lunes, 19 de septiembre de 2022

Susurros y ritmos contemplativos en dos obras de Meritxel Colell

Susurros, claroscuros, planos detalle e imágenes granulosas interrogan al espectador de Dúo. La obra fue estrenada recientemente en España y es de Meritxell Colell. Atrae por la confidencia que implica para ella observar. Procuremos algunas preguntas antes de detenernos en esto.

En esta, la vigésimo segunda de Colell, ¿estamos viendo sueños y vigilia, o fragmentos de diario audiovisual de la amante en esta pareja de artistas? ¿Son estas sus confesiones? ¿Cuándo se separaron y actualmente siguen juntos? De antemano sepamos que responder con precisión estas preguntas o saber que este es el cierre del díptico iniciado Con el viento (2018); nos acercará solo a tientas a la intimidad insondable propuesta por Colell.


Mónica García y Gonzalo Cunill, los protagonistas, tardan en decir dónde están. Sí, podemos sospechar localidades por los créditos que se trata de una coproducción argentino-española, también por los tonos rojizos de la tierra, y el acento de algunas lugareñas. Pero la borradura de un lugar compŕobable reafirma que Meritxell también se interesa por las vaguedades.

Sepamos antes, o mejor dicho durante la obra, que esta pareja recorre Jujuy. Hace muestras de su trabajo actoral. Cansados de la ciudad y también de otros pasajes, han emprendido esta incertidumbre. Quizá también cansados de sí mismos, de una muerte paterna que se menciona a las apuradas. 

Mertixell confía en sus intérpretes y en la narración que si bien está fuera de plano, se escucha susurrada como si se dijera entre sueños o hablando a solas. Ello favorece la falta de límites buscada. 

¿Deberíamos estar escuchando esto? ¿A quién se lo dice? ¿A esos abuelos antepasados de los que hablan las mujeres jujeñas, ellos que custodian las montañas?

A contramano del ritmo sosegado de Dúo, la aceleración de La ciutat a la vora, obra mostrada recientemente en el 22 Doc Buenos Aires, ironiza la apertura con cita de Robert Walser*, escritor suizo. Esa contemplación posterior es apresurada por el montajey el ritmo.

Cada dos o tres segundos un corte entre planos muestra instantes situados filmados en el litoral limítrofe entre Barcelona y Colserolla. Además el catálogo de sonidos incluye bocinas, aleteos de pájaros y la voz de Meritxell indicando lugares. Con esta gracia sutilmente irónica, ella apresura planos filmados en súper 8 como susurrándonos mira con atención, no te confíes en exceso de las parsimonias citadas al inicio.

Su aprovechamiento de inserts, común en Dúo si bien con resultados diferentes, integran a los ciudadanos a una ciudad que pretende olvidarlos, como también los protagonistas decidieron olvidarse de la ciudad. Esta dualidad se retroalimenta dentro de cada película y también en la relación entre ambas. Ninguna plantea parias, más bien maneras de seguir recuperando la tierra y el autocuidado desde lo limítrofe. 

Mertixell los filma sembrando. Usan y muestran sus manos. Dicen cómo fueron olvidados por el ayuntamiento; cómo decidieron ponerse a un lado de lo central. Se resisten a ser filmados. Entonces son narrados por la realizadora o por la tipografía sobre la imagen. Así lo sentimos. 

En estos planos, la resistencia en las maneras de mostrar entrama con soltura lo íntimo de una comunidad. Levemente emotivo, el ritmo en la duración de los planos está sostenido por el montaje excepto en dos tomas donde la imagen en movimiento se detiene.

Así, Dúo y La ciutat a la vora pueden ser "sinfonías" donde comunidad e intimidad dialogan por la gracia técnica de Colell y su equipo. Como señala el propio Gamba, las comillas marcan varias décadas y siglos de diferencia en las maneras de componer e integrar hoy en día.


* "Con supremo afecto y atención tiene que estudiar y contemplar el que pasea la más pequeña de las cosas vivas, ya sea un niño, un perro, un mosquito, una mariposa, un gorrión..."

domingo, 27 de marzo de 2022

Tony Area y su experiencia con los premios de la Academia hollywoodense

Él se considera a sí mismo un aficionado al cine. 

Lo conocí por primera vez como Another Friends Fan en los foros de cine de Goldderby.com por allá en 2003.  Él me conoció como The Others.

A los meses, cuando en el foro yo me había convertido en Woolfville y él en AFF, nos conocimos en persona en Caracas. 

Juntos vimos, entre otras, Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Million Dollar Baby, Brokeback MountainInglorious Basterds Vicky Cristina Barcelona. Paseábamos por algunas librerías y discotiendas de Caracas. Compartíamos sobre lo que nos encontramos y de autores como Bergman, Bresson, Dreyer, Ozu y Mizoguchi.

Hoy en día Tony reside en Berlín. Políglota y gran melómano, su memoria y su destreza analítica nos ofrecen conversaciones dichosas, algunas de ellas publicadas en este blog y grabadas en audio. 

A continuación conversamos sobre su experiencia con el Óscar y sus predicciones para la ceremonia que hoy cumple noventitrés años.

Yo: ¿Qué recuerdas de la primera vez que viste la ceremonia?

Él: Recuerdo que era...larga y bastante opulenta. Ciertamente más formal que las posteriores. Habré visto la segunda mitad. Fue la de 1999 para las películas de 1998. El año de Shakespeare in Love

Yo: Y de esas primeras ceremonias qué te gustaba ver

Él: Ver quién ganaba a pesar de que no habré visto a muchos de los nominados, especialmente las categorías de actuación. El suspenso me gustaba.

Yo: Te gusta ver los clips de las actuaciones y cómo reaccionan, ¿algunas que todavía tengas presentes de esos primeros años?

Él: El "I have a sexual identity crisis" de Hilary Swank por Boys Don't Cry.

- ¿Tienes alguna sorpresa predilecta en las categorías técnicas de aquellos primeros años que viste?

Tony A: Hmmm... Tengo que pensarlo un poco...

- Es bastante específico. A mí se me ocurren una o dos, al menos de las vividas

Tony A: Cuáles?

- El maquillaje de La Môme y la música de Up que tampoco estoy muy seguro si aplican como sorpresas

Tony A: Esa es la cosa...me cuesta recordarlas como sorpresa...

- Cuando te fogueaste más con la temporada de premios de los años posteriores, ¿sientes que se perdió el suspenso que inicialmente disifrutabas?

Tony A: Se ha perdido un poco debido a la excesiva cantidad de precursores que ahora existen.

- Con cuáles sorpresas de la última década consideras que los votantes de la Academia han podido paliar esto en cuanto a triunfos y nominaciones

Tony A: Moonlight, sin duda. La nominación a actuaciones como Marion Cotillard por 'Dos días, una noche' o Paweł Pawlikowski por Cold War. Demuestran una actitud un poco más independiente e idiosincrática.

- Totalmente. ¿Y cuándo comenzaste a interesarte por la historia del Óscar previa a 1998?


Tony A: No tengo un momento específico. Se fue dando con el paso del tiempo.

- Ok, ¿y esto te llevó a ver más clásicos de Hollywood?

Tony A: Sí, sin duda alguna. Los Oscars fueron definitivamente una guía de cine.

- ¿Qué películas o directores descubriste gracias a los Oscars, al menos las que más agradeces?

Tony A: Definitivamente West Side Story, Gone with the Wind, A Streetcar Named Desire y varios clásicos de los 70 de Coppola, Scorsese, Altman y Allen, entre otros.

- ¿Hay alguna de estas con la que hayas dicho "excelente que la Academia haya nominado o premiado tal aspecto"?

Tony A: Definitivamente Vivien Leigh y Rita Moreno. Y claro, la nominación de Marlon Brando.

- Total. ¿Y consideras que tu búsqueda de cine fuera del hollywoodense tuvo que ver con alguna decepción con AMPAS o siempre fueron caminos paralelos?

Tony A: Hmmm... Sí, creo que tuvo que ver con un cierto patrón que tienen muchas películas nominadas y ganadoras que caen en lo genérico y la fórmula.


- Finalmente, cuáles son tus ganadoras favoritas desde que ves la ceremonia en vivo, y cuáles son favoritas antes de ese año:

Tony
Película: 
All about Eve y No Country for Old Men.
Actor: 
Marlon Brando (On the Waterfront)
Casey Affleck (Manchester by the Sea)
Actriz: 
Vivien Leigh (Gone with the Wind)
Marion Cotillard (La vie en rose)
Actor secundario: 
George Sanders (All about Eve)
Javier Bardem (No Country for Old Men)
Actriz Secundaria: 
Rita Moreno (West Side Story) y Dianne Wiest (Hannah and Her Sisters
Tilda Swinton (Michael Clayton)

viernes, 21 de enero de 2022

Ganadores de la sexta Guayaba de Oro (2020-2021)

Ficción Favorita

Atlantique

Ema

La hija de un ladrón

J'ai perdú mon corps

Never Rarely Sometimes Always

Sin señas particulares


Documental Favorito

Adiós a la memoria

Érase una vez en Venezuela

Ficción privada

Silvia

Whitney

Yermo


Dirección Favorita

Everardo González, Yermo

Eliza Hittman, Never Rarely Sometimes Always

Pablo Larraín, Ema

Anabel Rodríguez Ríos, Érase una vez en Venezuela

Fernanda Valadez, Sin señas particulares


Actuación Favorita

Kathy Bates, Richard Jewell

Lola Dueñas, Viaje al cuarto de una madre

Sidney Flanigan, Never Rarely Sometimes Always

Nicole Kidman, Bombshell

Gastón Re, Un Rubio

Érica Rivas, Los sonámbulos

Talia Ryder, Never Rarely Sometimes Always

Leonardo Sbaraglia, Dolor y Gloria

Marisa Tomei, The King of Staten Island


Elenco Favorito

Bombshell

I'm thinking of ending things

El príncipe

Los sonámbulos


Guion Favorito

Mati Diop y Olivier Demangel, Atlantique

Alejandro Moreno, Guillermo Calderón y Pablo Larraín, Ema

María Silvia Esteve, Silvia

Astrid Rondero y Fernanda Valadez, Sin señas particulares

Eliza Hittman, Never Rarely Sometimes Always


Fotografía Favorita

Fejmi Daut y Samir Ljuma, Honeyland

Hélène Louvart, Never Rarely Sometimes Always

Drew Daniels, Waves

Nelson Hume, Whitney

Everardo González, Yermo


Montaje Favorito

Javier Campos, El guardián de la memoria

Sepp R. Brudermann, Érase una vez en Venezuela

Benjamin Massoubre, J'ai perdu mon corps

Affonso Uchoa, Mascarados

Scott Cummings, Never Rarely Sometimes Always

María Silvia Esteve, Silvia

Paloma López Carrillo, Yermo


Banda Sonora Favorita

Mascarados

Alberto Iglesias, Dolor y Gloria

El Ángel

Ya no estoy aquí

Dan Levy, J'ai perdú mon corps

Nicolás Jaar, Ema

Michael Andrews, The King of Staten Island

Trent Reznor y Atticus Ross, Waves


Vestuario favorito

Malena de la Riva y Gabriela Fernández, Ya no estoy aquí

Paola Torres, Dolor y gloria

Colleen Atwood, Bombshell

Julio Suárez, El Ángel

Felipe Criado, Ema


Sets y locaciones favoritos

Ya no estoy aquí

Sin señas particulares

Honeyland

Mascarados

Waves

Ema

Yermo

martes, 24 de agosto de 2021

Noche de Fuego, primer largometraje de ficción de Tatiana Huezo

Por: Maricruz Gómez

Noche de Fuego (Prayers For the Stolen, México, 2021), obtuvo la Mención Especial del Jurado en el Festival de Cannes, en el que participó en la sección: Una Cierta Mirada y mereció la ovación del público durante diez minutos. Es el primer largometraje de ficción de la documentalista Tatiana Huezo y fue producido por Nicolás Celis, reconocido por su trabajo en Roma (Alfonso Cuarón, México, 2018). Netflix anunció el 11 de agosto que la estrenará, como parte de su campaña #QueMéxicoSeVea, pero hasta el momento no ha dado a conocer la fecha exacta.

El guión, escrito por Huezo, está basado en la novela Prayers for the stolen / Ladydi (Penguin Random House, 2014), de la poeta y novelista norteamericana Jennifer Clement, avecindada desde la edad de tres años en Acapulco, Guerrero. Ella llevó a cabo una larga investigación en ese estado, sobre la trata de personas y específicamente sobre el rapto de niñas y adolescentes con fines de explotación sexual. También realizó una indagación al respecto con algunas mujeres presas en el penal de Santa Martha Acatitla, en la Ciudad de México.

Tanto la película como la novela nos muestran desde una mirada femenina, el contraste entre la belleza y la fealdad, la alegría y la tristeza, la fantasía infantil y la realidad atemorizante. Noche de Fuego retoma un fragmento de la vida de Ladydi García Martínez, protagonista de la novela, para que mediante los ojos de Ana, conozcamos su entorno, su cotidianidad, la relación con su madre, con su padre ausente, con sus mejores amigas: Paula y María; y en general con su comunidad integrada mayormente por mujeres.

Como sucede en muchos poblados de nuestro país, la comunidad rural en la que vive Ana, enclavada en una zona serrana llamada Neblinas de la Sierra Gorda de Querétaro; sufre las consecuencias de la migración de los hombres en busca de mejores ingresos, la desparición forzada de personas, el sistema de producción, distribución y tráfico de drogas que se convierte en la mejor opción laboral para quienes se han quedado; y el rapto con fines de explotación sexual, de mujeres jóvenes; además del feminicidio.

La historia inicia con el sonido de la respiración agitada de Ana y su madre Rita, quienes después descubrimos que están cavando apresuradamente una zanja en el patio trasero de su casa; más tarde nos enteraremos que ésta servirá de escondite para Ana. De esta manera Rita busca protegerla de aquello que les sucede a todas las jóvenes del pueblo. La narración es lineal, sencilla y ágil de principio a fin y muestra un entorno que corresponde con la realidad en la que en este mundo, el nuestro, se moverían personajes como ellas.


Ana es una niña de aproximadamente siete años, que como cualquier otra, vive en un mundo de fantasía, juega a leer la mente con sus amigas y entrena su oído junto a su madre para identificar el sonido de los motores de las camionetas de los narcos, pues ella sabe que tiene que correr a ocultarse en la zanja, en cuanto están cerca. De este modo, la protagonista va descubriendo que el mundo es un lugar hostil y difícil de sobrellevar, pues ser una mujer joven implica peligro. En palabras de Ladydi, protagonista de la novela: en ese lugar lo mejor que le puede ocurrir a una niña es nacer fea. Quizá por eso la mamá de María, quien nació con labio leporino, se observa un poco más confiada que el resto.


Cuando la protagonista se convierte en una adolescente, con inquietudes y conductas rebeldes, su situación se vuelve más dificil porque ella busca su independencia y reclama a su madre que haga que le corten el cabello y que la oculte; al tiempo que sabe la razón y que, paradójicamente, de eso depende la preservación de su integridad y libertad. Este film va de ser una niña o adolescente "normal" en un contexto donde lo común es la violencia y ser mujer una condena, en algunos casos, de muerte.

Las niñas de ese pueblo crecen con sentimientos encontrados; por un lado, desean expresar su ser femenino de acuerdo a los cánones y preceptos sociales; y por otro, tienen que cuidarse de no hacerlo, pues mostrar cualquier dejo de coquetería implica ponerse en riesgo. Ellas sufren la pérdida de su cabellera, la renuncia a los vestidos y accesorios que denoten feminidad e incluso para ellas enamorarse parece estar prohibido; mientras sus madres temen perderlas a medida que se convierten en adolescentes, en ese contexto, la llegada de la menstruación no se celebra, se teme.

El film mantiene al público en constante tensión, pues observamos cómo estas tres niñas/adolescentes están en riesgo constante de ser raptadas y violentadas por el simple hecho de tener una corporalidad que a medida que se desarrolla, las convierte en seres objetivados para el disfrute de los hombres, especialmente de aquellos que ejercen el dominio sobre su comunidad: los narcos y los militares.


En esta historia, la milicia no representa un grupo que proteja o inspire respeto; por el contrario, ante ellos ha de sentirse desconfianza y temor, como lo muestra Huezo en la escena en la que Paula expresa con temor: ¡No los miren a los ojos!, y en la que la cámara, al igual que Ana, en un acto de rebeldía, observan a esos hombres que aparecen como seres despojados de bondad y humanidad. Las relaciones sexo-genéricas en las que el poder se ejerce de manera simbólica se muestran en escenas como ésta.

La imagen, la música y el diseño sonoro son relevantes para contar esta historia y se integran para provocar en el público sensaciones y emociones. Los planos abiertos y a detalle funcionan como pausas visuales que evocan, con su belleza, cierta esperanza de que no todo puede estar tan mal, aunque lo esté.

Los tonos verdes de la vegetación, el azul del cielo y los colores brillantes de los insectos y animales que ahí habitan; contrastan con el gris de las rocas, de las minas que muestran la explotación desmedida en pos del progreso y la destrucción del entorno. Son espacios inertes ocupados mayormente por los varones, quizá para decirnos de manera implícita, que en ese universo se retoman las equivalencias dicotómicas mujer-naturaleza y hombre-cultura.

Las imágenes de la naturaleza nos remiten a la ópera prima documental de Huezo: El lugar más pequeño (México, 2011), en la que ella explora parte de sus raíces salvadoreñas y sobre todo, cómo las personas se sobreponen al dolor y la violencia que años de vivir en guerra han dejado en sus vidas.

El trabajo actoral de Mayra Batalla (Rita) destaca por su desempeño y por tener el mérito de haber guiado al grupo de niñas actrices naturales que aparecen a cuadro, entre éstas, las protagonistas: Ana Cristina Ordónez González (Ana niña) y Mayra Membreño (Ana adolescente).

En este universo no hay lugar para los derechos humanos, menos aún para los derechos de las mujeres y las niñas. Nos enfrentamos a un mundo adverso, misógino y cruel; y en contraste, Huezo nos muestra que las mujeres adultas se fortalecen unas a otras, generan redes, se apoyan, se confían y se acompañan. Las niñas por su parte, aprenden a cuidarse a sí mismas y a las otras, al tiempo, que lo que más desean es jugar, imaginar, aprender y asistir a la escuela para ser, por ejemplo, maestras.


Los procesos "naturales" de crecer y madurar, en ese lugar se encuentran trastocados por distintas violencias: la comunitaria, la institucional, la social, la de género, la simbólica y la feminicida. Aunque esto que nos aterra se trata de una ficción, no está tan alejada de lo que Tatiana Huezo nos muestra en su segundo trabajo documental: Tempestad (México, 2016), que aborda aspectos de nuestra realidad nacional como: el crimen organizado, la desaparición de mujeres y las fallas en la procuración de justicia.

Esta película retoma distintos temas, entre ellos el de la trata de personas con fines de explotación sexual y específicamente el rapto de mujeres adolescentes por parte de grupos ligados al crimen organizado y protegidos por aquellos poderosos, como lo ha hecho antes David Pablos en su ópera prima, también basada en una novela homónima de Jorge Volpi, Las Elegidas (México, 2015). Aunque 10 años antes la periodista Lydia Cacho denunciara la existencia de una red de explotación sexual y pornografía infantil ligada al poder del Estado, en su libro: Los demonios del edén. El poder que protege a la pornografía infantil (Grijalbo, 2005) y que retomara, para construir el guión del documental homónimo, la también directora Alejandra Islas (México, 2007).

En algún momento, entre juego y juego, Ana pregunta a Paula y María: ¿Qué creen que nos pase cuando una de nosotras de repente se vaya?, momento terrible y angustiante para quien mira, pues la auscencia forzada es un fantasma presente en todo momento en la vida de las mujeres del pueblo, sea porque temen ser raptadas o porque han sufrido ya la pérdida de sus hijas, amigas, hermanas, vecinas y compañeras de la escuela. Esta situación se torna una realidad cuando la Comisión Nacional de los Derechos Humanos da a conocer los resultados de su Diagnóstico sobre la Situación de Trata de Personas en México (2019), y nos enteramos que las niñas y mujeres de este país representan el 85% de las victimas de este tipo de delitos, en contraste con el 15% de los niños y hombres.

La migración masculina, la incorporación de los hombres más jóvenes a las filas del narcotráfico o su muerte y/o desparición, llevan a las mujeres, los niños y las niñas del pueblo a buscar medios económicos que les permitan sobrevivir, mismos que encuentran, con frecuencia, en el trabajo de recolección de materia prima para narcóticos ilegales, lo que también les brinda cierto nivel de protección o les abre la posibilidad de hacerse de medios económicos que les permitan migrar a un sitio más seguro.

En ese lugar el estereotipo de la madre que da la vida por sus hijos e hijas queda manifiesto en la valentía que muestra Rita ante los captores que llegan a su casa un día diciéndole: ¡venimos por la niña, madre!, ante lo que ella machete en mano, niega tener una hija; y como público sufrimos por ver cómo ellos entran en su casa buscando a Ana y nos sorprende la fortaleza que muestra su madre, ya que no la vemos desmoronarse hasta que pierde de vista la camioneta de los criminales.

Finalmente, la rebelión del pueblo, el fuego que nos brinda la esperanza de una posible transformación, y el hartazgo ante el rapto de las jóvenes de la comunidad, puede dar a las y los espectadores, un momento de catarsis. La propuesta de Tatiana Huezo es bella y sencilla, pero a la vez compleja y nos plantea incógnitas profundas a las que es difícil dar una respuesta, por ejemplo, ¿la rebelión del pueblo será suficiente para detener la violencia estructural basada en una cultura misógina y feminicida que nos objetiviza a las mujeres, despojándonos de nuestros derechos más esenciales como: existir y vivir libres de violencias?

jueves, 5 de agosto de 2021

Feral, el contraste de lo humano y el miedo a la otredad

Por: Maricruz Gómez

La palabra feral es definida por la Real Academia Española (RAE), como un adjetivo para indicar que algo es cruel o sangriento. También se utiliza para referirse a aquellas personas o infantes que fueron criados por animales, confinados (as) o de manera aislada por haber sido abandonados(as) en un medio natural. Así, a nuestra mente vienen historias como la de Mowli, protagonista de The Jungle Book (El libro de las tierras vírgenes) escrito por Rudyard Kipling y la película de los estudios Disney El libro de la Selva (1967 / 2016); o la de Tarzán personaje de ficción creado por Edgar Rice Burroughs, protagonista de cómics, programas de radio y televisión y films. Tampoco podemos evitar pensar en la leyenda de Rómulo y Remo o en casos más o menos recientes como el de la niña ucraniana Oxaya Malaya dado a conocer en 1991 cuando fue encontrada viviendo junto a los perros con los que convivió 6 de sus 8 años, debido al descuido de sus padres. Feral como sinónimo de la otredad “salvaje” desprovista de lo que se ha considerado como propio de lo “humano”.



En 2019, Feral (México, 2018) ópera prima de Andrés Kaiser, fue nominada al galardón por mejores efectos especiales de los premios Ariel. Kaiser mediante mezclar datos reales y ficción, nos brinda un trabajo híbrido entre el falso documental y el metraje encontrado (found footage), en el que se reconstruye la vida del ex monje Juan Felipe de Jesús González, desde su oprimida infancia hasta su vida adulta como ex integrante del monasterio benedictino de Santa María de la Resurrección en Ahuacatitlán, Morelos (México). Este film se estrenó en 2018, durante el Festival Internacional de Cine de los Cabos donde recibió el premio México Primero y también se hizo acreedor a los galardones Fispresci y Tráiler Art Kingdom.


La orden benedictina de Santa María de la Resurrección fue fundada por el Gregorio Lemercier (conocido como José), sacerdote de origen belga que al finalizar la década de los 50 desafió lo establecido al oficiar el ritual de la misa en español y de frente. También introdujo el psicoanálisis como terapia entre los monjes. Así, en Feral presenciamos el contraste de la realidad y la ficción, la ciencia y la religión, el mito y la historia o el psicoanálisis y el catolicismo.


No sólo la obra de Lemercier está llena de contrastes y controversias, también su vida. Se dice que fue amonestado, y finalmente renunció a la Iglesia católica en 1967. Declaró públicamente que la Iglesia no temía a Freud, sino a lo sexual. Se casó con una pianista de nombre Graciela Rumayor, y en 1966 fundó el Centro Psicoanalítico de Emaús que funcionó hasta 1982. La orden fundada por Lemercier buscó desatanizar la homosexualidad, tenía considerado incluir a las mujeres y dedicó su centro a atender la salud mental de la comunidad de Ahuacatitlán, aplicando la teoría psicoanalítica de forma grupal. Todo esto no sólo causó conflictos al interior de la Iglesia católica, también separaciones y disputas al interior de los grupos de psicoanalistas en nuestro país.


Lemercier consideró que el problema central de la Iglesia era la cuestión de lo natural y lo sobrenatural. Fue a partir de sufrir una alucinación a causa de un cáncer ocular, que recurrió a la psiquiatría y al psicoanálisis, y se centró en explorar la diferencia entre la alucinación y la aparición; así se empeñó en el análisis de la experiencia subjetiva y en unir la religión y la inteligencia, mismas que veía como opuestas.


El experimento, propuesto por Lemercier, de enviar a psicoanálisis “silvestre” a los monjes de su monasterio, fue una decisión cuestionada por la Iglesia católica por lo que el 28 de mayo de 1967 le prohibió continuar con su práctica, lo que desencadenó la disolución del monasterio, debido a la renuncia de él y la mayoría de los monjes de la congregación, y el Centro Psicoanalítico Emaús dejó de brindar atención a los jóvenes drogadictos y psicóticos de la comunidad. Es después de este evento que Kaiser sitúa su guión basado en la obra de Vicente Leñero Pueblo rechazado, quien además inspiró al director a partir de relatar la historia del monasterio de Lemercier.



En 1986, después de la desaparición del monasterio de Santa María de la Resurrección, el ex monje Juan Felipe de Jesús intenta vivir como ermitaño en la sierra de Oaxaca y su intención se ve afectada por su encuentro con tres niños/a ferales, pues retomando las enseñanzas religiosas y psicoanalíticas de Lemercier, busca  reeducar y evangelizar, tal como lo hiciera el médico Jean-Marc-Gaspard Itard, pionero de la educación especial, con Víctor Ayveron, en el lejano año de 1801. De este modo, el protagonista se enfrenta a los distintos desafíos que implican estos seres: escasas o nulas habilidades sociales como: la incapacidad para controlar la emisión de heces y orina, la falta de interés por las actividades humanas, la dificultad para caminar erguidos o para aprender un lenguaje humano. Lo anterior muestra el trabajo de investigación que al respecto realizó Kaiser y que provoca en el público asombro, inquietud e intriga.


Esta película plantea, como ya se ha dicho, contrastes y quien la mira no sólo queda atrapado(a) por la historia, sino en la reflexión de cómo las creencias e ideas intervienen en la forma en la que vemos y nos comportamos frente a los que consideramos muy distintos/as de nosotros/as. Es posible reconocernos en la actitud paternal/paternalista de Juan Felipe, al intentar reintegrar a estos niños/as a la sociedad y también en su ira y frustración que ocultan su narcisismo y sus ideas de cómo deben ser las personas; sus creencias se quiebran ante los retos que se  le presentan y que según vemos, trastocan su mente mostrando su bondad y su maldad a modo de los personajes de El doctor Jekyll y el señor Hyde (Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, Robert Louis Stevenson, 1886), obra que también aborda el tema de la moral y la naturaleza humanas.


La historia se cuenta mediante fotografías, fragmentos de videos “caseros” (sesiones con los niños/a que Juan Felipe documentó con su cámara de video), y entrevistas (en las que nunca vemos la cara del/a periodista), a distintos participantes: personas del pueblo, compañeros del monasterio y especialistas, entre estos destaca la participación del reconocido historiador norteamericano John Mraz, especialista en la representación en medios como la fotografía y el cine, quien hace una aparición hablando respecto a los niños/as ferales. Este montaje nos recuerda a la célebre Canoa: denuncia de un hecho vergonzoso (Felipe Cazals, México, 1976), en la que también observamos la influencia de la religión, la fe, las pésimas decisiones que toman los clérigos y cómo el miedo hacia lo desconocido (lo otro) moviliza a un pueblo, generando violencia y terror.


Los/as actores/actrices profesionales y naturales se mezclan muy bien y permiten que la persona que observa olvide las caras conocidas y se sumerja en este documental/ficción. Destaca el trabajo actoral de Héctor Illanes (Juan Felipe) y José Ángel García (Funesto), lo mismo que la de los niños y niña actores naturales cuyo casting duró ocho meses y quienes debieron tomar, además de un taller de actuación, clases de expresión corporal con el bailarín de danza butho, Jaime Razzo, para dar vida a Cristóbal, Juan y Antonia, nombres que Kaiser retoma de los niños mártires de Tlaxcala y que dejan ver la influencia de su formación básica en colegios católicos de San Luis Potosí.


Esta película plantea preguntas y detona reflexiones que continúan después de verla y no da respuestas claras y ni contundentes; así, el público deberá unir las piezas del rompecabezas y la aparición de Funesto, en los últimos minutos, nos da la clave para entender en plenitud la historia. Feral oscila entre el documental y la ficción, el drama y el terror y es una opción significativa, sólida y fresca para quienes amamos el cine de terror mexicano. Marinú



miércoles, 17 de junio de 2020

Masculinidades ambiguas. Cuatro películas de Marco Berger

Varias veces los espectadores de las películas de Marco Berger hemos dicho que él hace cine - de temática - homosexual, como si encasillarlo implicara un logro dentro del cine latinoamericano para visibilizar las relaciones afectivas entre hombres. Y nadie puede negar que un realizador dedicado a personajes de masculinidad ambigua es una anomalía en este lado del mundo. Ya son nueve sus obras enfocadas en hombres que exploran sexual o afectivamente con otros mientras se ponen en perspectiva con su entorno.

Ahora, tal vez esa misma etiqueta haya hecho que espectadores gays se disgusten con tanta heteronorma en la obra del realizador argentino. Porque en el sentido estricto, Berger retrata relaciones homosexuales pero no precisamente gays o LGBTIQA+. En sus películas no hay personajes transexuales, travestis, afeminados, asexuados, nutrias ni osos*.  Tampoco podría decirse que son personajes “alegres”, como significaba la palabra hace cincuenta años o más. Simplemente son hombres con cuerpos definidos pero bastante tristes o “serios” en sus acercamientos al otro, estos que el nicho de las aplicaciones llaman “masculinos” o la izquierda llamaría “hegemónicos”. 

Sus películas tampoco cumplen del todo los códigos de los géneros cinematográficos. Como mucho Plan B (2009) y Un Rubio (2019) calzarían respectivamente dentro de la comedia y el drama, pero si algo comparten los personajes masculinos de su obra hasta ahora es cierto letargo, como un dejar hacer ante la ambigüedad de su entorno. La duración de sus planos suele prolongarse por varios segundos y hay muchas tomas fijas en sus obras.

Ahora, lo verdaderamente incómodo en su cine es la manera de hurgar en la soledad de estos hombres, en la distancia autocreada por esa imagen de masculinidad. Para el marco de este texto, escribiré solo a partir de Ausente (2011), Un Rubio (2019), Taekwondo (2016) y la recién estrenada El Cazador (2020), pero con miras a un acercamiento posterior más amplio.


El Cazador, estrenada recientemente en la plataforma CINE.AR, trata sobre personajes que terminan teniendo encuentros homosexuales por dinero. Ezequiel y Mono son dos amigos que pasan una tarde juntos luego de coincidir en una pista de skaters. El jugueteo sexual entre ellos desencadena acuerdos más turbios de los que tenía en mente Ezequiel en un principio.

A partir de ahí, Berger plantea el deseo desde la ambigüedad. Esto es lo que ha venido trazando en su filmografía previa con variaciones sutiles o considerables también. Por ejemplo, Taekwondo es una película coral por más que destaquen cada tanto los escarceos entre Fernando y su amigo. La cámara se distrae tanto con los múltiples personajes vacacionando que incluso hay más relaciones heterosexuales que las tan achacadas al autor cordobés en su filmografía.

En sus obras a Berger le interesa la grieta de la masculinidad más firme, no enrostrarnos lo queer. Si nos empeñamos en la palabra visibilizar (parecería que durante siglos la sociedad fue ciega o hizo la vista gorda), Marco bordea con sus hombres lo ambiguo, cierta complicidad delatora. La lucha trans por su parte se deslinda frontalmente de lo heteronormado, mientras que estas películas muestran una lucha desde los bordes entre lo hetero y lo homo. A diferencia de Fernando en la mencionada Taekwondo; Gabriel, Sebastián y Bruno luchan desde adentro, se apartan aun estando en esa misma norma del hombre gay que no lo aparenta.


Que el realizador visibilice lo que los gays más 'discretos' usualmente confrontamos, puede ser un camino fácil. Incluso dentro de la comunidad homo, mostrar nuestra feminidad todavía está mal visto por varios. Y más todavía para los hombres heterosexuales. Parece que el juicio es: lo masculino debería disimular sus maneras. Sí, es una discriminación dentro de la misma minoría. Y esa apariencia de hombría desolada por haberse delatado dubitativa está presente en estas cuatro películas.

Pero también es cierto que Berger descompone a nivel visual la fisonomía de estos cuerpos y no solo mostrando el miembro viril en varias ocasiones. En Ausente, por ejemplo, antes de los primeros cinco minutos de transcurrida la película, toma planos detalle de los pies, las piernas, las manos y el torso del protagonista. En esta ocasión no vemos su bulto aunque la escena transcurre en un consultorio médico y la excusa valdría.


Como si estudiar sus cuerpos nos brindara pistas de cómo se desenvuelve la belleza para subsistir, estos personajes hallan un lugar silencioso y sugerido en medio del letargo. Al final, en El Cazador no sabemos qué le cuenta Ezequiel a su padre y aunque fija posición, en Un Rubio Gabriel queda solo y en silencio. Tal ambivalencia nos brinda cierres nunca ilusionados pero sí firmes en cuánto a cómo estos dos hombres se apartan de un entorno viciado de autoengaños.

Tampoco pasemos por alto que incluso esa decisión de mostrar penes en Taekwondo o en Un Rubio tiene un detalle. Están flácidos, no erectos. Parecería una pequeñez este rasgo a quien le incomode una verga en escena por la gratuidad pero es significativo si consideramos que a Berger le interesa la masculinidad en reposo, tal vez a modo de compensar también tanto cine hetero donde las mujeres muestran los senos o la vagina en mucha mayor proporción que lo hacen los hombres.


Más allá de esta proporción que no hace una película mala o buena (sea sobre relaciones hetero o gay), es Un Rubio donde las búsquedas de esta masculinidad ambigua y desolada adquieren una carga más clara y frágil. Ahí Berger condena las conformidades de bisexualidad discreta de Juan y libera a Gabriel (Gastón Re) de contradicciones con las que venía viviendo. Y toma estas decisiones a nivel visual sin necesidad de estridencias. Nadie muere ni hay gritos de reproche propias del melodrama. Ambos protagonistas llevan “su procesión por dentro” pero toman decisiones al respecto. La virilidad descarada de ambos compañeros se aflige del aislamiento y se evade con el sexo o con juegos efímeros.

Ello no le impide que haya varias escenas de una carga erótica frontal. Si algo remarca Berger en sus películas es que el hombre también es un animal sexual. Y así como en sus obras previas lo sugería en personajes reprimidos (en Taekwondo apenas el beso final ocurre en penumbras), en Un Rubio son varios los encuentros donde el erotismo es pleno. Esta liberación de ataduras corporales resuena entre los amigos de Juan y sus conformidades con la novia.

Probablemente por esta franqueza no solo visual sino también en las decisiones de su protagonista, Un Rubio es la más liberad(or)a de estas cuatro películas. La ambivalencia se resuelve durante la obra y de una forma no del todo dialogada entre los personajes, pero sí discursiva a nivel audiovisual y aunque se le achaque cierto constreñimiento en el ritmo. 

No planteo nada más un juego lingüístico con las palabras liberadora y liberada. Entendamos que si tenemos oportunidad de ver personajes libres de sus cargas, podremos también como espectadores liberarnos de los juicios ajenos, y más aún, de los propios que terminan siendo los más recalcitrantes.

* Términos con los que se autodenominan ciertos subgrupos de la comunidad, como si la caza del deseo no fuese solo humana sino sobre todo animal.

lunes, 20 de abril de 2020

Ángel exterminador, ruega por nosotros


Salmo de cuarentena, respondemos todos

- Al levantar la tapa he visto un gran precipicio y al fondo las aguas claras de un torrente.
- Sí y antes de sentarme un águila cruzó unos metros delante de mí.
- Y a mi el viento me lanzó un gran remolino de hojas secas sobre la cara.
- Tengo frío.

El Ángel Exterminador (1962) Luis Buñuel


Un retrato del arcángel Miguel y la biblia de mi abuela me disparan una oración desde mis recuerdos, mientras cumplo mis días de marmota en una ciudad que se ha vuelto mi cuarto y que he podido recorrer con la mirada cautiva desde un balcón prestado. Estas calles responden a mi suspiro ocular como si me hubieran parido y entonces me parece ver a mi abuela calle abajo, anónima transeúnte de un país al que le he confiado su nombre. Contengo las ganas de pedirle la bendición. Los días se repiten o soy yo la que se duplica en estas visiones, ya no sé.
Así también los personajes de Buñuel van tejiendo frases cuyas puntas vuelven a tocarse, repitiéndose a sí mismos, como si el reloj de la Providencia estuviese fallando, y sus tuercas tuvieran que reiniciar sus ciclos para hacer de cada acto viejo y conocido una reafirmación del anterior, resucitando el gesto muerto.
Parece que el ángel exterminador no aguantaba las ganas de salir. Quería andar en bici o estirar sus alas de pájaro y dragón. No lo pensó más, ¿por qué iba a pensar en los otros? ¿Quién de nosotros sacrifica su libertad y sus deseos por los del mundo? El ángel abrió la puerta de la nube, de su casa de pandora. Cuando torció la manilla escuchó la carcajada de Buñuel.
Desde que empezaron estos días trato de hallar ese ángel en este cielo gris. Cada portal de esta casa, que no es la de mis recuerdos, se duplica al infinito sin convertirse en barrotes. Mis cientos de puertas me llevan al mismo lugar que me presenta una versión desconocida de mí en supuesto cautiverio.
En ese recuerdo veo arrinconado un piano que nunca aprendí a tocar y que aún duerme en la distante casa de mi abuela, y entonces me viene a la mente la estampa de aquella burguesía alrededor de ese otro piano de un México de 1962, atrapada dentro de una mansión a causa de algún misterioso maleficio que los priva de la libertad. ¿Será que nos hemos metido en la película?
“No está Lucas”, dice extrañado el personaje al no encontrar quien reciba los abrigos de sus invitados. Toda la servidumbre está desesperada por irse. Los sacude una pulsión opuesta a la celebración. Algunos se escapan de a poco, sin motivo aparente. Han huido “como las ratas de un barco ante el naufragio”, dirá después uno de los personajes de frac. Tal vez los visitó una premonición. Quizás un llamado animal o un llamado de clase. Nosotros no hemos sabido escucharlo. Así como somos sordos ante los tiros de las fronteras y la sangre de sus muros.
“La patria es un conjunto de ríos que van a dar al mar, que es el morir”, afirman dos personajes del film durante el banquete. Y entonces veo las noticias de tal o cual canal, confirmando que de nada sirve parcelar la vida, si la muerte está a flor de piel. Nada nos puede proteger de la furia de un ángel que va descalzo cagado de risa, cosechando las discordias que nosotros mismos sembramos. Un ángel invisible que encontró la llave de nuestra casa y se la tragó.
Desde el día que salió ꟷo más bien la nocheꟷ su furia santificadora nos encerró. Y nos dijo: ya no están en la cumbre de esta pirámide. Y la vida es una mirada que nos cruza y nos parte y que no solo está en sus corazones. Vibra con la pulpa de los árboles, aunque ya estén muertos en sus libros. Vibra en la punta del árbol y en el reventar de las olas. También vibra en el silencio. Usted que tantos libros ha leído, dígame cuántos idiomas pueden nombrar la muerte, leerla y vivirla. Hay canciones que no tienen partitura.
Los burgueses y los no tanto, los que querían perecer y ahora quieren vivir, los que se tiñen el cabello y ya tienen raíces de tubérculo, los que votan por aquel otro, los que roban la electricidad para no vivir en una caverna cada noche, los que quieren salvar la economía, los que quieren vivos a sus abuelos, los que lloran por la naturaleza, los que sufren la pandemia del hambre desde hace siglos; todos se repiten unos a otros que es hasta ahora que han vivido el encierro. Debe ser que antes éramos libres, como libres creían ser los personajes del film antes de permanecer confinados en la sala confortable que sería su calabozo.
 Después de semanas encarnando el desencuentro hemos tenido que vaciar nuestros ombligos y convertirnos en nuestra propia nube, y un poco nuestro propio calvario. Buñuel ya lo representó. Un retorno al medioevo con el hashtag de QuédateEnCasa, solo por si no aprendimos las lecciones de Historia. Bien lo reclamaban nuestros profesores: había que poner atención a las pandemias, pero desde el fondo del aula qué iba a saber yo que aquellas fechas tendrían utilidad. Mis dedos ahora tendrán que temerles a las pulgas, a las mordidas de ratas, a los vuelos de murciélagos y a las miradas de algunos hombres. Llegó esta peste blanca porque siempre han sido blancos quienes han esculpido genocidiosꟷ, salió con sus alas de ángel y sobrevoló todas nuestras certezas evolutivas. Se burló de nuestros ahorros, del progreso y la meritocracia. ¿Quién tiene más mérito de vivir? Quítese el tapaboca el que sepa la respuesta.
Creo que vino a buscar la dignidad humana, y nos vino a sugerir el suicidio como sublimación, el mismo que ejecutan los únicos iluminados del film; esos amantes que detrás de una puerta confían a un arcángel su última muerte y su primer orgasmo, valga la redundancia. Este ángel vino a rompernos los huesos para que no saliéramos ilesos. Nos puso el espejo frente al vómito. Y acá le seguimos echando caca al vecino y tocando cacerolas contra la hinchada opositora. Pero Buñuel empieza a gritar desde la tumba: “los corderos, los corderos”, dice. “La sonata, la sonata”, repite. Se cortaría un ojo si con ello pudiera hacernos recordar al piano, el que aparece en medio del film tirado como un lastre, y que luego cobra protagonismo al final, después de tanta muerte y sacrificio.
La valquiria, un enigmático personaje de la trama, llega a una revelación. Va pidiendo a todos retomar las posiciones que, durante aquella primera noche de encierro, mantenían. Se acerca a la pianista y le recuerda: “usted estaba tocando el piano”. Una epifanía los atraviesa, después de todo para qué les ha servido la razón. Y hacen sonar la música y resucitan la representación absurda. Todos vuelven a repetir sus estampas de gloria, pero ahora con los cuerpos rancios y decadentes que ahora habitan. La música suena, la tragedia se olvida y comienza el juego de la repetición. Una versión más humana que la secuencia original. Todas las víctimas del maleficio volcadas al milagro de la creación. Los arrebata el ritual hipnótico del misterio. La comunión de las almas desde el arte rompe el encantamiento. Pueden salir, dejando sus egos. Se liberan. Pero acá, afuera de los 35 milímetros, ¿quién podrá tocar la música libertaria? ¿Qué mano está libre de mierda? ¿O tendremos que salir a los balcones ꟷlos del almaꟷ y entonar un mismo himno, juntes? Volvernos sirenas para hacer dormir a este ángel, nuestro. Durmiéndose él, puede que nosotros despertemos. O quizás ambos debamos dormir para vivir el mismo sueño redentor. ¡Qué se yo!
Si la música no es lo nuestro, por lo menos empecemos con una oración desde cada balcón ꟷbenditos propietarios y herederosꟷ.
Ángel exterminador: extermina la abulia, extermina la indiferencia, extermina la represión, extermina a los colonos y al colonialismo, extermina al patriarcado, extermina al racismo, extermina la guerra, extermina la injusticia, extermina la mediocridad, extermina los amores con fronteras, extermina a los estafadores de infancias. ¡Deja sonreír a los abuelos! No nos quites el llanto ni la risa solidaria, tampoco el abrazo, ni la noche y su fuego. Limpia la podredumbre, sobre todo la del oro, el petróleo y la sevicia. Lava nuestras miradas con música y líbranos del odio. Ángel exterminador, ruega por nosotros.
Y en medio de esta oración, quien esté libre de sueños y quiera adjudicar la culpa a este ser redentor e imaginario, que lance la primera piedra. 
Amén.


Para verla, descarga la app PopCornTime, está ahí registrada como The angel exterminating.
También está en youtube en calidad precaria
https://www.youtube.com/watch?v=GnFW1BlxOR4

jueves, 2 de abril de 2020

Tres películas de la 6ta muestra de cine español Espanoramas 2020

La claridad emocional de La hija de un ladrón de Belén Funes viene dada por el detenimiento en los aprendizajes de su protagonista a pesar de cierta violencia contenida. Ellos la harán a ella más humana y solitaria, y desde el comienzo están sugeridos en el diseño de sonido de la obra.

Sara (Greta Fernández) tiene una condición auditiva. Esta no se precisa pero sí es evidente en el nivel visual y en los sonidos reiterativos que la rodean como el llanto de bebés aparte de los de su hijo.

Por otro lado, no es aleatoria la normalidad con la que se define a ella misma y también a su hermano. Estos son personajes que se aferran a ser comunes a pesar de sus discapacidades fisiológicas y sus incapacidades para interactuar con el entorno familiar.

El final nos batuquea porque junto con la protagonista caemos en cuenta de que el alcance de sus luchas por su bebé y su hermano menor se desplazan a su novio y su padre respectivamente. Y su mayor triunfo será una novedad que está grabada para que parezca irrelevante: un contrato fijo en una cocina donde hay una buena relación con los compañeros y superiores.


Una inquietud que puede hilar La hija de un ladrón con Buñuel en el laberinto de las tortugas es la soledad. Y no solo porque la primera cierra con el reconocimiento “me voy a quedar sola, ¿verdad?” y en la segunda la Muerte le dice a Buñuel “estás solo”. Se trata de cómo viven estos personajes para tensar las relaciones de su entorno. 

El personaje de Buñuel reconoce finalmente, en la película animada de Salvador Simó Busom, que sus maneras estaban siendo caprichosas con su amigo solo por el compromiso a su propio arte. Como si se nos dijera que no se debería hacer arte desde la ineptitud, los realizadores hallan una manera de reconciliar a los dos amigos. Que aquí se esconda una postura moral al menos queda matizado con el plano de la reconciliación, unas líneas montañosas atraviesan los perfiles de ambos.


A propósito de Buñuel, su cita inicial y lo simétrico en 7 razones para huir, de Soler, Quinto y Torras, es una referencia simbólica y constante durante la obra en el nivel discursivo. Esto es más visible en la primera razón-historia puesto que ya el primer plano nos plantea la asimetría en un detalle: una estatuilla de una familia de tres miembros tiene al hijo descabezado, aunque el resto de la imagen es fija y proporcionada. Este minúsculo desperfecto nos presenta siete historias sacadas del quicio de la indiferencia o la sensibilidad.

La primera y la última son las más fuertes. Retratan las contradicciones nucleares de la sociedad: la familia, el matrimonio y la iglesia.

En esa, la sátira se exacerba a partir de dos padres despedazando a su hijo con sinceridades despiadadas. La cámara y los escasos cortes incentivan la fluidez del humor ante una situación improbable que dinamita juicios sobre el aborto, abusos sexuales y disconformidades familiares.

Y en esta, es destituido cualquier engaño social en pleno casamiento. La novia cuestiona el “hasta que la muerte nos separe”. Y su firmeza expresiva y analítica va desde cuestionar la posición sexual del perrito con nalgadas incluidas a oídos de todos hasta callar al cura por su descaro de sentirse ofendido. Quien crea que estas son historias basadas en la indiferencia, tendrá en ciertos personajes un punto de partida para cuestionar ello.

Películas como esta dan cuenta de ciertos tipos de humor que Fran Gayo, el curador de las muestras, ha escogido ya en otras ediciones como en 2018 con Muchos hijos, un mono y un castillo; y en 2019 con La Llamada y Tiempo después.