esperan nuestras listas para que puedan imprimirlas y mandárselas a sus jefes departamentales.
Los lamentos sonaron alto los últimos meses de 2011. La crítico de televisión de The New Yorker, Emily Nussbaum, recientemente escribió un blog titulado "Yo Odio las Listas Top 10". La escritora del A.V. Club, Tasha Robinson, dijo en Twitter, "La temporada de Top 10 películas a veces se siente como un juego de 'Compara cada manzana y naranja que comiste este año. Sé específico'".
Y tienen razón. Tomen dos películas que estoy considerando para mi lista, Guerra de Novias y Melancolía. ¿Cómo comparan estas películas - una comedia aguda, con un hilarante elenco, sobre la amistad entre amigas y un aria operática sobre la depresión y el fin del mundo?
4. ¡Pero no importa! Amo hacer listas. Me ha encantado desde que puedo recordarlo. Si, de niño, hubiera hecho una lista de diez incentivos para ser un 'escritor cultural', hacer listas de top 10 sería el #2. (#1: ver películas antes de que fueran estrenadas, en vez de cuatro meses más tarde cuando finalmente llegaban a Milwaukee).
Hacer una lista Top 10 era, o así lo parecía, unirse a una gran conversación cultural - una conversación de la cual, atrapado en una secundaria en Wisconsin mucho antes del internet, yo quería desesperadamente ser parte de ella. Para el último año, yo estaba haciendo listas de mis discos favoritos, de las mejores películas, de los diez carros que quería tener algún día, de las cinco chicas que nunca tendría el coraje para hablarles.
domingo, 25 de diciembre de 2011
sábado, 24 de diciembre de 2011
Isabel Coixet entrevista a Wong Kar Wai: "(...) a mí me interesan los secretos, el misterio"
He aquí la entrevista que le hizo Isabel Coixet a Wong Kar Wai, encontrada en: http://www.clubcultura.com/clubcine/clubcineastas/isabelcoixet/vida2.htm. Interesantísima.
Durante años, desde que vi Chunking express, y después toda su filmografía, que, para variar, ha llegado tarde, poco y en desorden a nuestras pantallas, pensé que me gustaría hablar con Wong Kar-Wai (Sanghai, 1958), o al menos con el tipo irónico, tierno, melancólico, arriesgado, pensativo que sus películas dejan ver. Antes de la proyección de In the mood for love (Deseando amar), le digo con admiración que he visto todas sus películas y que me fascinan, y se muestra preocupado: "Es que ésta es muy diferente". Hoy, tras ver In the mood for love, se me antoja que la única entrevista posible con él es una especie de ceremonia zen, con mi cochambroso casete recogiendo hora y media de silencio, mientras los dos sorbemos té y miramos el fondo de nuestras tazas imaginando preguntas y respuestas que no se formulan. Pero no hay té, hay café, así que no me queda más remedio que preguntar, a sabiendas de que lo más importante (¿de qué oscuro y luminoso lugar nace esta misteriosa, bella, trágica, preciosa película?) se quedará por ahí, flotando.
ISABEL COIXET. ¿Por qué dijo que In the mood for love era tan diferente de sus otras películas? En Chunking express había una chica que invadía la habitación del policía, durmiendo en sus sábanas; en Fallen angels, un chico que invade los puestos del mercado por la noche; en In the mood for love, ella (Maggie Cheung) entra en la habitación de él (Tony Leung), en Singapur, para llevarse unas zapatillas.
WONG KAR WAI. Sí, claro, a lo mejor no es tan diferente, de hecho no lo es; uno siempre hace la misma película y habla de la misma clase de gente, la gente que mira por la ventana lo que hacen los demás, la gente que intenta robar algo de la vida de otras personas, para sentir que así algo suyo les pertenece.
ISABEL COIXET. La gente que está sola.
WONG KAR WAI. Sí, todos mis personajes están terriblemente solos.
ISABEL COIXET. Incluso cuando están rodeados de gente, como en Happy together o en In the mood for love.
WONG KAR WAI. Especialmente en estas dos películas.
ISABEL COIXET. Es que tengo la impresión de que sus personajes nunca salen de una única habitación, que todas las habitaciones que muestra son la misma, incluso el color de las paredes.
WONG KAR WAI. (Risas). Sí, es una de las desventajas de trabajar siempre con el mismo decorador [William Chang], que siempre acaba trayéndote lo que sabe que te gusta.
ISABEL COIXET. Y además es su montador.
WONG KAR WAI Sí, me tiene cogido; a veces le digo: oye, ¿no teníamos esta misma cama en Buenos Aires cuando rodamos Happy together? Y me mira asombrado: "Claro que sí", dice, "hay que reciclar las cosas". ¡Y me lo dice en Hong Kong! O a veces me enseña un cuadro o una falda para un personaje y me dice: "¿A que te suenan?". Volviendo a lo de la habitación, la verdad es que para mí todas las historias empiezan en una habitación, siempre hay una habitación con alguien sentado en la cama, fumando.
ISABEL COIXET. O comiendo.
WONG KAR WWAI. Sí, es algo que no veo en el cine occidental, a veces me parece que en las películas occidentales los personajes no comen nunca. Para mí es muy importante cómo se ganan la vida mis personajes, dónde viven, cómo duermen, lo que comen…
ISABEL COIXET. ¿Aunque sea una lata de piña caducada? [En Chunking express y en Fallen angels hay personajes obsesionados con las latas de piña caducadas].
WONG KAR WAI. [Risas]. Especialmente si es una lata de piña caducada, aunque la verdad es que yo odio la piña.
ISABEL COIXET. En los dos libros que Chris Doyle [director de fotografía] ha escrito sobre sus rodajes (Fallen angels, Happy together) parece que se entienden sin muchas palabras.
WONG KAR WAI. Bueno, Chris es muy hábil con las palabras, y en los libros todo parece muy fácil y glamouroso. Un rodaje nunca lo es, pero es cierto que, al cabo del tiempo de colaborar, ambos sabemos las cosas que detestamos el uno del otro y las que nos gustan. Hemos aprendido mucho juntos, y para mí, dada mi forma de trabajar, dado que empiezo siempre con una vaga y lejana idea de lo que voy a hacer, es importante tener gente a mi lado a la que no tenga que dar demasiadas explicaciones. Además, a mí no me gusta que la gente venga a verme a un rodaje, no me gusta que haya nada que me haga perder la concentración. Me gusta estar solo, necesito distanciarme de los demás. Chris siempre ha respetado eso.
ISABEL COIXET. ¿Y qué ha pasado en In the mood for love?
WONG KAR WAI. Bueno, Chris es ahora un director de fotografía muy ocupado, incluso ha dirigido un filme (Away with words), y bien… él empezó la película y un día vino a verme y me dijo que no podía respirar, que quería hacer otra cosa, que la película era demasiado estática para él; así que se fue y Mark Li, que había hecho conmigo Fallen angels, la terminó. No sé por qué, pero creo que se entendería bien con Chris Doyle.
ISABEL COIXET. No sé. A mí me gusta el lado estático de las cosas, también me gustaba muchísimo cómo utilizaba la cámara al hombro y el gran angular en las otras películas. Pero me parece magistral el lado quieto de ésta porque lo único que pueden hacer los personajes es estar quietos, ésa es su victoria. "No somos como ellos", dicen, como los amantes que nunca vemos.
WONG KAR WAI. Sí, quizá en esta película he llevado mi control del encuadre hasta el límite, quizá por eso Chris no podía respirar y probablemente ésta es la película donde he terminado con más preguntas todavía de las que tenía al empezar. Porque esas dos personas que se encuentran, cuyos respectivos cónyuges tienen un affaire, ¿se odian?, incluso cuando parece que se están acercando. A veces pienso que siguen odiándose porque cada uno le recuerda al otro lo que ha perdido, e incluso cuando parece que se están seduciendo hay un lado oscuro, de venganza, de resentimiento, y nunca sabemos, igual que ellos no saben cuándo los otros empezaron a engañarles, cuándo el amor nace entre ellos y cuántos sentimientos contradictorios hay en ese amor. No creo tener todavía una respuesta a todo eso.
ISABEL COIXET. Pero ésa es parte de la magia de la película, nunca sabemos a ciencia cierta qué clase de relación tienen, incluso hay momentos que todo parece una proyección; que en realidad los otros, sus cónyuges, no se conocen, aunque ellas lleven el mismo bolso y ellos la misma corbata, que ella lo está imaginando todo a partir de la doble relación que tiene su jefe.
WONG KAR WAI. [Risas]. Vaya, eso no se me había ocurrido… Pero, ¿por qué no?, eso es lo que me parece más interesante, que cada uno piense qué es lo que pasa, que cada uno encuentra sus propias respuestas, y el papel de un director no es proporcionar respuestas, al menos no es eso lo que me interesa, ya hay demasiados directores interesados en contar las cosas de manera que se entienda todo hasta la saciedad, hasta que no quede un resquicio de misterio, y a mí me interesan los secretos, el misterio.
ISABEL COIXET. Las dobles vidas.
WONG KAR WAI. Sí, las dobles vidas.
ISABEL COIXET. El otro día leí en una novela que en el momento en que uno tiene vida interior ya lleva una doble vida.
WONG KAR WAI. Es cierto, es totalmente cierto, por eso es importante trabajar con gente que te conozca de verdad, si no sería demasiado complicado. Cuando empecé In the mood for love, la historia era diferente. Fue William Chang, que me conoce muy bien, el que me dijo: ésta no es la historia que quieres contar, y empezamos a trabajar en otra dirección, pero del Hong Kong de los años sesenta ya no queda absolutamente nada, y sabíamos que iba a ser un rodaje complicado, quizá no tan complicado como terminó siendo.… Pero, en fin, complicarse la vida es parte de las razones por las que uno hace películas, ¿no?
ISABEL COIXET. Noooo, qué va; bueno, sí; y también uno hace películas para no terminar como el tipo al final de la suya susurrándole su historia a un agujero en la piedra, que me parece el final más abrumadoramente triste que una película pueda tener.
WONG KAR WAI. ¿Eso quiere decir que le gustó el final?
ISABEL COIXET. Eso quiere decir que le doy las gracias por hacer In the mood for love.
Durante años, desde que vi Chunking express, y después toda su filmografía, que, para variar, ha llegado tarde, poco y en desorden a nuestras pantallas, pensé que me gustaría hablar con Wong Kar-Wai (Sanghai, 1958), o al menos con el tipo irónico, tierno, melancólico, arriesgado, pensativo que sus películas dejan ver. Antes de la proyección de In the mood for love (Deseando amar), le digo con admiración que he visto todas sus películas y que me fascinan, y se muestra preocupado: "Es que ésta es muy diferente". Hoy, tras ver In the mood for love, se me antoja que la única entrevista posible con él es una especie de ceremonia zen, con mi cochambroso casete recogiendo hora y media de silencio, mientras los dos sorbemos té y miramos el fondo de nuestras tazas imaginando preguntas y respuestas que no se formulan. Pero no hay té, hay café, así que no me queda más remedio que preguntar, a sabiendas de que lo más importante (¿de qué oscuro y luminoso lugar nace esta misteriosa, bella, trágica, preciosa película?) se quedará por ahí, flotando.
ISABEL COIXET. ¿Por qué dijo que In the mood for love era tan diferente de sus otras películas? En Chunking express había una chica que invadía la habitación del policía, durmiendo en sus sábanas; en Fallen angels, un chico que invade los puestos del mercado por la noche; en In the mood for love, ella (Maggie Cheung) entra en la habitación de él (Tony Leung), en Singapur, para llevarse unas zapatillas.
WONG KAR WAI. Sí, claro, a lo mejor no es tan diferente, de hecho no lo es; uno siempre hace la misma película y habla de la misma clase de gente, la gente que mira por la ventana lo que hacen los demás, la gente que intenta robar algo de la vida de otras personas, para sentir que así algo suyo les pertenece.
ISABEL COIXET. La gente que está sola.
WONG KAR WAI. Sí, todos mis personajes están terriblemente solos.
ISABEL COIXET. Incluso cuando están rodeados de gente, como en Happy together o en In the mood for love.
WONG KAR WAI. Especialmente en estas dos películas.
ISABEL COIXET. Es que tengo la impresión de que sus personajes nunca salen de una única habitación, que todas las habitaciones que muestra son la misma, incluso el color de las paredes.
WONG KAR WAI. (Risas). Sí, es una de las desventajas de trabajar siempre con el mismo decorador [William Chang], que siempre acaba trayéndote lo que sabe que te gusta.
ISABEL COIXET. Y además es su montador.
WONG KAR WAI Sí, me tiene cogido; a veces le digo: oye, ¿no teníamos esta misma cama en Buenos Aires cuando rodamos Happy together? Y me mira asombrado: "Claro que sí", dice, "hay que reciclar las cosas". ¡Y me lo dice en Hong Kong! O a veces me enseña un cuadro o una falda para un personaje y me dice: "¿A que te suenan?". Volviendo a lo de la habitación, la verdad es que para mí todas las historias empiezan en una habitación, siempre hay una habitación con alguien sentado en la cama, fumando.
ISABEL COIXET. O comiendo.
WONG KAR WWAI. Sí, es algo que no veo en el cine occidental, a veces me parece que en las películas occidentales los personajes no comen nunca. Para mí es muy importante cómo se ganan la vida mis personajes, dónde viven, cómo duermen, lo que comen…
ISABEL COIXET. ¿Aunque sea una lata de piña caducada? [En Chunking express y en Fallen angels hay personajes obsesionados con las latas de piña caducadas].
WONG KAR WAI. [Risas]. Especialmente si es una lata de piña caducada, aunque la verdad es que yo odio la piña.
ISABEL COIXET. En los dos libros que Chris Doyle [director de fotografía] ha escrito sobre sus rodajes (Fallen angels, Happy together) parece que se entienden sin muchas palabras.
WONG KAR WAI. Bueno, Chris es muy hábil con las palabras, y en los libros todo parece muy fácil y glamouroso. Un rodaje nunca lo es, pero es cierto que, al cabo del tiempo de colaborar, ambos sabemos las cosas que detestamos el uno del otro y las que nos gustan. Hemos aprendido mucho juntos, y para mí, dada mi forma de trabajar, dado que empiezo siempre con una vaga y lejana idea de lo que voy a hacer, es importante tener gente a mi lado a la que no tenga que dar demasiadas explicaciones. Además, a mí no me gusta que la gente venga a verme a un rodaje, no me gusta que haya nada que me haga perder la concentración. Me gusta estar solo, necesito distanciarme de los demás. Chris siempre ha respetado eso.
ISABEL COIXET. ¿Y qué ha pasado en In the mood for love?
WONG KAR WAI. Bueno, Chris es ahora un director de fotografía muy ocupado, incluso ha dirigido un filme (Away with words), y bien… él empezó la película y un día vino a verme y me dijo que no podía respirar, que quería hacer otra cosa, que la película era demasiado estática para él; así que se fue y Mark Li, que había hecho conmigo Fallen angels, la terminó. No sé por qué, pero creo que se entendería bien con Chris Doyle.
ISABEL COIXET. No sé. A mí me gusta el lado estático de las cosas, también me gustaba muchísimo cómo utilizaba la cámara al hombro y el gran angular en las otras películas. Pero me parece magistral el lado quieto de ésta porque lo único que pueden hacer los personajes es estar quietos, ésa es su victoria. "No somos como ellos", dicen, como los amantes que nunca vemos.
WONG KAR WAI. Sí, quizá en esta película he llevado mi control del encuadre hasta el límite, quizá por eso Chris no podía respirar y probablemente ésta es la película donde he terminado con más preguntas todavía de las que tenía al empezar. Porque esas dos personas que se encuentran, cuyos respectivos cónyuges tienen un affaire, ¿se odian?, incluso cuando parece que se están acercando. A veces pienso que siguen odiándose porque cada uno le recuerda al otro lo que ha perdido, e incluso cuando parece que se están seduciendo hay un lado oscuro, de venganza, de resentimiento, y nunca sabemos, igual que ellos no saben cuándo los otros empezaron a engañarles, cuándo el amor nace entre ellos y cuántos sentimientos contradictorios hay en ese amor. No creo tener todavía una respuesta a todo eso.
ISABEL COIXET. Pero ésa es parte de la magia de la película, nunca sabemos a ciencia cierta qué clase de relación tienen, incluso hay momentos que todo parece una proyección; que en realidad los otros, sus cónyuges, no se conocen, aunque ellas lleven el mismo bolso y ellos la misma corbata, que ella lo está imaginando todo a partir de la doble relación que tiene su jefe.
WONG KAR WAI. [Risas]. Vaya, eso no se me había ocurrido… Pero, ¿por qué no?, eso es lo que me parece más interesante, que cada uno piense qué es lo que pasa, que cada uno encuentra sus propias respuestas, y el papel de un director no es proporcionar respuestas, al menos no es eso lo que me interesa, ya hay demasiados directores interesados en contar las cosas de manera que se entienda todo hasta la saciedad, hasta que no quede un resquicio de misterio, y a mí me interesan los secretos, el misterio.
ISABEL COIXET. Las dobles vidas.
WONG KAR WAI. Sí, las dobles vidas.
ISABEL COIXET. El otro día leí en una novela que en el momento en que uno tiene vida interior ya lleva una doble vida.
WONG KAR WAI. Es cierto, es totalmente cierto, por eso es importante trabajar con gente que te conozca de verdad, si no sería demasiado complicado. Cuando empecé In the mood for love, la historia era diferente. Fue William Chang, que me conoce muy bien, el que me dijo: ésta no es la historia que quieres contar, y empezamos a trabajar en otra dirección, pero del Hong Kong de los años sesenta ya no queda absolutamente nada, y sabíamos que iba a ser un rodaje complicado, quizá no tan complicado como terminó siendo.… Pero, en fin, complicarse la vida es parte de las razones por las que uno hace películas, ¿no?
ISABEL COIXET. Noooo, qué va; bueno, sí; y también uno hace películas para no terminar como el tipo al final de la suya susurrándole su historia a un agujero en la piedra, que me parece el final más abrumadoramente triste que una película pueda tener.
WONG KAR WAI. ¿Eso quiere decir que le gustó el final?
ISABEL COIXET. Eso quiere decir que le doy las gracias por hacer In the mood for love.
martes, 20 de diciembre de 2011
Sobre nuestras películas favoritas del 2011
Según la lista de estrenos del 2011 en Venezuela, ¿cuáles recomiendan que veamos para hacer nuestra lista de películas favoritas de este año?
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miércoles, 14 de diciembre de 2011
martes, 6 de diciembre de 2011
viernes, 25 de noviembre de 2011
viernes, 4 de noviembre de 2011
martes, 18 de octubre de 2011
Festival de Cine Español 2011: Tres días con la familia (Mar Coll, 2009)
El juego de las sensaciones postergadas pesa en la película como quien no ve los problemas, pero los sospecha en los gestos más pequeños; como quien no escucha las conversaciones importantes, no porque no haya estado en ellas, sino porque, sobre todo, no les ha prestado atención. Estos planos detalle, silenciosos, le brindan un aire más observador, de alusiones y menos de sentencias, a Lea, Josep Maria y Jöelle, ansiosos por aseverar y aegurar lo que se escapa de sus manos.
La conversación entre distintos idiomas (español, catalán y, finalmente, francés) es, nada más, un juego de incompresiones y de imágenes como si se tratara de los distintos tiempos que conjugamos con nuestros gestos.
jueves, 13 de octubre de 2011
Afiche del Festival de Cine Caballo Dorado 2011
Entre los animales que representan a cada festival de cine internacional, poco había escuchado el de China, aunque es el más conocido del país. Creo que lo más fascinante, ya que pocas de sus películas nos sonarán aquí y menos aun llegarán a ser estrenadas, es el afiche que condensa la experiencia cinematográfica. Si la imagen de por sí no es hermosa, la explicación de los organizadores del Festival complementa con armonía lo que ya se muestra delicadamente en el afiche.
[El link para ver el afiche es: http://image.goldenhorse.org.tw/photo/2011/GHFF_event/large/photo_f746189d447b0eaf69c804b9e2303c45.jpg]
"El afiche oficial para los premios del Festival de Cine Caballo Dorado 2011 fue diseñado por Lin Xiao-Yi. A partir de la publicidad dirigida por Hou Hsiao-Hsien, Lin desarrolló un espacio tridimensional construido con la noche, el sueño y la luz. La noche significa la oscuridad que envuelve a la audiencia dentro de la sala de cine. El sueño es el proceso de ensoñación de cada realización cinematográfica. Y, en cuanto a la luz, es el rayo de luz que atraviesa la oscuridad y las partículas de luz que permanecen en el aire mientras el proyector de cine comienza a rodar, lo que constituye nuestro primer y esencial recuerdo de las películas. A través de estas conexiones es provocada la imagen de la mirada que comprime la historia de cien años".
Acaso vamos al cine a compartir, como cómplices anónimos, con los demás espectadores y con los realizadores, sueños en la oscuridad, a soñar despiertos para terminar creyendo que dormimos, y no de aburrimiento, sino por el descanso que brinda el placer.
[El link para ver el afiche es: http://image.goldenhorse.org.tw/photo/2011/GHFF_event/large/photo_f746189d447b0eaf69c804b9e2303c45.jpg]
"El afiche oficial para los premios del Festival de Cine Caballo Dorado 2011 fue diseñado por Lin Xiao-Yi. A partir de la publicidad dirigida por Hou Hsiao-Hsien, Lin desarrolló un espacio tridimensional construido con la noche, el sueño y la luz. La noche significa la oscuridad que envuelve a la audiencia dentro de la sala de cine. El sueño es el proceso de ensoñación de cada realización cinematográfica. Y, en cuanto a la luz, es el rayo de luz que atraviesa la oscuridad y las partículas de luz que permanecen en el aire mientras el proyector de cine comienza a rodar, lo que constituye nuestro primer y esencial recuerdo de las películas. A través de estas conexiones es provocada la imagen de la mirada que comprime la historia de cien años".
Acaso vamos al cine a compartir, como cómplices anónimos, con los demás espectadores y con los realizadores, sueños en la oscuridad, a soñar despiertos para terminar creyendo que dormimos, y no de aburrimiento, sino por el descanso que brinda el placer.
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jueves, 29 de septiembre de 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
El tiempo y la memoria, sístole y diástole del corazón. Una conversa sobre Blue Valentine: Primera parte
EDUARDO
Luego de ver Blue Valentine, me siento abandonado. No es una tristeza la que siento por los sentimientos que se deterioran hasta cambiar, no es una depresión porque así como amamos nos volvemos más crueles. No sé qué es, pero me quedo hilando paralelos entre las escenas y cómo amamos día a día. La película me emociona porque mientras busco las pistas de cuándo y por qué se transforman los sentimientos, me descubro saboreando (placer y dolor) cada momento desgajado de Dean y Cindy. Ryan Gosling decía en una entrevista que la película te hace sentir como un detective de lo que cada uno hizo y, sí, pero los amantes saben que los culpables poco importan. Es más lo que se rompe y lo que ya no queda.
CRISTINA
Sí, no estoy tan segura de eso, de que "los culpables poco importan". Lo que pensaba es que, al menos en mi caso, se me pierden esas pistas de la transformación de su relación: no alcanzamos a verla, a entenderla del todo, hay un vacío en ese sentido. Y quizá la intención es que no terminemos de ver eso, para poder apreciar, tan bruscamente como lo hacemos, el antes y el después. Porque si vivimos lo progresivo
(de ahí el tiempo en que se maneja la película, entre fragmentos de pasado y de presente, de ahí que no veamos el devenir), se nos pierden esos detalles. Lo progresivo opaca los instantes precisos en que se trazó ese camino, los momentos decisivos que al final son todos y cada uno.
Desde la avena mal preparada al desayuno, hasta el beso insípido, la palabra dicha sin cuidado... todo.
EDUARDO
Pero es que ahí está la agudeza (y la dureza) de la película: al mostrarte el antes y el después, impide que te puedas aferrar al quién hizo qué, no porque no te los asome (como dices: los detalles que al comienzo nos encantan, terminan por incomodarnos hasta agobiarnos), sino porque hay una naturaleza moviéndose por debajo de los sentimientos, envejeciendo junto con el cuerpo. Nos daremos cuenta demasiado tarde de quién fue el culpable: en algún punto, descubres, así, por casualidad, que fuiste tú, pero ya no importa.
CRISTINA
Sí, quizá no lo descubres, el culpable se pierde en esa dialéctica, en ese ir y venir de pequeños gestos que (¿será?) pudieron ser mejores. La rutina nos hace perder de vista esa crueldad que mencionabas: ¿no pasa a ser, esa crueldad, algo natural? Es decir, no hay una mala intención detrás de ella y entonces ya no es crueldad. O quizá la ceguera, la desidia, el abandono de uno mismo y del otro, pasa a ser un tipo de crueldad cotidiana y casi desapercibida. Poco a poco dejamos de vernos a nosotros mismos, y dejamos de ver al otro.
Los pequeños rechazos, rencores, la falta de atención, se pueden volver tan naturales como los primeros gestos de afecto, de atención, de cuidado que teníamos con el otro. Mi pregunta, y es esa duda lo que me parece más terrible, lo que más me golpea de la película, es si no es ese el curso natural de las cosas, porque esos malos gestos fueron tan naturales como los primeros, de afecto, de atención, de cuidado.
EDUARDO
Un sencillo corte en la película remueve esto en mí, esto en nosotros ahora que lo mencionas, con una sencillez dolorosa: Dean está presentándole la habitación al viejo, agarra su dinero, dispuesto a irse y ve hacia nosotros (¿entonces, además, nos hacemos cómplices del amor de los demás?), su mirada atontada, risueña, nos da a entender que es ella a quien ve, pero lo que nos devuelve la mirada es a Cindy, en el presente, viendo a Dean por la ventana mientras entierra a la perra. A él lo vimos casi de cuerpo entero, alegre; a ella la vemos al rostro, a sus ojos profundamente tristes. Como si lo que viéramos al comienzo es un indicio, no de lo que amamos, que disfrutamos y devoramos golosos, sino un asomo de lo que siempre sentimos demasiado tarde y que nos sorprende cuando ya ha pasado: el tiempo.
CRISTINA
Sí, esa parte es clave, creo que no había terminado de verla tan claramente sino hasta ahora. Sí. La muerte de la perra coincide "casualmente" con la final degeneración de su relación. Pero ¿será que en verdad él sigue viéndola de esa manera, como la miraba al principio? Y si es asi, ¿por qué ella no a él?
Hay algo allí de pérdida, de muerte, de vacío, que empieza a rondar desde el principio, en la primera escena, cuando la niña está buscando y gritando (un grito desesperado, desolado) el nombre de la perra frente a la casita vacía.
EDUARDO
Sí, me gusta eso que dices: el comienzo, boscoso y desolado, muestra no sólo la casita de la perra vacía, no sólo sus gritos, no sólo a una niña tan pequeña y a la vez tan sola, sino un juguete perdido entre la maleza.
Por cierto que ya es la segunda vez que, al pensar en este juego del tiempo en Blue Valentine, me acuerdo de Eterno Resplandor de una Mente Sin Recuerdos, acaso sea por la manera como ambas películas hacen que cada vez que las vemos nos brinden nuevas impresiones sobre lo que vimos antes, detalles que le dan otra dimensión a los giros y a los gestos de cada personaje.
CRISTINA
Cierto, el repaso es mucho más revelador, como si el presente siempre fuese medio ciego
EDUARDO
¡Exacto! Medio torpe, incluso. Ese juego de miradas y preguntarse el porqué ella no lo sigue viendo como el comienzo tal vez llevaría a responder que ella se conformó con Dean (en cuanto a su trabajo como pintor de casas) y a su trabajo de enfermera, y se decepcionó de esto, a diferencia de Dean que, si sacrifica su "potencial" es para vivir junto a ella. Quién sabe si la pregunta sea cuál puede ser el potencial de una pareja más allá de amarse que es acompañarse. Dean trabaja para estar con ella; Cindy trabaja para algo más.
CRISTINA
Sí. Él dice que él no quería nada de eso. No quería ser simplemente el esposo de alguien el padre de alguien, pero al final, sin saberlo, sí era lo que quería. Cuando eso llegó, comenzó a amar eso. Quizá ella se quedó en el anhelo de la posibilidad. O de la imposibilidad llegado el momento. A fin de cuentas ella no lo escogió; él sí, de una u otra forma.
Por otra parte, está la cuestión con los ancianos, las maneras de amor que cada uno ve: el primer anciano, al que él le hace la mudanza, tenía una foto de su esposa, Dean mira la foto y le dice que es hermosa, justo antes de ver a Cindy por primera vez. Ella cuando habla con su abuela sólo obtiene una “historia de amor” llena de insatisfacción; mira a sus padres que ya ni pueden sentarse juntos a la mesa.
EDUARDO
Y me encanta cómo la abuela reconoce que la única manera de saber cómo desaparecen los sentimientos es teniéndolos. Parece sentido común, pero su voz suena tan franca al respecto.
CRISTINA
Como si las personas más viejas que ellos miran fuesen un espejo, una cierta imagen de cómo cada uno ve su relación.
EDUARDO
Sí, como si ver a alguien en el presente es, sin darnos cuenta, vernos a nosotros mismos en el futuro. Y están los padres de Dean, que no vemos ni siquiera y, por lo tanto, lo difícil que pudo haber sido la relación de ellos, él ya está lejos de eso.
CRISTINA
Verdad, ¿los menciona en algún momento?
EDUARDO
Sí, en el almuerzo familiar.
CRISTINA
Sí, pero eso es tan jodido, porque, como te decía hace un rato, me queda la duda de si ese es el curso natural de las cosas, del amor, como si a ese brillo del principio sólo le tocara opacarse pero no tenemos remedio y hay, a juro, que vivirlo, que entenderlo en carne propia.
EDUARDO
Algo que me provoca una terrible sensación de encierro es cuando la abuela cuenta su historia de amor y en un instante aparece el papá de Cindy cerrando la puerta de la casa y apenas se puede ver la naturaleza por la ventanita de la puerta. Es una cerrazón casi angustiosa, no sólo por la tensión evidente, también por lo que no se dice y se muestra, por ejemplo en este gesto de lo que dejamos fuera.
CRISTINA
Wow, sí, no recuerdo perfectamente esa parte pero sí. Quizá es demasiado obvio: la película tiene todo un discurso de amor y desamor paralelo al diálogo. Es evidente que las acciones también cuentan la historia, pero acá hay algo más: pequeñas cosas, como decíamos, que hay que volver a mirar, elementos -sucesos, detalles, gestos- que hablan profundamente de ellos.
Luego de ver Blue Valentine, me siento abandonado. No es una tristeza la que siento por los sentimientos que se deterioran hasta cambiar, no es una depresión porque así como amamos nos volvemos más crueles. No sé qué es, pero me quedo hilando paralelos entre las escenas y cómo amamos día a día. La película me emociona porque mientras busco las pistas de cuándo y por qué se transforman los sentimientos, me descubro saboreando (placer y dolor) cada momento desgajado de Dean y Cindy. Ryan Gosling decía en una entrevista que la película te hace sentir como un detective de lo que cada uno hizo y, sí, pero los amantes saben que los culpables poco importan. Es más lo que se rompe y lo que ya no queda.
CRISTINA
Sí, no estoy tan segura de eso, de que "los culpables poco importan". Lo que pensaba es que, al menos en mi caso, se me pierden esas pistas de la transformación de su relación: no alcanzamos a verla, a entenderla del todo, hay un vacío en ese sentido. Y quizá la intención es que no terminemos de ver eso, para poder apreciar, tan bruscamente como lo hacemos, el antes y el después. Porque si vivimos lo progresivo
(de ahí el tiempo en que se maneja la película, entre fragmentos de pasado y de presente, de ahí que no veamos el devenir), se nos pierden esos detalles. Lo progresivo opaca los instantes precisos en que se trazó ese camino, los momentos decisivos que al final son todos y cada uno.
Desde la avena mal preparada al desayuno, hasta el beso insípido, la palabra dicha sin cuidado... todo.
EDUARDO
Pero es que ahí está la agudeza (y la dureza) de la película: al mostrarte el antes y el después, impide que te puedas aferrar al quién hizo qué, no porque no te los asome (como dices: los detalles que al comienzo nos encantan, terminan por incomodarnos hasta agobiarnos), sino porque hay una naturaleza moviéndose por debajo de los sentimientos, envejeciendo junto con el cuerpo. Nos daremos cuenta demasiado tarde de quién fue el culpable: en algún punto, descubres, así, por casualidad, que fuiste tú, pero ya no importa.
CRISTINA
Sí, quizá no lo descubres, el culpable se pierde en esa dialéctica, en ese ir y venir de pequeños gestos que (¿será?) pudieron ser mejores. La rutina nos hace perder de vista esa crueldad que mencionabas: ¿no pasa a ser, esa crueldad, algo natural? Es decir, no hay una mala intención detrás de ella y entonces ya no es crueldad. O quizá la ceguera, la desidia, el abandono de uno mismo y del otro, pasa a ser un tipo de crueldad cotidiana y casi desapercibida. Poco a poco dejamos de vernos a nosotros mismos, y dejamos de ver al otro.
Los pequeños rechazos, rencores, la falta de atención, se pueden volver tan naturales como los primeros gestos de afecto, de atención, de cuidado que teníamos con el otro. Mi pregunta, y es esa duda lo que me parece más terrible, lo que más me golpea de la película, es si no es ese el curso natural de las cosas, porque esos malos gestos fueron tan naturales como los primeros, de afecto, de atención, de cuidado.
EDUARDO
Un sencillo corte en la película remueve esto en mí, esto en nosotros ahora que lo mencionas, con una sencillez dolorosa: Dean está presentándole la habitación al viejo, agarra su dinero, dispuesto a irse y ve hacia nosotros (¿entonces, además, nos hacemos cómplices del amor de los demás?), su mirada atontada, risueña, nos da a entender que es ella a quien ve, pero lo que nos devuelve la mirada es a Cindy, en el presente, viendo a Dean por la ventana mientras entierra a la perra. A él lo vimos casi de cuerpo entero, alegre; a ella la vemos al rostro, a sus ojos profundamente tristes. Como si lo que viéramos al comienzo es un indicio, no de lo que amamos, que disfrutamos y devoramos golosos, sino un asomo de lo que siempre sentimos demasiado tarde y que nos sorprende cuando ya ha pasado: el tiempo.
CRISTINA
Sí, esa parte es clave, creo que no había terminado de verla tan claramente sino hasta ahora. Sí. La muerte de la perra coincide "casualmente" con la final degeneración de su relación. Pero ¿será que en verdad él sigue viéndola de esa manera, como la miraba al principio? Y si es asi, ¿por qué ella no a él?
Hay algo allí de pérdida, de muerte, de vacío, que empieza a rondar desde el principio, en la primera escena, cuando la niña está buscando y gritando (un grito desesperado, desolado) el nombre de la perra frente a la casita vacía.
EDUARDO
Sí, me gusta eso que dices: el comienzo, boscoso y desolado, muestra no sólo la casita de la perra vacía, no sólo sus gritos, no sólo a una niña tan pequeña y a la vez tan sola, sino un juguete perdido entre la maleza.
Por cierto que ya es la segunda vez que, al pensar en este juego del tiempo en Blue Valentine, me acuerdo de Eterno Resplandor de una Mente Sin Recuerdos, acaso sea por la manera como ambas películas hacen que cada vez que las vemos nos brinden nuevas impresiones sobre lo que vimos antes, detalles que le dan otra dimensión a los giros y a los gestos de cada personaje.
CRISTINA
Cierto, el repaso es mucho más revelador, como si el presente siempre fuese medio ciego
EDUARDO
¡Exacto! Medio torpe, incluso. Ese juego de miradas y preguntarse el porqué ella no lo sigue viendo como el comienzo tal vez llevaría a responder que ella se conformó con Dean (en cuanto a su trabajo como pintor de casas) y a su trabajo de enfermera, y se decepcionó de esto, a diferencia de Dean que, si sacrifica su "potencial" es para vivir junto a ella. Quién sabe si la pregunta sea cuál puede ser el potencial de una pareja más allá de amarse que es acompañarse. Dean trabaja para estar con ella; Cindy trabaja para algo más.
CRISTINA
Sí. Él dice que él no quería nada de eso. No quería ser simplemente el esposo de alguien el padre de alguien, pero al final, sin saberlo, sí era lo que quería. Cuando eso llegó, comenzó a amar eso. Quizá ella se quedó en el anhelo de la posibilidad. O de la imposibilidad llegado el momento. A fin de cuentas ella no lo escogió; él sí, de una u otra forma.
Por otra parte, está la cuestión con los ancianos, las maneras de amor que cada uno ve: el primer anciano, al que él le hace la mudanza, tenía una foto de su esposa, Dean mira la foto y le dice que es hermosa, justo antes de ver a Cindy por primera vez. Ella cuando habla con su abuela sólo obtiene una “historia de amor” llena de insatisfacción; mira a sus padres que ya ni pueden sentarse juntos a la mesa.
EDUARDO
Y me encanta cómo la abuela reconoce que la única manera de saber cómo desaparecen los sentimientos es teniéndolos. Parece sentido común, pero su voz suena tan franca al respecto.
CRISTINA
Como si las personas más viejas que ellos miran fuesen un espejo, una cierta imagen de cómo cada uno ve su relación.
EDUARDO
Sí, como si ver a alguien en el presente es, sin darnos cuenta, vernos a nosotros mismos en el futuro. Y están los padres de Dean, que no vemos ni siquiera y, por lo tanto, lo difícil que pudo haber sido la relación de ellos, él ya está lejos de eso.
CRISTINA
Verdad, ¿los menciona en algún momento?
EDUARDO
Sí, en el almuerzo familiar.
CRISTINA
Sí, pero eso es tan jodido, porque, como te decía hace un rato, me queda la duda de si ese es el curso natural de las cosas, del amor, como si a ese brillo del principio sólo le tocara opacarse pero no tenemos remedio y hay, a juro, que vivirlo, que entenderlo en carne propia.
EDUARDO
Algo que me provoca una terrible sensación de encierro es cuando la abuela cuenta su historia de amor y en un instante aparece el papá de Cindy cerrando la puerta de la casa y apenas se puede ver la naturaleza por la ventanita de la puerta. Es una cerrazón casi angustiosa, no sólo por la tensión evidente, también por lo que no se dice y se muestra, por ejemplo en este gesto de lo que dejamos fuera.
CRISTINA
Wow, sí, no recuerdo perfectamente esa parte pero sí. Quizá es demasiado obvio: la película tiene todo un discurso de amor y desamor paralelo al diálogo. Es evidente que las acciones también cuentan la historia, pero acá hay algo más: pequeñas cosas, como decíamos, que hay que volver a mirar, elementos -sucesos, detalles, gestos- que hablan profundamente de ellos.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
Una pregunta: una escena
¿Cuál fue la última película que te gustó y a cuál(es) escena(s) de ella vuelves una y otra vez?
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lunes, 5 de septiembre de 2011
Tráiler de la película cubana Juan de los Muertos
¡Wow! yo ya la quiero ver.
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lunes, 22 de agosto de 2011
Festival de Venecia 2011: trailer de Carnage (Polanski, 2011)
Hace unas semanas salió el afiche en la red.
Estridente y multifacético; por lo tanto, me intrigó aun más el tono de la película (y de la obra).
Estridente y multifacético; por lo tanto, me intrigó aun más el tono de la película (y de la obra).
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miércoles, 27 de julio de 2011
martes, 26 de julio de 2011
Director del mes: Kenji Mizoguchi
Nació el 17 de mayo, 1898, en Tokio, Japón. Murió el 24 de agosto, 1956, en Kioto, Japón.
De Kenji Mizoguchi veremos:
La historia del último crisantemo (1939)
Utamaro y sus cinco mujeres (1945)
Cuentos de la luna pálida de agosto (1953)
El intendente Sansho (1954)
De Kenji Mizoguchi veremos:
La historia del último crisantemo (1939)
Utamaro y sus cinco mujeres (1945)
Cuentos de la luna pálida de agosto (1953)
El intendente Sansho (1954)
sábado, 23 de julio de 2011
Imagénes de Henry y June (Philip Kaufman, 1991)
"Tal vez me convierte en un demonio ser capaz de pasarme de los brazos de Henry a los de Hugo".
[Hay un breve silencio que desnuda a Anais, desde su rostro hasta su cuerpo entero]
"Pienso esto mientras Hugo permanece acostado junto a mí".
"Amo a Hugo y... me siento inocente"
La calma de esta secuencia, con las palabras casi susurros de Anais, la calidez opaca que asoma candor entre sus labios y su mirada, los desnudos en sombras, el sueño de él y la vigilia de ella, excita. No es la desnudez explícita, que tienta, no es el sexo que acaban de tener, que alborota; es el placer antes de que se disperse para llamarlo orgasmo, es la energía de una levedad compartida sólo en lo que queda de la cama en la piel. El erotismo empieza en el rostro y en la película cada recuerdo se gesta como una provocación de la mirada donde el rostro en primer plano busca la intimidad, la confesión.
[Hay un breve silencio que desnuda a Anais, desde su rostro hasta su cuerpo entero]
"Pienso esto mientras Hugo permanece acostado junto a mí".
"Amo a Hugo y... me siento inocente"
La calma de esta secuencia, con las palabras casi susurros de Anais, la calidez opaca que asoma candor entre sus labios y su mirada, los desnudos en sombras, el sueño de él y la vigilia de ella, excita. No es la desnudez explícita, que tienta, no es el sexo que acaban de tener, que alborota; es el placer antes de que se disperse para llamarlo orgasmo, es la energía de una levedad compartida sólo en lo que queda de la cama en la piel. El erotismo empieza en el rostro y en la película cada recuerdo se gesta como una provocación de la mirada donde el rostro en primer plano busca la intimidad, la confesión.
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miércoles, 13 de julio de 2011
domingo, 10 de julio de 2011
Estoy bien, no te preocupes (Phillipe Lioret, 2006)

Título original: Je vais bien, ne't en fais pas
Director: Philippe Lioret
Guion: Olivier Adam y Philippe Lioret.
Música: Nicola Piovani
Fotografía: Sacha Vierny
Reparto: Mélanie Laurent, Kad Merad, Julien Boisselier, Isabelle Renauld, Aïssa Maïga, Simon Buret
Productora: Nord Ouest Production / Studio Canal / France 3 Cinéma / Fin Août Productions
País: Francia
Año: 2006
La incertidumbre deja a Lili fuera de sí. La espera la hace atravesar una cantidad de emociones que la derrotan y la sepultan. Los padres, ensimismados en sus caprichos, no saben cómo guiar a su hija, pero aun así lo intentan. Loïc, el hermano gemelo, de cuya telaraña de ansiedad pende Lili, parece ser el único capaz de sacarla de las profundidades. En este cementerio de preguntas, Lili encontrará respuestas alternativas que la guiarán por un camino propio, un cauce innavegado de un nuevo despertar.
La actuación destacada de Mélanie Laurent en esta película la hizo acreedora del César como mejor actriz en 2006. Indudablemente, un valioso premio para una formidable actuación.
sábado, 2 de julio de 2011
Bergman: Gritos y susurros (1971): rojos, negros, blancos, amarillos
"- Tal vez para ti sea un sueño; para mí, no" (Maria a Anna)
Maria es la mirada de cada uno de los relojes que mueven sus agujas y suenan en la casa. Ella es el sueño, la mirada del tiempo. Pero no es el sueño etéreo del cual sus hermanas puedan despertar, sino la sensación que queda en el cuerpo como una penumbra después del amanecer, como la sensación que deja la desnudez de Karin, pieza por pieza, hasta que nos damos cuenta de que es su imagen en dos espejos la que está siendo desnudada. En la costumbre del aposento y de la confidencia con Anna, los dos reflejos de Karin inquietan, por el silencio que quiebra la tensión entre la mirada aguda de Anna y la desnudez esquiva de Karin, no por su cuerpo desnudo en sí.
El rojo nos agoniza en los gestos más callados de Karin, Maria, Anna y Agnes. Con el rojo, la palidez de sus rostros adquieren el sinsabor desarmante de la lejanía, de lo que no se transmite entre la calidez de los cuerpos, sino en la mirada.
Ante la enfermedad, las sombras, a medias enrojecidas y ennegrecidas, someten sus rostros a recuerdos (¿o son sueños?) inquietantes. Cuidado, que el rostro no es lo que llamamos identidad para salvarnos del cuerpo.
Y, aun así, se siente este recuerdo, resguardado en este cuaderno rojo, se siente con el correteo de blancos inquietos entre caídos amarillos, y escamoteados marrones y verdes. La alegría está en estos labios carnosos que narran, generosos a articular la voz de Anna hasta volver a ser la de Maria, el compartir de una tarde que le devuelve al blanco la alegría de aprovechar los matices de los alrededores. Aquí, cada color es un preludio al sentimiento así como cada rostro magnifica los gestos callados.
Maria es la mirada de cada uno de los relojes que mueven sus agujas y suenan en la casa. Ella es el sueño, la mirada del tiempo. Pero no es el sueño etéreo del cual sus hermanas puedan despertar, sino la sensación que queda en el cuerpo como una penumbra después del amanecer, como la sensación que deja la desnudez de Karin, pieza por pieza, hasta que nos damos cuenta de que es su imagen en dos espejos la que está siendo desnudada. En la costumbre del aposento y de la confidencia con Anna, los dos reflejos de Karin inquietan, por el silencio que quiebra la tensión entre la mirada aguda de Anna y la desnudez esquiva de Karin, no por su cuerpo desnudo en sí.
El rojo nos agoniza en los gestos más callados de Karin, Maria, Anna y Agnes. Con el rojo, la palidez de sus rostros adquieren el sinsabor desarmante de la lejanía, de lo que no se transmite entre la calidez de los cuerpos, sino en la mirada.
Ante la enfermedad, las sombras, a medias enrojecidas y ennegrecidas, someten sus rostros a recuerdos (¿o son sueños?) inquietantes. Cuidado, que el rostro no es lo que llamamos identidad para salvarnos del cuerpo.
Y, aun así, se siente este recuerdo, resguardado en este cuaderno rojo, se siente con el correteo de blancos inquietos entre caídos amarillos, y escamoteados marrones y verdes. La alegría está en estos labios carnosos que narran, generosos a articular la voz de Anna hasta volver a ser la de Maria, el compartir de una tarde que le devuelve al blanco la alegría de aprovechar los matices de los alrededores. Aquí, cada color es un preludio al sentimiento así como cada rostro magnifica los gestos callados.
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domingo, 19 de junio de 2011
Trailer de Reverón (Rísquez, 2011)
A quienes la han visto, ¿qué les ha parecido? El trailer me gusta mucho, me entusiasma incluso, después de que el teaser (cuántas palabras tan prestadas del inglés: cuánta flojera de buscar unas propias: qué lástima) me dejara un poco indiferente por lo apresurado que se sentía.
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jueves, 9 de junio de 2011
Henry & June
Un rostro de una asombrosa blancura, ojos ardientes. June Mansfield, la esposa de Henry. Mientras venía hacía mí avanzando desde la oscuridad de mi jardín hacia la luz de la entrada, vi por primera vez a la mujer más hermosa de la tierra.(...) Su belleza me embargó. Mientras permanecía sentada frente a ella, me di cuenta de que sería capaz de hacer cualquier locura por aquella mujer, lo que me pidiera. Henry se desvaneció. Ella era el color, la brillantez, lo extraño.(...)Disfraz, actitudes, forma de hablar. Es una actriz soberbia. Sólo eso. No he podido llegar a su interior. (...) Los demás sienten gracias a ella; y gracias a ella, componen poemas; gracias a ella, odian; y otros, como Henry, la aman aunque les pese. (...) No tiene seguridad, y sí unas ansias insaciables de admiración. Vive del reflejo de sí misma en los ojos de los demás. No se atreve a ser ella misma. June Mansfield no existe. Y ella lo sabe. (...) Un rostro de una blancura asombrosa retirándose a la oscuridad del jardín. Al irse, posa para mí.(Henry y June de Anais Nin. Librodot.com, página 10)
Sin duda uno de los grandes retos que tuvo Philip Kaufman al dirigir "Henry and June" fue encontrar a June. Un rostro blanco, ojos ardientes. Una figura escurridiza que encarnara el enigma, "lo extraño", y que atrajera al espectador magnética y fatalmente hacia ella. Uma es hermosa como June, hermosa en su fragilidad y en su fuerza, en su audacia e inseguridad. Esas contradicciones que coexisten siempre detrás del disfraz, la máscara que June nunca se quita. Anaís caerá, como Henry, en la trampa. Y ambos emprenderán una búsqueda que pronto sabremos inútil. Intentarán desnudar a June, despojarla de todas sus máscaras. Comprenderla. Ese esfuerzo será el motor creativo de ambos. Los enigmas que habitan en June, llevarán a Anaís y Henry a escribir como no lo habían hecho antes, y a retarse entre ellos. June es la "musa" de ambos, una musa que "vive del reflejo de sí misma en los ojos de los demás", de las atenciones de sus amantes quienes intentan comprenderla. Buscando a June, Anaís se encontrará a sí misma y encontrará a Henry que le inspirará una pasión desmedida: "I overflow. And when I feel your excitement about life flaring, next to mine, then it makes me dizzy." (Carta de Anaís para Henry, en A Literate Passion : Letters of Anais Nin and Henry Miller 1932-1953, Harcourt Brace 1989, p.36)Pasión o locura? Realidad o teatro? "Were we acting for each other?" -preguntará Henry. El espectador deberá dejarse seducir por la intriga que representa June, acompañar a Anaís en su búsqueda, ser cómplice de sus travesuras, participar del carnaval y pervertirse si necesario.
Propuse Henry and June para disfrutar en grupo del juego de claros oscuros que Kaufman crea, el mundo de ensoñaciones, neblina, cuartos poco iluminados y humo que sirven como escenificación de la turbulencia psíquica de los protagonistas. Ese mundo inquietante que he estado revisitando desde que me prestaron la película, y que he descubierto de otra manera en Sexus de Miller. Viendo la película, leyendo sobre la verdadera June, no dejo de preguntarme cuánto influyeron esas tardes con Anaís, y el amor turbulento que ambos sentían por June, en la consolidación de una "manera de decir" propia, en Anaís y en Henry, y también de una "manera de vivir" con el Otro: "Quiero que todo el mundo se desnude, no para enseñar la carne sólo, sino también el alma. A veces me siento tan hambriento, tan voraz, que sería capaz de comerme a la gente. No puedo esperar a que me digan cosas...cómo se sienten... lo que quieren... y demás. Quiero masticarlos crudos... averiguar por mi cuenta... rápido, al instante." (Henry Miller, Sexus) Este es el Henry que he aprendido a admirar y a reconocer de vez en cuando en mí misma. Espero que de H y J intoxique, gentil veneno, el blog y nuestras reuniones y que provoque en cada uno una reacción intensa, milleriana.
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martes, 7 de junio de 2011
Tras el ensayo, fantasmas de los espejos
Estamos en un escenario teatral. No somos público de butacas, o muy pocas veces nos lo permite la película, sino la mirada que persigue, cuestiona y acaricia a los actores en escena.
Acaban de ensayar. Esta actitud de fervor que todavía queda del ensayo, de lo que no vimos en escena pero sí sentimos en su energía, le brinda soltura a la dinámica entre el director y sus actrices. Este no es el montaje, apenas y a ratos asomos de ensayo, sino las permanencias de la obra en el cuerpo. Esta es la preparación del cuerpo - tanto el del director como el de los actores -, relajar y templar el rostro para provocar la vibración de los gestos, ese silencio que ellos emanan más allá del querer decir de las intenciones, agudizarlos hasta hacerlos el acorde de un instrumento; cada gesto la palpitación del órgano entero. En esta preparación, los actores no sólo ensayan sus personajes: son ensayados ellos mismos como personajes. Y este doblez, el de ensayarse a sí mismo en las tablas, exhibirse a sí mismo antes de exhibirse ante el público, es el que provoca una desnudez entre sus diálogos. Que a veces hace que el melodrama se desborde, sí, pero que con agudeza, la película retoma la reflexión sobre el acto de actuar como límite intrínseco al acto de ser como en esa imagen donde, mientras uno de los actores habla, al fondo, un gran espejo refleja a su interlocutor, pero borroso, desenfocado.
Es esta imagen, del rostro que cuando habla, se desdice en el otro haciéndose borrón de sí mismo, la que me deja pensando en este ensayo entre personajes y actores, unos y otros fantasmas de lo que quedó, ya ni siquiera en las tablas, sino en ese momento de ensayar, exponerse.
Acaban de ensayar. Esta actitud de fervor que todavía queda del ensayo, de lo que no vimos en escena pero sí sentimos en su energía, le brinda soltura a la dinámica entre el director y sus actrices. Este no es el montaje, apenas y a ratos asomos de ensayo, sino las permanencias de la obra en el cuerpo. Esta es la preparación del cuerpo - tanto el del director como el de los actores -, relajar y templar el rostro para provocar la vibración de los gestos, ese silencio que ellos emanan más allá del querer decir de las intenciones, agudizarlos hasta hacerlos el acorde de un instrumento; cada gesto la palpitación del órgano entero. En esta preparación, los actores no sólo ensayan sus personajes: son ensayados ellos mismos como personajes. Y este doblez, el de ensayarse a sí mismo en las tablas, exhibirse a sí mismo antes de exhibirse ante el público, es el que provoca una desnudez entre sus diálogos. Que a veces hace que el melodrama se desborde, sí, pero que con agudeza, la película retoma la reflexión sobre el acto de actuar como límite intrínseco al acto de ser como en esa imagen donde, mientras uno de los actores habla, al fondo, un gran espejo refleja a su interlocutor, pero borroso, desenfocado.
Es esta imagen, del rostro que cuando habla, se desdice en el otro haciéndose borrón de sí mismo, la que me deja pensando en este ensayo entre personajes y actores, unos y otros fantasmas de lo que quedó, ya ni siquiera en las tablas, sino en ese momento de ensayar, exponerse.
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viernes, 27 de mayo de 2011
domingo, 22 de mayo de 2011
Perseguidores, perseguidos, olvidados
Caminas por la calle, entre anónimos. Aun reconocer un rostro es el engaño de entumecidos; poco después y sin darte cuenta volverás a ser de la multitud. Eres parte de este tumulto, este tumor de gente, masas de rostros que no te importan y que no te pueden importar si quieres seguir. Eres otro anónimo, nunca tú, yo, ni él, mucho menos nosotros, no vas hacia el nombre, sino cada vez más lejos de él. Te inquieta si sientes que persigues a alguien o que alguien te persigue, aunque apenas coincidan en estas calles que son sólo para acallar la naturaleza, ahora sobrenaturaleza, de los días.
Es esta sensación de perseguidores y perseguidos la que se queda conmigo de Following: la calle es un túnel de donde los ecos de cada conciencia murmuran, desolados, como el azar que despierta a los transeúntes en su rutina de vida, de trabajo, de pasiones. La música y la fotografía resuenan como una persecusión latente. Y es este rasgo el que desaparece más pronto en la película para convertirse en una repetición, un truco de narrar la historia en distintos tiempos. Aquí es cuando la emoción de la película se sostiene por creer sus sorpresas, pero no porque Cobb, la rubia o el joven escritor sean fascinantes. Ella misma se enreda en su trama y sale de ella, desentendida de imaginar esa vida latente de las calles o de sacar de las entrañas la escritura que hace el joven. Así como la rubia y el joven son anónimos y el único que tiene nombre es quien los engaña, todo esto termina importando poco. Son otros anónimos como nosotros cuando caminamos por la calle, con una vida que comienza y termina en cada rostro, con sueños pequeños, esos que esta película no termina de descubrir su relevancia en la textura particular que le brinda cada uno con su cuerpo. Todo ha sido un engaño de quien se satisface de ser buen narrador y ahora, más allá de las sorpresas que sólo marean, cuando Cobb es otra cara entre transeúntes, ya nada importa.
Es esta sensación de perseguidores y perseguidos la que se queda conmigo de Following: la calle es un túnel de donde los ecos de cada conciencia murmuran, desolados, como el azar que despierta a los transeúntes en su rutina de vida, de trabajo, de pasiones. La música y la fotografía resuenan como una persecusión latente. Y es este rasgo el que desaparece más pronto en la película para convertirse en una repetición, un truco de narrar la historia en distintos tiempos. Aquí es cuando la emoción de la película se sostiene por creer sus sorpresas, pero no porque Cobb, la rubia o el joven escritor sean fascinantes. Ella misma se enreda en su trama y sale de ella, desentendida de imaginar esa vida latente de las calles o de sacar de las entrañas la escritura que hace el joven. Así como la rubia y el joven son anónimos y el único que tiene nombre es quien los engaña, todo esto termina importando poco. Son otros anónimos como nosotros cuando caminamos por la calle, con una vida que comienza y termina en cada rostro, con sueños pequeños, esos que esta película no termina de descubrir su relevancia en la textura particular que le brinda cada uno con su cuerpo. Todo ha sido un engaño de quien se satisface de ser buen narrador y ahora, más allá de las sorpresas que sólo marean, cuando Cobb es otra cara entre transeúntes, ya nada importa.
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lunes, 16 de mayo de 2011
Bergman: Persona (1966)
La crisis de Elisabet. El diagnóstico de la doctora. La confianza de Alma. La estadía en la casa a las orillas de la playa. Una identidad asible y posible. Incluso Alma y Elisabet. La película como conciencia de ser película. ¿Acaso todo esto podría ser un sueño?
Viendo de nuevo las imágenes de Persona, ahora como dos segmentos, o dos reflejos de un mismo espejo: a partir de esos días en la playa - los sueños de una estadía - y a través de la reiteración de que estamos ante una película - los sueños de la identidad -, cada una de sus imágenes adquieren la angustia de la ambigüo. No de la vaguedad, esa que permite escapar de lo real. Más bien, son sueños que, al tenerlos dormidos en nosotros e imaginarlos sabiendo que son creación, sí, pero de nuestra más callada intimidad, los soñamos con el placer de encontrar siquiera una textura otra que se quede en nosotros, sin que lo recordemos, como el amanecer que llevamos en nosotros al despertar cada mañana, aunque no lo hayamos visto.
¿Es este sueño, ambiguo como una imagen pero preciso como una pesadilla, en lo que se traduce la identidad? Elisabet y Alma podrían ser vistas - por lo tanto leídas - como metáforas del cuerpo, de la religión, del arte, pero esto sería caer en las trampas de la fe y lo trascendente para evadir lo más íntimo, este abismo que las bordea a ambas, una de otra, una en otra: el silencio, estancia donde cualquier metáfora se renueva al borde de su fragilidad, la imagen. Si hablar con Elisabet es traducir una piedra - como esa lectura que le hace Alma en la playa donde, del primer plano del rostro de Elisabet, siguen planos paisajes de piedras mientras se escucha la lectura -, su silencio es un espejo que convierte las palabras de la doctora, de su esposo y de Alma en ecos sordos de ellos mismos, murmullos que apenas alcanzan el contorno de Elisabet, esa línea frágil que la separa de todo lo demás donde apenas la mirada nos mantiene en vilo.
Como en esta escena, donde la música va dejando en sombras el rostro de Elisabet hasta que sólo las pupilas de sus ojos sostengan la sombra - ¿y no es acaso así como nos sostiene el arte? -, la mirada traza la experiencia a partir de esbozos y borrones. La mirada, la de la cámara, la de los personajes y la de nosotros espectadores, se articula como un plano-contraplano que busca su identidad, su continuidad, en el otro, en lo que tiene al frente y lo confronta. En esta necesidad del otro - de sus palabras, de su compañía, de sus gestos -, más que una relación vampírica de succionarle su vida hasta encontrar algo propio, siquiera un amago de reconocimiento, Elisabet y Alma, una en la otra, ya están hechas de estas relaciones, relaciones para continuar sus vidas, casarse y tener hijos, llevar a cabo un papel y terminar la filmación, en fin, seguir trabajando que es seguir actuando. Decir que esta es una relación vampírica sería quedarse con la sangre que chupa Elisabet del brazo de Alma, quedarse con la "nada" que repite Elisabet, sin ver que ya esta no es una relación terrible que ensordece nuestra rutina, sino que permite que la película termine y sigamos viviendo, no sin antes ver la pizca de egoísmo en torno a la que giran nuestras vidas, para creer que la película terminó cuando ya ha ido configurando nuestra manera de ver las cosas, creer que nos ha brindado una mirada aunque también tomó de la nuestra para hacerse visible. Y así como nos preguntamos ¿dónde quedan las miradas de la historia, asomadas en escenas de guerra y protestas, de una mano crucificada, de un cortometraje de los comienzos del cine, de un pene, de un sacrificio, incongruencias que inician la película como una mirada que carga con una historia de imágenes pero que no le interesa detenerse en ellas, sino exhibirlas?, quedamos con la desarmante inquietud de si la película nos ha exhibido a nosotros también, hasta desnudar nuestro aislamiento en estas dos pupilas, fijas, islas, en busca de sentido. Y cuando nos vemos en el espejo, a ratos nos pareciera ser dos mitades diferentes, ser dos rostros, dos reflejos de asimetría que la mirada desea unificar en uno solo.
Viendo de nuevo las imágenes de Persona, ahora como dos segmentos, o dos reflejos de un mismo espejo: a partir de esos días en la playa - los sueños de una estadía - y a través de la reiteración de que estamos ante una película - los sueños de la identidad -, cada una de sus imágenes adquieren la angustia de la ambigüo. No de la vaguedad, esa que permite escapar de lo real. Más bien, son sueños que, al tenerlos dormidos en nosotros e imaginarlos sabiendo que son creación, sí, pero de nuestra más callada intimidad, los soñamos con el placer de encontrar siquiera una textura otra que se quede en nosotros, sin que lo recordemos, como el amanecer que llevamos en nosotros al despertar cada mañana, aunque no lo hayamos visto.
¿Es este sueño, ambiguo como una imagen pero preciso como una pesadilla, en lo que se traduce la identidad? Elisabet y Alma podrían ser vistas - por lo tanto leídas - como metáforas del cuerpo, de la religión, del arte, pero esto sería caer en las trampas de la fe y lo trascendente para evadir lo más íntimo, este abismo que las bordea a ambas, una de otra, una en otra: el silencio, estancia donde cualquier metáfora se renueva al borde de su fragilidad, la imagen. Si hablar con Elisabet es traducir una piedra - como esa lectura que le hace Alma en la playa donde, del primer plano del rostro de Elisabet, siguen planos paisajes de piedras mientras se escucha la lectura -, su silencio es un espejo que convierte las palabras de la doctora, de su esposo y de Alma en ecos sordos de ellos mismos, murmullos que apenas alcanzan el contorno de Elisabet, esa línea frágil que la separa de todo lo demás donde apenas la mirada nos mantiene en vilo.
Como en esta escena, donde la música va dejando en sombras el rostro de Elisabet hasta que sólo las pupilas de sus ojos sostengan la sombra - ¿y no es acaso así como nos sostiene el arte? -, la mirada traza la experiencia a partir de esbozos y borrones. La mirada, la de la cámara, la de los personajes y la de nosotros espectadores, se articula como un plano-contraplano que busca su identidad, su continuidad, en el otro, en lo que tiene al frente y lo confronta. En esta necesidad del otro - de sus palabras, de su compañía, de sus gestos -, más que una relación vampírica de succionarle su vida hasta encontrar algo propio, siquiera un amago de reconocimiento, Elisabet y Alma, una en la otra, ya están hechas de estas relaciones, relaciones para continuar sus vidas, casarse y tener hijos, llevar a cabo un papel y terminar la filmación, en fin, seguir trabajando que es seguir actuando. Decir que esta es una relación vampírica sería quedarse con la sangre que chupa Elisabet del brazo de Alma, quedarse con la "nada" que repite Elisabet, sin ver que ya esta no es una relación terrible que ensordece nuestra rutina, sino que permite que la película termine y sigamos viviendo, no sin antes ver la pizca de egoísmo en torno a la que giran nuestras vidas, para creer que la película terminó cuando ya ha ido configurando nuestra manera de ver las cosas, creer que nos ha brindado una mirada aunque también tomó de la nuestra para hacerse visible. Y así como nos preguntamos ¿dónde quedan las miradas de la historia, asomadas en escenas de guerra y protestas, de una mano crucificada, de un cortometraje de los comienzos del cine, de un pene, de un sacrificio, incongruencias que inician la película como una mirada que carga con una historia de imágenes pero que no le interesa detenerse en ellas, sino exhibirlas?, quedamos con la desarmante inquietud de si la película nos ha exhibido a nosotros también, hasta desnudar nuestro aislamiento en estas dos pupilas, fijas, islas, en busca de sentido. Y cuando nos vemos en el espejo, a ratos nos pareciera ser dos mitades diferentes, ser dos rostros, dos reflejos de asimetría que la mirada desea unificar en uno solo.
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lunes, 9 de mayo de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
sábado, 30 de abril de 2011
Por haber vivido, orquestas el absurdo de los sueños
Después de ver Du Levande, curioseando más sobre ella como quien quiere seguir explorando un tesoro que acaba de descubrir, me incomodó un poco que se referían a las historias que tejen la película llamándolas "viñetas", como si cada personaje fuese independiente de los demás o estuviera protagonizando un cortometraje aparte. Y no.
Lo que más me fascina de esta película es cómo va articulando una vida citadina con cada escena, agudizando la mirada en los sueños, temores y deseos de estos personajes. Si son asomos por su brevedad, la agudeza está en cuánta tristeza transmiten las escenas con su paleta de colores (claros casi hasta ser pasteles) que, junto con el humor en las situaciones, conjugan la lentitud y repetición de los personajes, la música, los diálogos, en imágenes de una angustia latente, no sobrecargada.
Estamos ante personajes completos, a los que sólo podemos ver a través de planos generales y usualmente fijos. Pero no porque ellos sean imaginados así, la mirada no deja de atenderlos, de enfocarlos en el centro, concentrando también nuestras sensaciones, nuestras risas, nuestra desesperanza, y así, poco a poco, nuestro propio absurdo. Sí, las historias pueden verse como viñetas de una ciudad similares a las viñetas de una caricatura, pero verlas así sería deshilar la continuidad que conjugan entre ellas, escuchar cada instrumento sin atender que forman parte de una banda fascinante y graciosa, porque todos quieren ser escuchados, pero siempre de una manera distinta, hasta que se atropellan y nos hacen reír, no sin antes con un resabio de cierta amargura.
Vemos la que suponemos una entrada de un edificio, la Planta Baja. Al fondo y en el centro, un ascensor bastante ocupado abre sus puertas metálicas. Un señor está entrando en el edificio. Nadie hace un esfuerzo por permitir que el señor, quien acelera el paso, casi por no dejar, llegue a tiempo. Las puertas se cierran. Automáticamente, el se dispone a subir las escaleras. Es aquí cuando su manera de subirlas hacen notar su cansancio y, en la pared, casi a oscuras, se descubre la penumbra de un aguamarina pastel que en el resto del lugar es más claro. Este subir las escaleras, como quien pasa desapercibido, con un caminar pesado de años, es el germen de la confesión que nos hace el mismo señor luego, cuando descubrimos que es psiquiatra; confesión a nosotros, como un desahogo que la mirada ha descubierto como una necesidad y no un capricho. Así como su caminar, su voz pesa con el cansancio que lo ha agotado entre los anhelos y las tristezas de los otros, entre la capacidad de hacerlos felices y la resignación de acudir a las pastillas, resignación ante el oficio que poco a poco, también, nos ha gastado a nosotros mismos.
Anna, una entre tantas Anna que asoma la película, nos confiesa su sueño. Su confesión parece ser escuchada por los presentes en el bar; tan presentes como anónimos, tan presentes que poco muestran atención a las palabras de Anna, aunque asumimos que escuchan. Anna nos muestra su sueño, entre la música de la guitarra eléctrica que suena evocando el final o el principio de un viaje feliz. ¿Y no es esta la impresión que provoca el esposo de Anna? Nunca queda claro si Micke Larsson existe más allá de Anna. Nadie más parece reconocerlo como lo hace ella. Su primer encuentro parece una casualidad cómplice sólo entre ellos. Mejor, que no quede claro, es más fascinante Micke como sueño y este sueño como la cristalización de un anhelo, una alegría genuina que se asoma en la película como se asoma el público a felicitar a los recién casados, una alegría efímera como tiene que ser toda alegría para ser verdadera. Poco antes de esto, la mirada nos arrima levemente, casi imperceptiblemente, más hacia la ventana. Notamos que el paisaje se desliza por ella como quien va en un carro, pero van en la que parece su habitación, cálida, cómoda. La propia habitación se descubre como un lugar dislocado de la dinámica citadina, una habitación para ellos, y que no puede permanecer fija como los edificios de una ciudad, si queremos atesorarla.
Escojo estas dos escenas como imágenes de confesiones entre sueños, como parte de una mirada que, por el efecto entre su distancia y su ritmo, surge la agudeza de descubrir las contradicciones del día a día citadino. Estas contradicciones se despiertan entre ambigüedades, guiños que pueden pasar desapercibidos por lo sutiles que son, y que me hacen preguntarme si toda la película no es sino un gran sueño compuesto de diversos sueños, por su atmósfera neblinosa en la que se aceptan las situaciones más raras como si fueran variaciones de una misma tristeza y un mismo anhelo. Y si no es un gran sueño, se convierte en una tremenda premonición del sueño que cuenta el primer citadino que vemos, premonición de un cielo que poco vemos a lo largo de la película, hasta el final, aunque incluso aquí, en apariencia se muestra desde un ángulo ambiguo, que no aclara si estamos viendo hacia arriba o hacia abajo. Acaso sea esta una imagen de la ambigüedad que habla de toda la película, sueño o premonición, tristeza y anhelo, orquesta de una ciudad donde incluso para ver el cielo no nos olvidamos de los edificios que nos atraviesan la mirada.
Lo que más me fascina de esta película es cómo va articulando una vida citadina con cada escena, agudizando la mirada en los sueños, temores y deseos de estos personajes. Si son asomos por su brevedad, la agudeza está en cuánta tristeza transmiten las escenas con su paleta de colores (claros casi hasta ser pasteles) que, junto con el humor en las situaciones, conjugan la lentitud y repetición de los personajes, la música, los diálogos, en imágenes de una angustia latente, no sobrecargada.
Estamos ante personajes completos, a los que sólo podemos ver a través de planos generales y usualmente fijos. Pero no porque ellos sean imaginados así, la mirada no deja de atenderlos, de enfocarlos en el centro, concentrando también nuestras sensaciones, nuestras risas, nuestra desesperanza, y así, poco a poco, nuestro propio absurdo. Sí, las historias pueden verse como viñetas de una ciudad similares a las viñetas de una caricatura, pero verlas así sería deshilar la continuidad que conjugan entre ellas, escuchar cada instrumento sin atender que forman parte de una banda fascinante y graciosa, porque todos quieren ser escuchados, pero siempre de una manera distinta, hasta que se atropellan y nos hacen reír, no sin antes con un resabio de cierta amargura.
Vemos la que suponemos una entrada de un edificio, la Planta Baja. Al fondo y en el centro, un ascensor bastante ocupado abre sus puertas metálicas. Un señor está entrando en el edificio. Nadie hace un esfuerzo por permitir que el señor, quien acelera el paso, casi por no dejar, llegue a tiempo. Las puertas se cierran. Automáticamente, el se dispone a subir las escaleras. Es aquí cuando su manera de subirlas hacen notar su cansancio y, en la pared, casi a oscuras, se descubre la penumbra de un aguamarina pastel que en el resto del lugar es más claro. Este subir las escaleras, como quien pasa desapercibido, con un caminar pesado de años, es el germen de la confesión que nos hace el mismo señor luego, cuando descubrimos que es psiquiatra; confesión a nosotros, como un desahogo que la mirada ha descubierto como una necesidad y no un capricho. Así como su caminar, su voz pesa con el cansancio que lo ha agotado entre los anhelos y las tristezas de los otros, entre la capacidad de hacerlos felices y la resignación de acudir a las pastillas, resignación ante el oficio que poco a poco, también, nos ha gastado a nosotros mismos.
Anna, una entre tantas Anna que asoma la película, nos confiesa su sueño. Su confesión parece ser escuchada por los presentes en el bar; tan presentes como anónimos, tan presentes que poco muestran atención a las palabras de Anna, aunque asumimos que escuchan. Anna nos muestra su sueño, entre la música de la guitarra eléctrica que suena evocando el final o el principio de un viaje feliz. ¿Y no es esta la impresión que provoca el esposo de Anna? Nunca queda claro si Micke Larsson existe más allá de Anna. Nadie más parece reconocerlo como lo hace ella. Su primer encuentro parece una casualidad cómplice sólo entre ellos. Mejor, que no quede claro, es más fascinante Micke como sueño y este sueño como la cristalización de un anhelo, una alegría genuina que se asoma en la película como se asoma el público a felicitar a los recién casados, una alegría efímera como tiene que ser toda alegría para ser verdadera. Poco antes de esto, la mirada nos arrima levemente, casi imperceptiblemente, más hacia la ventana. Notamos que el paisaje se desliza por ella como quien va en un carro, pero van en la que parece su habitación, cálida, cómoda. La propia habitación se descubre como un lugar dislocado de la dinámica citadina, una habitación para ellos, y que no puede permanecer fija como los edificios de una ciudad, si queremos atesorarla.
Escojo estas dos escenas como imágenes de confesiones entre sueños, como parte de una mirada que, por el efecto entre su distancia y su ritmo, surge la agudeza de descubrir las contradicciones del día a día citadino. Estas contradicciones se despiertan entre ambigüedades, guiños que pueden pasar desapercibidos por lo sutiles que son, y que me hacen preguntarme si toda la película no es sino un gran sueño compuesto de diversos sueños, por su atmósfera neblinosa en la que se aceptan las situaciones más raras como si fueran variaciones de una misma tristeza y un mismo anhelo. Y si no es un gran sueño, se convierte en una tremenda premonición del sueño que cuenta el primer citadino que vemos, premonición de un cielo que poco vemos a lo largo de la película, hasta el final, aunque incluso aquí, en apariencia se muestra desde un ángulo ambiguo, que no aclara si estamos viendo hacia arriba o hacia abajo. Acaso sea esta una imagen de la ambigüedad que habla de toda la película, sueño o premonición, tristeza y anhelo, orquesta de una ciudad donde incluso para ver el cielo no nos olvidamos de los edificios que nos atraviesan la mirada.
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jueves, 21 de abril de 2011
Bergman: Luz de invierno o "Los comulgantes" (1962)
"Si pudiéramos sentirnos seguros, para atrevernos a demostrar cariño. Si pudiéramos creer en una verdad. Si pudiéramos creer" (Luz de invierno)
Comienza la misa. Unos pocos feligreses, el silencio de sus miradas distraídas. Tomas dice las oraciones respectivas, repetidas por su propia voz como si ella no pudiera sostener su cuerpo, palabras dudosas ahora entre quienes atienden al ritual. Tomas se aferra al artificio de un discurso en el que no confía, Märta se aferra a la fuerza de la palabra.
La palabra de Märta carga con su dolor físico, pero no se regodea en él, sino que produce maneras de acercarse y de cuidar a Tomas. Su palabra evoca dolor al mismo tiempo que provoca el alivio de leves certezas, por más que esto la vuelva amargada debido a la frialdad de Tomas.
Quizá, la palabra de él recupere el carácter religioso cuando su misa pierda la voz condescendiente del silencio desde el cual observa todo fríamente y su vocación lo acerque como parte de ese sufrimiento más profundo que vincula a todo ser humano con lo originario (palabra escabrosa que reduciré aquí como todo relato o mito fundacional: religiones, mitologías, tradiciones orales). Cuando la palabra por sí sola un vínculo y no apenas un titubeo. En fin, cuando ella, aunque ya no pueda ser verdad absoluta, sea una verdad a partir del valor que tiene para quien la enuncia. Queda la duda, entonces, de si al final Tomas se ha vuelto a refugiar en la palabra reiterativa de la misa inicial o si ha visto, en la reflexión del sacristán, una esperanza.
Ella está consciente del sentimentalismo con que se victimiza ante Tomas, pero su franqueza hace que la palabra sea eco de su cuerpo. La palabra es el instrumento de su fragilidad. Evoco la carta dicha por ella en primer plano (su mirada, ojos que desnudan el dolor ajeno acusando el suyo), expresando las palabras que le ha escrito a Tomas, haciéndonos ver la raíz disecada de nuestro egoísmo, imprimiendo en nosotros (¿a quiénes ven estos ojos si no es a nosotros mismos?) la semilla de una entrega, incierta y a la expetactiva como toda entrega, pero abierta a la vida del alrededor. Märta, rostro desgarrador de la palabra, metáfora de Cristo o imagen del amor, antes que esto, persona que se reconoce como instrumento y por quien la palabra es el reconocimiento de que nombrar implica ceder el cuerpo de uno para el otro. En la mirada de Märta, entre desconciertos, está la certeza de que sus palabras son el instrumento de su propia entrega.
La palabra de Märta carga con su dolor físico, pero no se regodea en él, sino que produce maneras de acercarse y de cuidar a Tomas. Su palabra evoca dolor al mismo tiempo que provoca el alivio de leves certezas, por más que esto la vuelva amargada debido a la frialdad de Tomas. Quizá, la palabra de él recupere el carácter religioso cuando su misa pierda la voz condescendiente del silencio desde el cual observa todo fríamente y su vocación lo acerque como parte de ese sufrimiento más profundo que vincula a todo ser humano con lo originario (palabra escabrosa que reduciré aquí como todo relato o mito fundacional: religiones, mitologías, tradiciones orales). Cuando la palabra por sí sola un vínculo y no apenas un titubeo. En fin, cuando ella, aunque ya no pueda ser verdad absoluta, sea una verdad a partir del valor que tiene para quien la enuncia. Queda la duda, entonces, de si al final Tomas se ha vuelto a refugiar en la palabra reiterativa de la misa inicial o si ha visto, en la reflexión del sacristán, una esperanza.
"'Pase lo que pase, tienes que decir tu misa'. Es importante para los feligreses, es más importante aun para ti. Si también es importante para Dios, ya lo veremos. Si no hubiera otro dios que tu esperanza, también sería importante para ese dios" (Ingmar Bergman, Linterna mágica)
jueves, 14 de abril de 2011
Trailer de Du levande o "La comedia de la vida" (2007)
Aquí hay otro trailer, el cual se ve mejor, pero tiene subtítulos en sueco nada más.
Me siguen inquietando tanto las imágenes de esta película. Hay algo dislocado entre lo que hacen los personajes y donde están. Al menos esta es la impresión que me dejan algunas escenas del trailer.
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miércoles, 13 de abril de 2011
Imágenes y sonidos de Yi yi (y 3): Yang Yang
"Lo siento, abuela. No es que no quisiese hablar contigo. Creo que todo lo que pueda decirte debes saberlo ya. Si no, no me lo dirías siempre. Todos dicen que te has ido. Pero tú no me dijiste a dónde ibas. Supongo que es a algún lugar que crees que debería conocer. Pero, Abuela, yo sé muy pocas cosas. ¿Sabes qué quiero hacer cuando sea mayor? Quiero contar a la gente cosas que no sepan. Mostrarles cosas que nunca hayan visto. Será muy divertido. Si lo hago, ¿puedo decirle a todos y llevarlos a que te visiten? Abuela. Te echo de menos. Sobre todo, cuando veo a mi primito recién nacido que aún no tiene nombre. Él me recuerda que tú siempre decías que te sentías vieja. Quiero decirle a mi primito que me siento viejo también".
Yang Yang, su mirada atenta, bajo el silencio de la inocencia, en su flux nos deja la vaga impresión, y por vaga nos engaña con ternura sin darnos cuenta de que nos prepara para la fragilidad incontenible de las lágrimas, de que un pequeño hombre entra en la sala. Su curiosidad, la de sus ojos, la de sus travesuras, la de sus preguntas, encanta como el placer de jugar. De hecho, acudimos a sus jugueteos de amor como la conformación de un clima, la atmósfera de calma que la vida de cada personaje ha ido enhebrando en imágenes, cada imagen es un gesto, parsimonioso sí, pero vital, de los compases que componen la música que es esta película, retrato de una familia que a la vez es la vida de un personaje desgajada en la edad de los personajes. ¿Acaso son estas las lágrimas que nos traen las palabras de Yang Yang: la vejez de su abuela no dista de la suya propia? Las imágenes desentrañables de cada familiar nos descubren que acudimos a la muerte de la abuela con el mismo desasosiego que siente un niño al descubrir el mundo envuelto y desenvuelto en él. ¿Acaso Yang Yang rechaza hablar con ella en la cama por esto, por lo que desarma la enfermedad en el cuerpo de cualquiera? Poco importan las razones, sino las maneras. ¡Y cómo (nos) lee, voz, susurro a la expectativa, palabras que se tropiezan con preguntas correteando respuestas! La mirada de Yang Yang atiende a su abuela, casi como si esperara que ella le respondiese, así como la película atiende a las circunstancias de N. J., Min Min, Ting Ting con humor y delicadeza, pero hay una liviandad que encausa a todos los personajes en este diálogo (sí, es el monólogo de Yang Yang y aun así sus palabras encarnan la generosidad y entendimiento de una conversación) que los reduce a ausencias como las sillas vacías al fondo del niño. Al final, acudimos a la muerte como atendemos a las pérdidas del día a día.
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sábado, 9 de abril de 2011
miércoles, 6 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
Du Levande (Roy Andersson, 2007) Suecia

Título: Du levande (Tú, viviente) o La Comedia de La Vida (2007)
País: Suecia
Dirección y guión: Roy Andersson
Actores: Jessika Lundberg, Elisabeth Helander, Björn Englund, Leif Larsson, Olle Olson, Kernal Sener.
Género: Comedia dramática
Música: Bonnie Moten¨s Kansas City Orchestra
Du levande es una mirada sobre la existencia humana desde el punto de vista de varios personajes: una mujer con sobrepeso, un psiquiatra, un carpintero, una profesora de educación infantil y su marido vendedor de alfombras entre muchos otros.
Es una película rara que cuenta en 50 sketches, a veces interconectados, situaciones de la vida cotidiana. Paseándose por los motivos que nos mueven a todos: música, amor, la madre, la familia, el bar o el hijo mantenido.
Filmada con actores no profesionales y con un look algo extraño Du Levande nos enseña un poco a saber, sino a engañarnos, lo simple y cotidiana construcción de nuestra vida.
Esta película rinde homenaje a la vida, es decir, a nosotros...
Pero ¿Quién se salva de no reflejarse?
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Yamileth
"Hasta para hablar de uno mismo hay que investigar" (Franco de Peña)
En los minutos a lo largo de cada día hay palabras que acompañan tu camino, como sorpresas de la mirada vestidas de casualidades, palabras, imágenes, frases, puñados de imaginación y pensamiento, aquello que preferimos llamar 'tema', aunque nos provoque una curiosidad mucho más allá de lo académico de este término.
Y así se inició esta semana (o así me pareció que se iniciaba lo que es un constante continuo), metiéndome en la investigación que emprende Benjamín Esposito en El Secreto de sus Ojos (2009) de Juan José Campanella, investigación de un crimen, que a la vez se descubre investigación de una pasión y de su escritura. Habría que detenerse en cuáles son las diferencias entre pasión y escritura, si es que las hay. ¿Acaso no son ambas bifurcaciones y cruces de una investigación? La pasión define nuestro movimiento y, sin darnos cuenta, el movimiento interior de los días. Es aquí donde queda cuajado el hacer (el de cualquier oficio: social, legal, literario, económico, en fin, vital) y donde se gesta el sentido de justicia que la película retrata con una precisión aterradora. Llegamos al final desamparados por la credibilidad, nos creíamos armados de un sentido de justicia, al borde de la novela de Benjamín que queda como referencia y comentario entre personajes, en el centro de dos amores, el del crimen y el de la investigación, en el descubrimiento de una imagen que se revela con la fuerza de la ambigüedad, la evocación: las pasiones, en el descuido de las sombras, nos vuelven serviles hasta volvernos verdugos de nuestra propia condición de esclavos. La angustia se agolpó como ahogo de piedras que apenas contenía en mi garganta: ¿estamos sometidos a llevar a cabo nuestra justicia, indefensos ante una justicia mayor como la legal, sin importar lo que la crueldad haga peligrar en los demás y en nosotros mismos?
Estas imágenes, de la pasión como motor de cada persona, como gestación de una obra, como germen de la vida, estuvieron merodeando los días de esta semana, cuajando las reflexiones que me dejó la película hasta convertirlas en impresiones, incluso en descubrimiento cuando, el miércoles, en una clase magistral de Franco de Peña sobre dirección de actores partiendo de su Your Name is Justine (2005) o "Atrapada", como la tradujeron aquí, dijo que "hasta para hablar de uno mismo hay que investigar". Tal vez la sencillez de la frase habría hecho que se me escapara en otro momento, pero las impresiones que traía despertaron más curiosidad en mí, como a veces lo que transcurre a lo largo del día que nos hace recordar un sueño de anoche o de alguna noche. Curioseando en la palabra investigar, me percato por el diccionario que proviene de vestigio, en latín "planta del pie", "suela", "huella", por lo tanto, seguir las huellas de los pies, y de inmediato viene, casi caricaturizada, la imagen del detective con la lupa hacia el suelo. Pero la frase del director me cita hacia otros pasos, me devuelve a los pasos de El Secreto de sus Ojos, la investigación como búsqueda de una pasión, la que hurga con atención, nunca desde la distancia, sino dentro de uno como el paleontólogo que, apenas con un pincel, va descubriendo un fósil de un esqueleto incierto. No es el tamaño o la fuerza lo que importa de un instrumento, sino cómo este nos usa para trabajar. Lo vívido se fija en los ojos hasta que se transforma en nuestra mirada (o nos transforma en mirada). La mirada es el primer gesto de la pasión. Cuando caemos en cuenta de esto, las impresiones se hacen más inasibles. Si, como dicen, los ojos son la ventana del alma, lo son como estas puertas de suelo que contienen un sótano asomado en el misterio de las escaleras, a la expectativa, en la mudez de la oscuridad
Y así se inició esta semana (o así me pareció que se iniciaba lo que es un constante continuo), metiéndome en la investigación que emprende Benjamín Esposito en El Secreto de sus Ojos (2009) de Juan José Campanella, investigación de un crimen, que a la vez se descubre investigación de una pasión y de su escritura. Habría que detenerse en cuáles son las diferencias entre pasión y escritura, si es que las hay. ¿Acaso no son ambas bifurcaciones y cruces de una investigación? La pasión define nuestro movimiento y, sin darnos cuenta, el movimiento interior de los días. Es aquí donde queda cuajado el hacer (el de cualquier oficio: social, legal, literario, económico, en fin, vital) y donde se gesta el sentido de justicia que la película retrata con una precisión aterradora. Llegamos al final desamparados por la credibilidad, nos creíamos armados de un sentido de justicia, al borde de la novela de Benjamín que queda como referencia y comentario entre personajes, en el centro de dos amores, el del crimen y el de la investigación, en el descubrimiento de una imagen que se revela con la fuerza de la ambigüedad, la evocación: las pasiones, en el descuido de las sombras, nos vuelven serviles hasta volvernos verdugos de nuestra propia condición de esclavos. La angustia se agolpó como ahogo de piedras que apenas contenía en mi garganta: ¿estamos sometidos a llevar a cabo nuestra justicia, indefensos ante una justicia mayor como la legal, sin importar lo que la crueldad haga peligrar en los demás y en nosotros mismos?
Estas imágenes, de la pasión como motor de cada persona, como gestación de una obra, como germen de la vida, estuvieron merodeando los días de esta semana, cuajando las reflexiones que me dejó la película hasta convertirlas en impresiones, incluso en descubrimiento cuando, el miércoles, en una clase magistral de Franco de Peña sobre dirección de actores partiendo de su Your Name is Justine (2005) o "Atrapada", como la tradujeron aquí, dijo que "hasta para hablar de uno mismo hay que investigar". Tal vez la sencillez de la frase habría hecho que se me escapara en otro momento, pero las impresiones que traía despertaron más curiosidad en mí, como a veces lo que transcurre a lo largo del día que nos hace recordar un sueño de anoche o de alguna noche. Curioseando en la palabra investigar, me percato por el diccionario que proviene de vestigio, en latín "planta del pie", "suela", "huella", por lo tanto, seguir las huellas de los pies, y de inmediato viene, casi caricaturizada, la imagen del detective con la lupa hacia el suelo. Pero la frase del director me cita hacia otros pasos, me devuelve a los pasos de El Secreto de sus Ojos, la investigación como búsqueda de una pasión, la que hurga con atención, nunca desde la distancia, sino dentro de uno como el paleontólogo que, apenas con un pincel, va descubriendo un fósil de un esqueleto incierto. No es el tamaño o la fuerza lo que importa de un instrumento, sino cómo este nos usa para trabajar. Lo vívido se fija en los ojos hasta que se transforma en nuestra mirada (o nos transforma en mirada). La mirada es el primer gesto de la pasión. Cuando caemos en cuenta de esto, las impresiones se hacen más inasibles. Si, como dicen, los ojos son la ventana del alma, lo son como estas puertas de suelo que contienen un sótano asomado en el misterio de las escaleras, a la expectativa, en la mudez de la oscuridad
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