EL "VOYEUR" DEL TERCIOPELO
Con Terciopelo Azul (Lynch, 1986), ser espectador implica jugar a ser un voyeur: ya no esperamos ver, sino que lo deseamos. Nosotros somos los mirones metidos entre los fetiches, las perversiones y las ingenuidades de estos personajes de Lumberton. La imagen es provocativa porque, en este "extraño mundo", imaginar es desear. Con sus colores suavemente opacos pero llamativos, con su música hipnotizante y con su ritmo de parsimonia, la imagen cinematográfica evoca un mundo que provoca seguir siendo visto: a un mismo tiempo, Lumberton es un sitio provocativo a la vista y provocador para mantenernos alerta ante sus perversiones. Todo esto envuelto en esa atmósfera "wooden" ("acartonada", diríamos nosotros, pero literalmente debería ser "amaderada") de perfección que es ese vecindario.
Entre las imágenes, los gustos, los comentarios y las discusiones de un grupo de cinéfilos.
viernes, 16 de octubre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
"La tragedia del deseo". Rocco y sus hermanos (Visconti, 1960): Semana I.
"Debe haber un sacrificio para levantar una casa sólida".
Rocco y sus hermanos está compuesta de imágenes que llevan el germen de la tragedia que se irá intensificando a lo largo de la película. A ratos, esa tragedia pareciera gestarse en torno a la inacción de un personaje principal, a pesar de que la historia esté fragmentada por capítulos titulados según cada uno de los hijos de la familia Parondi. Tal personaje es Rocco. No se trata de que él es alguien pasivo e indeciso con respecto a sus hermanos, sino que en los momentos de mayor tensión, prefiere sacrificar a alguien ajeno a la familia (aunque muy cercano para él), como es Nadia, en pos de justificar la posible y futura redención de su hermano Vincenzo, y la de toda su familia. Puede decirse que, a partir de cierto momento en la historia, Rocco toma las riendas para mantener a la familia y, en este giro, la insistencia de él por encubrir a su hermano mayor implica una ética que obliga a relegar al más vulnerable (Nadia, en este caso) para fortalecer la unión de la familia. ¿No es esta una "ética" del boxeo: el que gana lo hace dejando al otro golpeado en el piso? Ésta es una ética hecha estética a través de escenas como aquélla en la que están intercaladas la última pelea de Rocco con la muerte de Nadia.
A partir de aquí, la película me parece tan fascinante como contradictoria en las reacciones que genera en mí. Por un lado, el conflicto entre los personajes parece despertarse desde el deseo y es este movimiento irracional el que vuelve la película tan seductora: la manera en que una extraña (Nadia) nos presenta la familia y, paulatinamente, se vuelve el centro de atención desde la primera vez que los conoce. Ella es una fugitiva y no dejará de serlo durante toda la película (en algún momento, ella misma dirá "La que sale más perjudicada entre ustedes, soy yo"). Visconti también aprovecha algunos matices homoeróticos para asomar la relación manipuladora entre el organizador de las peleas y Vincenzo. Si la dinámica en el boxeo es la manera de entender las acciones de los hijos Parondi, el deseo descalabra el orden de la familia. Pero, por otro lado, la caracterización particular de Rocco es tan inmaculada, tan sesgado a rescatar a la familia que termina por separarla por completo, y que, si no fuera porque las consecuencias de su ceguera son tan evidentes, su personaje terminaría siendo llano y sin un conflicto interior (lo que genera reflexión es su manera de actuar, pero él no parece estar en conflicto por lo que le hace a Nadia). Y es aquí donde la película pierde su fuerza: es una tragedia tan delicadamente estudiada a través de un personaje principal casi mártir, que cuando estalla la resolución, las escenas se hacen sobrellevadas entre la música resaltando el drama y las actuaciones histriónicas. Hasta ese momento, la tragedia había sido una composición minuciosa de imágenes y metáforas del sacrificio, del poder y del deseo, que para cuando todo se descubre entre la familia, Visconti fuerza el dramatismo cuando la contensión ya ha engendrado gradualmente el final trágico.
Así, Rocco y sus hermanos retrata una ética de la familia en torno a la ciudad a través de la estética del deseo que rastrea Visconti a lo largo de la película. Tal ética es el boxeo como una esperanza de los Parondi para sobrevivir en la ciudad. Y tal estética sacrifica el éxito de la familia en pos de lo circunstancial y en la incapacidad de los Parondi de forjarse su salvación, porque incluso con las palabras reconciliadoras entre Ciro y Lucca, ahora restos de la familia desintegrada, es difícil sentir o ver alguna esperanza para los Parondi. Lo interno y lo externo de la historia y de la película se entrecruzan en el deseo: la llegada a la ciudad implica conocer a Nadia, transfigurada en la presencia reincidente de espejos, y la ruptura de la unión familiar escenificada en fragmentos que muestran, disimuladamente, las distintas metas que, en parte se han planteado y en parte les ha impuesto la ciudad, a los hijos Parondi. Al final, es evidente quién tiene que sacrificarse (ese "agente" externo) para aparentar cierta impresión de estabilidad.
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miércoles, 14 de octubre de 2009
martes, 13 de octubre de 2009
Festival de Cine Español 2009 en Caracas (I)
Hoy no era buena idea ir al cine. Había varias cosas pendientes por hacer, clases a mitad de la tarde y el título de la película y su director me despertaban la curiosidad, pero estaba indeciso. Lo estuve, incluso caminando hacia La Previsora, donde la estaban presentando en función de 2, pero me dejé llevar.

Animales heridos deja una sensación amarga. Las manías (o las mañas) de sus personajes, tres parejas, dan risa por las nimiedades que el narrador, con ese tono de cotidianidad casi banal, resalta de ellas; pero también generan cierto sinsabor, algo de ternura y compasión (qué difícil es pensar en esa palabra sin su connotación condescendiente: me refiero aquí de identificar algo de mí en ellos, o de ellos en mí, de reconocer) porque sus mañas también son parte de debilidades más profundas. Si bien es cierto que los personajes son estereotípicos, el narrador y las actuaciones le brindan matices de fragilidad: la química entre los actores, un diálogo, una reflexión (incisiva o nostálgica) sobre el efecto que tiene la situación sobre el personaje, un gesto, en fin, un indicio de que detrás de tanta apariencia, ellos también son animales lamiéndose las heridas de sus relaciones. Lo más inquietante de ser un animal herido, lo más doloroso dirían algunos, es tener la conciencia de serlo. Lo que nunca entendí, y que distrajo casi desde el principio hasta el final, fue la aparición especial del micrófono y del boom. Aparece en tantas escenas de la película que, a partir de un momento, creí que era intencional.

Animales heridos deja una sensación amarga. Las manías (o las mañas) de sus personajes, tres parejas, dan risa por las nimiedades que el narrador, con ese tono de cotidianidad casi banal, resalta de ellas; pero también generan cierto sinsabor, algo de ternura y compasión (qué difícil es pensar en esa palabra sin su connotación condescendiente: me refiero aquí de identificar algo de mí en ellos, o de ellos en mí, de reconocer) porque sus mañas también son parte de debilidades más profundas. Si bien es cierto que los personajes son estereotípicos, el narrador y las actuaciones le brindan matices de fragilidad: la química entre los actores, un diálogo, una reflexión (incisiva o nostálgica) sobre el efecto que tiene la situación sobre el personaje, un gesto, en fin, un indicio de que detrás de tanta apariencia, ellos también son animales lamiéndose las heridas de sus relaciones. Lo más inquietante de ser un animal herido, lo más doloroso dirían algunos, es tener la conciencia de serlo. Lo que nunca entendí, y que distrajo casi desde el principio hasta el final, fue la aparición especial del micrófono y del boom. Aparece en tantas escenas de la película que, a partir de un momento, creí que era intencional.
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Ventura Pons
miércoles, 7 de octubre de 2009
Trailer de Rocco y sus hermanos
LUCHINO VISCONTI:
"Decir algo personal no es fácil. Hay que meditar sobre lo que se dice y trabajar mucho"
“Podría hacer un film frente a una pared, si supiese encontrar los datos de la verdadera humanidad de los hombres situados ante el desnudo elemento escenográfico: encontrarlos y contarlos”.
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Festival de Cine Español en Caracas
Yolimer Obelmejías Valdez
EL UNIVERSAL
Cumple 13 años y ya es todo un adolescente. Así llega al país la décimo tercera edición del Festival de Cine Español y esta vez un grupo de películas ibéricas se exhibirán completamente gratis en las plazas Bolívar y Candelaria, Sala Cabrujas, Periférico de Caracas, Colegio Francia y las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Metropolitana, en su apéndice ciclo Famcine.
Pero el resto del país no quedará al margen de la "gran fiesta del cine", ya que ésta también podrá ser disfrutada en: Carabobo, Maracaibo, Maracay, Mérida y Margarita.
Douglas Palumbo, Alberto García y José Pisano, coordinadores del evento, explicaron que la logística será posible gracias al apoyo de la Fundación Cinemateca Nacional y las Alcaldías de Chacao y Sucre, al igual, que a la colaboración un número importante de patrocinantes.
El festival trae debajo del brazo ocho nuevas películas dispuestas a cautivar el interés del público venezolano con la estructura narrativa, humor y salero que caracteriza a los films provenientes de la Península Ibérica.
El ramillete de producciones está encabezado por Los abrazos rotos de Pedro Almodóvar, protagonizada por la ganadora del Oscar, Penélope Cruz, quien demuestra nuevamente su versatilidad en el papel de la sufrida Elena, una mujer con doble vida que después de muchos golpes, encuentra el amor. No obstante, no le será nada fácil mantenerlo.
La película nos recuerda inevitablemente a trabajos anteriores del director manchego, en los cuales hace alusiones al trabajo de cineastas y actores con vidas atormentadas. La historia está cargada de mucho ritmo y los diálogos tienen la franqueza de la naturaleza española. La dirección de arte y fotografía son sencillamente impecables, sin dejar de lado, la naturalidad del elenco de figuras seleccionadas por Almodóvar. ¿Qué mejor manera de iniciar esta fiesta que con el plato fuerte?
La lista del festival también incluye a Fados de Carlos Saura; Los girasoles ciegos de José Luis Cuerda; Que parezca accidente de Gerardo Herrero; Ocho citas de Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen; Casual day de Max Lemcke; Animales heridos de Ventura Pons y Aparecidos de Paco Cabezas.
El pre-estreno de la XIII edición del festival exhibirá Un lugar lejano, el quinto largometraje del director venezolano José Ramón Novoa, quien es el invitado de la muestra.
El Festival de Cine Español se iniciará a partir del próximo viernes 9 de octubre en Caracas en las salas del Circuito Gran Cine: Cines Paseo del Trasnocho Cultural, en Cinex y Cines Unidos y la UCV.
En el ciclo Famcine, el Gran Cine Móvil permitirá que los caraqueños se enamoren de la historia de Elsa y Fred (Marcos Carnevale), Días de fútbol de Jorge Serrano y El bosque animado de Ángel de la Cruz y Manolo Gómez.
La realización del festival se enmarca dentro de la celebración del octavo aniversario del Centro Cultural Trasnocho, espacio que tradicionalmente ha dado cabida a este evento.
EL UNIVERSAL
Cumple 13 años y ya es todo un adolescente. Así llega al país la décimo tercera edición del Festival de Cine Español y esta vez un grupo de películas ibéricas se exhibirán completamente gratis en las plazas Bolívar y Candelaria, Sala Cabrujas, Periférico de Caracas, Colegio Francia y las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Metropolitana, en su apéndice ciclo Famcine.
Pero el resto del país no quedará al margen de la "gran fiesta del cine", ya que ésta también podrá ser disfrutada en: Carabobo, Maracaibo, Maracay, Mérida y Margarita.
Douglas Palumbo, Alberto García y José Pisano, coordinadores del evento, explicaron que la logística será posible gracias al apoyo de la Fundación Cinemateca Nacional y las Alcaldías de Chacao y Sucre, al igual, que a la colaboración un número importante de patrocinantes.
El festival trae debajo del brazo ocho nuevas películas dispuestas a cautivar el interés del público venezolano con la estructura narrativa, humor y salero que caracteriza a los films provenientes de la Península Ibérica.
El ramillete de producciones está encabezado por Los abrazos rotos de Pedro Almodóvar, protagonizada por la ganadora del Oscar, Penélope Cruz, quien demuestra nuevamente su versatilidad en el papel de la sufrida Elena, una mujer con doble vida que después de muchos golpes, encuentra el amor. No obstante, no le será nada fácil mantenerlo.
La película nos recuerda inevitablemente a trabajos anteriores del director manchego, en los cuales hace alusiones al trabajo de cineastas y actores con vidas atormentadas. La historia está cargada de mucho ritmo y los diálogos tienen la franqueza de la naturaleza española. La dirección de arte y fotografía son sencillamente impecables, sin dejar de lado, la naturalidad del elenco de figuras seleccionadas por Almodóvar. ¿Qué mejor manera de iniciar esta fiesta que con el plato fuerte?
La lista del festival también incluye a Fados de Carlos Saura; Los girasoles ciegos de José Luis Cuerda; Que parezca accidente de Gerardo Herrero; Ocho citas de Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen; Casual day de Max Lemcke; Animales heridos de Ventura Pons y Aparecidos de Paco Cabezas.
El pre-estreno de la XIII edición del festival exhibirá Un lugar lejano, el quinto largometraje del director venezolano José Ramón Novoa, quien es el invitado de la muestra.
El Festival de Cine Español se iniciará a partir del próximo viernes 9 de octubre en Caracas en las salas del Circuito Gran Cine: Cines Paseo del Trasnocho Cultural, en Cinex y Cines Unidos y la UCV.
En el ciclo Famcine, el Gran Cine Móvil permitirá que los caraqueños se enamoren de la historia de Elsa y Fred (Marcos Carnevale), Días de fútbol de Jorge Serrano y El bosque animado de Ángel de la Cruz y Manolo Gómez.
La realización del festival se enmarca dentro de la celebración del octavo aniversario del Centro Cultural Trasnocho, espacio que tradicionalmente ha dado cabida a este evento.
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jueves, 1 de octubre de 2009
martes, 29 de septiembre de 2009
Conversación con David Lynch
DAVID LYNCH:
No hablo de muchas cosas y no quiero hablar de muchas cosas... pero al comienzo, era imposible. Si ahora estuviéramos haciendo mi primera entrevista, yo habré dicho dos palabras. Yo parecía... un poco loco.
Sobre las palabras
No soy bueno con las palabras... me gustan las palabras, pero me gusta el cine porque tiene palabras pero, también, guarda mucho más y puede decir mucho más que las palabras, a menos que ellas estén en manos de un gran poeta. Yo me acerqué al cine a través de la pintura... y ése es un medio sin palabras, realmente; ella está en su propio nivel y en ella hay mucha más intuición, me parece... pero la realización cinematográfica es exactamente de esa misma forma, para mí, por lo menos.
Sobre las ideas
Las ideas vienen... siempre es igual, ellas llegan... y, de vez en cuando, si tienes suerte, te llega una de la que te enamoras. Y esa primera idea de la que te enamoras es, en mi mente, como una carnada y, si te enfocas en ella, traerá otras ideas y algo más grande empezará a emerger.
Sobre el lugar y la ambientación
Una sensación de lugar es muy importante en cualquier película, una sensación de lugar como en El Apartamento (1960) de Billy Wilder. Esa película y Sunset Boulevard (1951, Wilder); Billy Wilder realmente nos hizo un lugar, hizo un lugar en mi mente. Pero todo filme tiene lugares, aunque a veces los lugares pueden ser diferentes y hacerlos mejor. Un lugar es súper crítico para mí.
La ambientación está dada por el lugar, pero también viene del sonido del lugar, de la iluminación del sitio y, creo que podría venir de los colores del lugar... todo pequeño detalle está alimentando o destruyendo la ambientación.
Sobre interpretar sus películas
Yo digo que toda interpretación es hermosa... son totalmente bellas y válidas. Yo sé qué significan las cosas para mí y tengo que saber eso para seguir adelante. Y si no sé, tengo que intentar descubrirlo; y tal vez las siguientes ideas ayuden a eso, pero cuando las cosas se ponen un poco abstractas, las interpretaciones empiezan a variar violentamente.
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lunes, 28 de septiembre de 2009
Ganadores del Festival de San Sebastián 2009.
cortesía: noticine.com
Algunos ya apuntaron que la cinta más unanimemente disfrutada este año en San Sebastián, la argentino-española El secreto de sus ojos, era "demasiado clásica". Esa opinión parece ser compartida por el jurado que ha presidido el francés Laurent Cantet, el cual la ha marginado, de forma manifiestamente arbitraria, del palmarés. La Concha de Oro fue para la segunda favorita, la china Ninjang, Ninjang de Lu Chuan. Los films españoles Yo, también y La mujer sin piano lograron respectivamente los dos premios de interpretación y el de dirección.
El fallo del jurado, que fue recibido con división de opiniones, pitos y aplausos, otorgó dos más que discutibles premios: el Especial del Jurado para la francesa de François Ozon Le réfuge y el del mejor guión a la australiana Blessed, escrito por Andrew Bovell, Melissa Reeves, Patricia Cornelius y Christos Tsiolkas. Ambos títulos dejaron más bien fría a la audiencia en su día.
Ninjang, Ninjang, que como las dos anteriormente citadas tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto antes de exhibirse en San Sebastián, obtuvo además de la Concha de Oro el premio a la mejor fotografía para el espléndido trabajo en blanco y negro de Cao Yu.
Este film histórico, que opta de manera valiente por narrar las masacres de Nanjing, cuando Japón invadió China en 1937, desde la óptica no de las víctimas, sino de soldados nipones, fue elogiado tanto en el certamen canadiense como en el donostiarra. Lu Chuan no solamente trabajó durante cuatro años en la investigación directa a través de testimonios de supervivientes chinos y japoneses, sino que se enfrentó al rechazo en su propio país, donde la herida de la invasión nipona y sus consecuentes violaciones y asesinatos está lejos de haberse cerrado, y algunos han considerado como una "traición" conceder el protagonismo a los culpables.
CONCHA DE ORO
Nanjing, Nanjing! (China) de Lu Chuan
PREMIO ESPECIAL DEL JURADO
Le réfuge/El refugio (Francia) de Françoiz Ozon
MEJOR DIRECCIÓN
Javier Rebollo por La mujer sin piano (España)
MEJOR ACTUACIÓN FEMENINA
Lola Dueñas en Yo, primero (España) de Julio Medem
MEJOR ACTUACIÓN MASCULINA
Pablo Pineda en Yo, primero (España) de Julio Medem
MEJOR GUIÓN
Andrew Bovell, Melissa Reeves, Patricia Cornelius y Christos Tsiolkas por Blessed (Australia) de Ana Kokkinos
PREMIO A LA FOTOGRAFÍA
Cao Yu por Nanjing, Nanjing! (China)
PREMIO FIPRESCI (de la Crítica)
Condenados (España) de Isaki Lacuesta
PREMIO HORIZONTES LATINOS
Gigante (Uruguay/Alemania) de Adrián Biniez
Mención Especial: Francia (Argentina) de Israel Adrián Caetano
PREMIO NUEVOS DIRECTORES
Le jour ou Dieu est parti en voyage/El día en que Dios salió de viaje (Bélgica) de Philippe Van Leeuw
Mención Especial: Samen/Juntos (Noruega) de Matias Armand Jordal.
PREMIO DEL PÚBLICO
Precious (EEUU) de Lee Daniels
viernes, 25 de septiembre de 2009
Ficha técnica de Rocco y sus hermanos

TÍTULO ORIGINAL: Rocco e i suoi fratelli.
AÑO: 1960.
DIRECTOR: Luchino Visconti.
GUIONISTAS: Giovanni Testori, Suso Cecchi d'Amico, Pasquale Festa Campoanile Massimo Franciosa, Enrico Medioli, Vasco Pratolini, Luchino Visconti.
ELENCO: Alain Delon (Rocco Parondi), Renato Salvatori (Simone Parondi), Annie Girardot (Nadia), Katina Paxinou (Rosaria Parondi), Max Cartier (Ciro Parondi), Spiros Focás (Vincenzo Parondi), Rocco Vidolazzi (Luca Parondi).MÚSICA: Nino Rota.
FOTÓGRAFO: Giuseppe Rotunno.
ESCENOGRAFÍA: Mario Garbuglia.
VESTUARIO: Piero Tosi.
MONTAJE: Mario Serandrei.
PAÍS: Italia.
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miércoles, 23 de septiembre de 2009
Extractos de críticas/estudios sobre Terciopelo Azul
"Las claves de la filmografía de David Lynch, y especialmente en Terciopelo Azul, están en la visión que él mismo tiene de su infancia: <<... Según mis recuerdos, tuve una infancia feliz, sin demasiados problemas. Pero los chicos tienen los sentidos particularmente alertas... perciben las cosas de manera muy fuerte... Agrandado por la imaginación de un niño, un pequeño acontecimiento puede convertirse en la más bella o la más horrible de las historias... En mi cada todo era muy tranquilo, muy normal... era un lugar sólido, estable, tranquilizador. Quizá cuando desde el principio se posee una estabilidad tan grande, un fundamento tan sólido, uno se encuentra más inclinado a salir de sí mismo>> (...)David Lynch trata de retratar en su película las sombras que se esconden tras cualquier mundo idílico, son las pesadillas no reconocidas del conservador sueño americano las que se encuentran aquí retratadas: vicio, drogas, violencia, sexo, etc. Y, como una Alicia en el País de las Maravillas o como en El Mago de Oz, una adolescente perteneciente al mundo de la alegría y la normalidad descubre una puerta lo sórdido e insano a través de una oreja cercenada" (Alejandro Díaz, www.miradas.net)
"Terciopelo Azul es una exploración fascinante y perpleja de todo lo que está bajo la superficie de todos nosotros. Mucho de eso es tan oscuro como confuso, e incluso perturbador, pero por toda su excentricidad, esta película se siente tan verdadera como nada de lo que hayas visto antes" (Brian Webster, Apollo Guide)
"Pocas películas han sido capaces de fundir los mundos de la realidad y de los sueños tan exitosamente, y su fuerza surreal empuja las imágenes y los sonidos en nuestro inconsciente, donde resuenan por varios días. Mientras las capas de la belleza aparente de Lumberton son desgajadas lentamente, nosotros somos chupados por la oscuridad subterránea hasta que Lynch lanza una nota optimista al final. (...) A diferencia de otras películas de Lynch que te dejan guindando en la oscuridad, Terciopelo Azul vuelve a la realidad finalmente, donde vemos los mensajes morales evidentes en el filme" (Derek Smith, Apollo Guide)
"Raro por el capricho de ser raro no es suficiente; tiene que haber algo más. Y si fuera sólo rara pero entretenida, estaría bien. Pero Terciopelo Azul es completamente aburrida gran parte del tiempo. Como todos los personajes son tan exagerados (y tan falsos, podría decirse), es imposible identificarse con alguno. Terciopealo Axul es el tipo de película que los profesores de cine probablemente amen y pasen horas analizando. Pero para el espectador promedio, la película nunca logra tener mucho impacto" (David Nusair, reelfilm.com)
"Hopper es fascinante en este papel alegremente pervertido, pero me parece que no habría funcionado tan bien si Rossellini no hubiera hecho de su contraparte. La parte engañosa y suversiva de su personaje es que, mientras ella es, en teoría, la víctima, se puede ver que parte de ella lo disfruta. Hay una increíble desnudez en su actuación: una sensación de que, a diferencia de Jeff, su Dorothy ha llegado a un punto en el que ella se deja llevar y se abandona a sí misma a sus impulsos". (Kevin Laforest, montrealfilmjournal.com)
"Un filme inquietante que retrata la doble moral tras el Sueño Americano a través de imágenes cinematográficas arrebatadoras, a un mismo tiempo surreales y realistas: (...) El hecho de que nosotros tenemos que, de alguna manera, buscar un camino en este mundo extraño es lo que hace a Terciopelo Azul una experiencia tan desestabilizadora y memorable" (Fredric y Mary Ann Brussat, spiritualityandpractice.com)
"Rossellini se compromete enteramente, pero Lynch se distancia de la terrible experiencia con sus comentarios astutos y sus pequeñas bromas ingeniosas. De alguna manera, su comportamiento es más sádico que el del personaje de Hopper. ¿Qué es peor: abofetear a alguien o verlo desde lejos y que a uno le parezca gracioso?" (Roger Ebert, rogerebert.com)
"Olvidemos por un momento que MacLachlan es el alter-ego de Lynch dentro de la película. Él está menos preocupado en autorreferenciarse que en mostrar el oscuro túnel entre la juventud y la hombría. (...) Las muchas habitaciones de Terciopelo Azul son fascinantemente representativas de humores internos: el blanco virginal de la casa de Sandy; los azules estridentes y los rosados vaginales del apartamento kitsch de Dorothy; y la apariencia abarrotada y hogareña de la casa Beaumont. (...) Lynch parece sugerir que el amor es tan potente en el mundo fetichista de Frank como en el mundo feliz de Sandy. Incluso cuando los petirrojos vuelven a Lumberton, Lynch obliga a sus personajes a reconocer el lado grotesco de sus maneras idílicas de ver el mundo" (Ed Gonzalez, slantmagazine.com)
"Terciopelo Azul (...) se mantiene como una eterna controversia, y es una visión que demanda atención, si no elogio. Críticas de la película han empleado descripciones básicas usando palabras como "impactante", "controversial" o "morboso" (todas usadas inevitablemente en esta columna). Tan pocas veces estos términos son, aunque justificados, groseramente inadecuados" (Rumsey Taylor, notcoming.com)
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martes, 22 de septiembre de 2009
domingo, 20 de septiembre de 2009
La altura de los sueños (Terciopelo Azul)

Jeffrey: Estoy viendo algo que siempre estuvo escondido. Estoy involucrado en un misterio, estoy en medio de un misterio. Y todo es un secreto.
Sandy: ¿Te gustan tanto los misterios?
Jeffrey: Sí. Tú eres un misterio.
Sandy: ¿Te gustan tanto los misterios?
Jeffrey: Sí. Tú eres un misterio.
Uno a veces se pierde en misterios. También los creamos, los acechamos, los destruimos y los volvemos a crear. A veces éstos sólo vienen de la mano de Dios (o de varios dioses, según los gustos y creencias). Pero hay una cosa que envuelve al misterio de temor: el secreto, esa cosa amorfa que viste de gala de noche todo lo inasible. Lynch, a través de sus películas, nos cuenta secretos al oído, velando detrás uno o varios misterios. Todo según las sensibilidades del espectador.
En Terciopelo Azul, Lynch comienza la trayectoria de su estética del mundo extraño. Mas este mundo lyncheano no es sólo la otra cara de la moneda del mundo que vemos todos los días, no es la tolerante otredad al que no pocos hemos atisbado de asomarnos: son los sueños, esa otra realidad de la cual el cineasta norteamericano acuña para entrelazar vasos comunicantes. Lo onírico dentro de toda la obra fílmica posterior a Terciopelo Azul no es baladí, pero esta otra moneda se vuelve harto misteriosa, conlleva un secreto. Así, la escena en que Sandy cuenta el sueño de los petirrojos es la otra historia, secreta, que funciona como motor dentro de la película. El final, un tanto irónico en las líneas de la estética lyncheana, acusa recibo la altura del sueño de nuestra protagonista.
Claro, tenemos a un enfermo (y peligroso) Frank, que con su vouyearista e inescrupuloso complejo de Edipo recargado hacia la figura de Dorothy, exacerba sus deseos de (sexo) terciopelo azul. La banda sonora del film es sugerida por Frank, un tipo que parece ser del que te encuentras en las jefaturas y los rincones ciegos de Sabana Grande, quien a punta de Roy Orbinson e Isabella Rossellini descarga una órbita de violencia moderada por el ojo de Lynch, ya que la sangre es sólo un decoro de la tragedia que se adviene al final de la trama. Y ni hablar de Jeffrey, de quien no podemos decir si es realmente un pervertido o un detective.
La verdad es que sí, a veces somos un poco Jeffrey, un poco Sandy, un poco Dorothy, y (¿por qué no, eh?) a veces Frank, porque como dice Bréton en su Manifiesto Surrealista: “Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer”. Por eso y desde ahí Lynch nos propone su estética, que termina siendo una ética de fondo: en nuestras vidas siempre hay que caminar entre misterios, pero desde la altura de los sueños.
En Terciopelo Azul, Lynch comienza la trayectoria de su estética del mundo extraño. Mas este mundo lyncheano no es sólo la otra cara de la moneda del mundo que vemos todos los días, no es la tolerante otredad al que no pocos hemos atisbado de asomarnos: son los sueños, esa otra realidad de la cual el cineasta norteamericano acuña para entrelazar vasos comunicantes. Lo onírico dentro de toda la obra fílmica posterior a Terciopelo Azul no es baladí, pero esta otra moneda se vuelve harto misteriosa, conlleva un secreto. Así, la escena en que Sandy cuenta el sueño de los petirrojos es la otra historia, secreta, que funciona como motor dentro de la película. El final, un tanto irónico en las líneas de la estética lyncheana, acusa recibo la altura del sueño de nuestra protagonista.
Claro, tenemos a un enfermo (y peligroso) Frank, que con su vouyearista e inescrupuloso complejo de Edipo recargado hacia la figura de Dorothy, exacerba sus deseos de (sexo) terciopelo azul. La banda sonora del film es sugerida por Frank, un tipo que parece ser del que te encuentras en las jefaturas y los rincones ciegos de Sabana Grande, quien a punta de Roy Orbinson e Isabella Rossellini descarga una órbita de violencia moderada por el ojo de Lynch, ya que la sangre es sólo un decoro de la tragedia que se adviene al final de la trama. Y ni hablar de Jeffrey, de quien no podemos decir si es realmente un pervertido o un detective.
La verdad es que sí, a veces somos un poco Jeffrey, un poco Sandy, un poco Dorothy, y (¿por qué no, eh?) a veces Frank, porque como dice Bréton en su Manifiesto Surrealista: “Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer”. Por eso y desde ahí Lynch nos propone su estética, que termina siendo una ética de fondo: en nuestras vidas siempre hay que caminar entre misterios, pero desde la altura de los sueños.
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sábado, 19 de septiembre de 2009
"El mundo es extraño", crítica de Terciopelo Azul- Semana III.
En las películas de David Lynch hay siempre un desajuste moral, una especie de disonancia que, en casos extremos, obsequia al espectador avezado con un espectáculo grandioso de perversión, de retorcimiento, pero Lynch nunca cae en lo chabacano, jamás se permite la licenciosa gratuidad de consentir frivolidades, sentimientos de naturaleza plana: todo en él propende a lo convulso, todo se escora estruendosamente a la anomalía. Ahí reside su singularidad y su voz incuestionable en el cine de los últimos casi treinta años.
Su periplo como director es un viaje azaroso a lo tenebroso del alma humana, un recorrido minucioso por el vicio, por el pecado, por la soledad y por la angustia: como un Tom Waits que se acodara en la barra de un bar y cantara/contara las broncas del cuerpo, los espasmos del alma y las tinieblas del corazón.
Nadie como Lynch para transmitir ambientes, sensaciones, colores: "El mundo es extraño", dice un personaje de Terciopelo Azul y no se nos va de la cabeza la oreja cortada en el césped, como premonición de lo que va a continuar, todo ese desfile de personajes al borde de la locura o locos en posesión de una conciencia exacta de su desatino.
Siempre que Lynch tenga control sobre el proceso final de su trabajo, hay que esperar productos de mucha altura o de mucha hondura, cine auténtico, visceral, entregado desde su vértigo. Eso pasó con Terciopelo Azul.
Lynch venía de hacer Dune, que fue un desastre enorme. Dino de Laurentiis, el productor, juró no volver a contar con un alucinado, según dijo en prensa y David juró no contar con un hombre de miras tan cortas, aunque probablemente ninguno de los dos se expresó con esta dulzura semántica. Todo fue mentira: volvieron a verse en esta cinta y el productor decidió asumir su error en Dune y dar al director carta blanca para hacer la película que quisiese. Afortunadamente.
Una cámara sinuosa recorre el confort de una calle de viviendas familiares. Estamos en Lumbort, un pueblo maderero que parece pintado para que Lynch lo refunda con su paleta de colores. Todo es seguridad, plácida seguridad. La oreja humana en la hierba del jardín, al tiempo que Bobby Vinton desgrana la inmortal Blue velvet, nos devuelve al cerebro de Lynch, a su iconografía rupturista, a su pacto con lo retorcido. Un anciano tiene lo que parece un infarto: la obstrucción de su manguera es el colapso de su corazón en una toma genial de concisión gráfica.
Jeffrey ( Kyle MacLachlan ) comienza aquí a penetrar en el infierno mismo. Él será el conductor de ese infierno compartido que hace que su mundo perfecto de novia estable ( la aquí estupenda Laura Dern ) se tambalee al entrar en un mundo canalla de sadomasoquismo, cabaret y luz de puticlub que encarnan Dorothy Vallens ( Isabella Rossellini ) y Frank Booth ( Dennis Hopper ), cantante de club y enloquecido traficante de drogas, respectivamente. Jeffrey es el voyeur asombrado de lo que, pero incapaz de mirar hacia otro lado. Su ojo es el nuestro: su asombro, el nuestro. Jeffrey, sin quererlo del todo, se inviste de investigador de lo real: escruta lo visible para encontrar lo cercenado, las orejas en la hierba, lo que no debe estar, pero aparece.
El tono enfermizo del color, el arriesgado uso de la música, que en todo momento dirige la escala de sentimientos que van adquiriendo, conforme la oscura trama avanza, todos los protagonistas. Luego Tarantino o Scorsese han usado con igual talento el score, la banda sonora, pero aquí el manejo de las canciones es magistral.
Lo que cuenta Terciopelo Azul es la máscara de la América idílica, su fracaso, el endulzado envoltorio y la bilis fluyendo como un veneno debajo, aunque Lynch nos da una lección inmejorable de cómo contar una historia ( un secuestro, digamos ) y asumir, como espectadores embaucados, que la historia no podía haber sido contada de otra manera. Eso creo yo que es la magia de un director. Y Lynch lo es ( al menos aquí ) en grado muy sumo.
Y tiene uno de los mejores finales que yo haya visto: un regreso brusco al lugar de donde partimos, una negación tremenda de todo lo que hemos visto.
(...) Y los pájaros trinan y el mundo sigue girando a pesar de que hemos asistido a una sesión golfa de maligna belleza. El mundo es extraño.
Emilio Calvo de Mora
Su periplo como director es un viaje azaroso a lo tenebroso del alma humana, un recorrido minucioso por el vicio, por el pecado, por la soledad y por la angustia: como un Tom Waits que se acodara en la barra de un bar y cantara/contara las broncas del cuerpo, los espasmos del alma y las tinieblas del corazón.
Nadie como Lynch para transmitir ambientes, sensaciones, colores: "El mundo es extraño", dice un personaje de Terciopelo Azul y no se nos va de la cabeza la oreja cortada en el césped, como premonición de lo que va a continuar, todo ese desfile de personajes al borde de la locura o locos en posesión de una conciencia exacta de su desatino.
Siempre que Lynch tenga control sobre el proceso final de su trabajo, hay que esperar productos de mucha altura o de mucha hondura, cine auténtico, visceral, entregado desde su vértigo. Eso pasó con Terciopelo Azul.
Lynch venía de hacer Dune, que fue un desastre enorme. Dino de Laurentiis, el productor, juró no volver a contar con un alucinado, según dijo en prensa y David juró no contar con un hombre de miras tan cortas, aunque probablemente ninguno de los dos se expresó con esta dulzura semántica. Todo fue mentira: volvieron a verse en esta cinta y el productor decidió asumir su error en Dune y dar al director carta blanca para hacer la película que quisiese. Afortunadamente.
Una cámara sinuosa recorre el confort de una calle de viviendas familiares. Estamos en Lumbort, un pueblo maderero que parece pintado para que Lynch lo refunda con su paleta de colores. Todo es seguridad, plácida seguridad. La oreja humana en la hierba del jardín, al tiempo que Bobby Vinton desgrana la inmortal Blue velvet, nos devuelve al cerebro de Lynch, a su iconografía rupturista, a su pacto con lo retorcido. Un anciano tiene lo que parece un infarto: la obstrucción de su manguera es el colapso de su corazón en una toma genial de concisión gráfica.
Jeffrey ( Kyle MacLachlan ) comienza aquí a penetrar en el infierno mismo. Él será el conductor de ese infierno compartido que hace que su mundo perfecto de novia estable ( la aquí estupenda Laura Dern ) se tambalee al entrar en un mundo canalla de sadomasoquismo, cabaret y luz de puticlub que encarnan Dorothy Vallens ( Isabella Rossellini ) y Frank Booth ( Dennis Hopper ), cantante de club y enloquecido traficante de drogas, respectivamente. Jeffrey es el voyeur asombrado de lo que, pero incapaz de mirar hacia otro lado. Su ojo es el nuestro: su asombro, el nuestro. Jeffrey, sin quererlo del todo, se inviste de investigador de lo real: escruta lo visible para encontrar lo cercenado, las orejas en la hierba, lo que no debe estar, pero aparece.
El tono enfermizo del color, el arriesgado uso de la música, que en todo momento dirige la escala de sentimientos que van adquiriendo, conforme la oscura trama avanza, todos los protagonistas. Luego Tarantino o Scorsese han usado con igual talento el score, la banda sonora, pero aquí el manejo de las canciones es magistral.
Lo que cuenta Terciopelo Azul es la máscara de la América idílica, su fracaso, el endulzado envoltorio y la bilis fluyendo como un veneno debajo, aunque Lynch nos da una lección inmejorable de cómo contar una historia ( un secuestro, digamos ) y asumir, como espectadores embaucados, que la historia no podía haber sido contada de otra manera. Eso creo yo que es la magia de un director. Y Lynch lo es ( al menos aquí ) en grado muy sumo.
Y tiene uno de los mejores finales que yo haya visto: un regreso brusco al lugar de donde partimos, una negación tremenda de todo lo que hemos visto.
(...) Y los pájaros trinan y el mundo sigue girando a pesar de que hemos asistido a una sesión golfa de maligna belleza. El mundo es extraño.
Emilio Calvo de Mora
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jueves, 17 de septiembre de 2009
Una crítica en torno a Terciopelo Azul
"A Quentin Tarantino le interesa mostrar cómo un hombre corta la oreja a otro hombre, a David Lynch le interesa la oreja"

TERCIOPELO AZUL (1986)
Bajo los acordes de la canción "Blue Velvet" de Bobby Vinton, David Lynch nos convierte en espectadores del sueño americano: la plácida y acaramelada imagen de la ciudad maderera de Lumberton, un pleasantville como otro cualquiera, donde las rosas parecen recien pintadas como en "Alicia en el país de las maravillas", donde los bomberos nos saludan relucientes desde sus recien estrenados coches casi de juguete, donde los niños se dirigen tranquilamente a la escuela y donde las amas de casa se dedican a ver películas de cine negro, porque nada más ocurre en su apacible universo cotidiano. Nada, hasta que una manguera, reliada entre unas plantas, nos anuncia la tragedia. Un hombre que riega su jardín sufre un ataque al corazón y Lynch, que nos había engañado hasta entonces, nos advierte con un plano magistral que no es oro todo lo que reluce, que bajo esa pátina edulcorada, con olor a manzana y a canela, se sumerge un "mundo extraño", un universo viscoso y repugnante, pues bajo la verde hierba está la putrefacta tierra donde retozan los escarabajos.
Jeffrey Beaumont deja momentáneamente la universidad para visitar a su padre, que ha sufrido un infarto. Tras varias visitas, encuentra en un campo solitario una oreja humana amputada, que rápidamete lleva al inspector de policía, amigo de la familia. Jeffrey, aburrido en su sosegado barrio infantil, desea conocer más detalles de su hallazgo. Por eso, decide acudir una noche a casa del inspector, para preguntarle si ha averiguado algo de la huérfana oreja. El policía no quiere desvelarle demasiados datos y le advierte del peligro de investigar por su cuenta. Desilusionado, Jeffrey abandona la casa, mas de entre las sombras, como una fantasmagórica aparición, surge la jovencísima y bella Sandie, hija del inspector de policía, a la que Jeffrey no veía desde hace un tiempo. Sandy le cuenta a Jeffrey que ha oído ciertos detalles de la investigación que lleva a cabo su padre y le da el nombre de una cantante, Dorothy Valens, y la dirección de su apartamento.
Lógicamente, Jeffrey no se detiene ante las puertas del misterio, sino que decide zambullirse en sus propias pesquisas, ayudado en un principio por la inocente Sandy y en solitario después. De esta forma, llega a conocer a Dorothy Valens, una bella cantante del tres al cuarto, y con ella a un grupo de degenerados, delincuentes y transtornados que han secuestrado a su marido y a su hijo. Al frente de todos ellos se encuentra Frank Booth que utiliza a Dorothy en sus perversiones sexuales en las que el terciopelo azul cobra especial protagonismo. Jeffrey deslumbrado por la belleza, el sufrimiento y el masoquismo de Dorothy, quedará atrapado en un binomio entre la mujer, Dorothy, y la niña, Sandy, explorando su propio cambio, de adolescente a adulto, de investigador a pervertido voyeur, de dominado a dominador.
Lynch nos enseña que debajo de toda apariencia hay un submundo por explorar, que detrás de cada esquina o recodo puede surgir lo inesperado (como en ese maravilloso corto de Mulholland Drive sobre la cafetería Pimkies). Utiliza, en este caso, el agujero de la oreja como vórtice hacia el oscuro universo de la perversión y la violencia (como ya hiciera con su famosa caja azul en Mulholland Drive o con un teléfono en Carretera Perdida). En Tercipelo azul la oreja nos sugiere "escucha, estate atento", mientras que en Mullholland Drive nos decía "Silencio. No hay orquesta". Ese universo oscuro y trágico, lejos de parecer como un espejismo, se cuela dentro del mundo plácido de la cotidianiedad de Lumberton y no lo abandonará nunca, pues los pájaros del amor que podrían haber destruido ese "mundo extraño" al que tanto alude Sandy, nos traen al final los escarabajos entre sus picos.
Es constante en la filmografía de Lynch, como influencia de la magistral "Vertigo" de Alfred Hitchcock, esa dicotomía entre la realidad y la ficción, lo que aparece y lo que subyace, la vigilia y el sueño, si bien que en "Terciopelo azul" lo logra de una manera bastante más comprensible para el espectador. Por ello, considero que esta es una buena obra para introducirse en la filmografía de Lynch, pues muestra perfectamente el inframundo o la atmósfera que insuflan películas posteriores, si bien de manera muy clara y sencilla para el espectador, desde el punto de vista de la línea argumental.
Además del magistral comienzo, debo destacar como inolvidable la escena en la que el excéntrico Frank Booth (muy buena interpretación de Dennis Hopper) le pide a uno de esos asesinos enfermizos que cante "In dreams" de Roy Orbison, canción que luego repetirá para darle una paliza a Jeffrey, con esas patéticas y grotescas gogos que parecieran salidas de un antro circense. Aunque el paralelismo pueda ser objeto de crítica, considero que los personajes imposibles que aparecen en las películas de Lynch en cierta forma me recuerdan a los personajes imposibles, también un poco grotescos, de las profundidades de la carne, que retrata a veces Almodóvar. Ambos, directores muy personales.
La escena, que parece un cuadro de Velazquez o de Goya en su época oscura, con más de 9 personajes mirando hacia la cámara, sin que parezca forzado, merece ser vista, auque no os llame la atención la película. Disfrutad de mi canción favorita:
TERCIOPELO AZUL (1986)
Bajo los acordes de la canción "Blue Velvet" de Bobby Vinton, David Lynch nos convierte en espectadores del sueño americano: la plácida y acaramelada imagen de la ciudad maderera de Lumberton, un pleasantville como otro cualquiera, donde las rosas parecen recien pintadas como en "Alicia en el país de las maravillas", donde los bomberos nos saludan relucientes desde sus recien estrenados coches casi de juguete, donde los niños se dirigen tranquilamente a la escuela y donde las amas de casa se dedican a ver películas de cine negro, porque nada más ocurre en su apacible universo cotidiano. Nada, hasta que una manguera, reliada entre unas plantas, nos anuncia la tragedia. Un hombre que riega su jardín sufre un ataque al corazón y Lynch, que nos había engañado hasta entonces, nos advierte con un plano magistral que no es oro todo lo que reluce, que bajo esa pátina edulcorada, con olor a manzana y a canela, se sumerge un "mundo extraño", un universo viscoso y repugnante, pues bajo la verde hierba está la putrefacta tierra donde retozan los escarabajos.
Jeffrey Beaumont deja momentáneamente la universidad para visitar a su padre, que ha sufrido un infarto. Tras varias visitas, encuentra en un campo solitario una oreja humana amputada, que rápidamete lleva al inspector de policía, amigo de la familia. Jeffrey, aburrido en su sosegado barrio infantil, desea conocer más detalles de su hallazgo. Por eso, decide acudir una noche a casa del inspector, para preguntarle si ha averiguado algo de la huérfana oreja. El policía no quiere desvelarle demasiados datos y le advierte del peligro de investigar por su cuenta. Desilusionado, Jeffrey abandona la casa, mas de entre las sombras, como una fantasmagórica aparición, surge la jovencísima y bella Sandie, hija del inspector de policía, a la que Jeffrey no veía desde hace un tiempo. Sandy le cuenta a Jeffrey que ha oído ciertos detalles de la investigación que lleva a cabo su padre y le da el nombre de una cantante, Dorothy Valens, y la dirección de su apartamento.
Lógicamente, Jeffrey no se detiene ante las puertas del misterio, sino que decide zambullirse en sus propias pesquisas, ayudado en un principio por la inocente Sandy y en solitario después. De esta forma, llega a conocer a Dorothy Valens, una bella cantante del tres al cuarto, y con ella a un grupo de degenerados, delincuentes y transtornados que han secuestrado a su marido y a su hijo. Al frente de todos ellos se encuentra Frank Booth que utiliza a Dorothy en sus perversiones sexuales en las que el terciopelo azul cobra especial protagonismo. Jeffrey deslumbrado por la belleza, el sufrimiento y el masoquismo de Dorothy, quedará atrapado en un binomio entre la mujer, Dorothy, y la niña, Sandy, explorando su propio cambio, de adolescente a adulto, de investigador a pervertido voyeur, de dominado a dominador.
Lynch nos enseña que debajo de toda apariencia hay un submundo por explorar, que detrás de cada esquina o recodo puede surgir lo inesperado (como en ese maravilloso corto de Mulholland Drive sobre la cafetería Pimkies). Utiliza, en este caso, el agujero de la oreja como vórtice hacia el oscuro universo de la perversión y la violencia (como ya hiciera con su famosa caja azul en Mulholland Drive o con un teléfono en Carretera Perdida). En Tercipelo azul la oreja nos sugiere "escucha, estate atento", mientras que en Mullholland Drive nos decía "Silencio. No hay orquesta". Ese universo oscuro y trágico, lejos de parecer como un espejismo, se cuela dentro del mundo plácido de la cotidianiedad de Lumberton y no lo abandonará nunca, pues los pájaros del amor que podrían haber destruido ese "mundo extraño" al que tanto alude Sandy, nos traen al final los escarabajos entre sus picos.
Es constante en la filmografía de Lynch, como influencia de la magistral "Vertigo" de Alfred Hitchcock, esa dicotomía entre la realidad y la ficción, lo que aparece y lo que subyace, la vigilia y el sueño, si bien que en "Terciopelo azul" lo logra de una manera bastante más comprensible para el espectador. Por ello, considero que esta es una buena obra para introducirse en la filmografía de Lynch, pues muestra perfectamente el inframundo o la atmósfera que insuflan películas posteriores, si bien de manera muy clara y sencilla para el espectador, desde el punto de vista de la línea argumental.
Además del magistral comienzo, debo destacar como inolvidable la escena en la que el excéntrico Frank Booth (muy buena interpretación de Dennis Hopper) le pide a uno de esos asesinos enfermizos que cante "In dreams" de Roy Orbison, canción que luego repetirá para darle una paliza a Jeffrey, con esas patéticas y grotescas gogos que parecieran salidas de un antro circense. Aunque el paralelismo pueda ser objeto de crítica, considero que los personajes imposibles que aparecen en las películas de Lynch en cierta forma me recuerdan a los personajes imposibles, también un poco grotescos, de las profundidades de la carne, que retrata a veces Almodóvar. Ambos, directores muy personales.
La escena, que parece un cuadro de Velazquez o de Goya en su época oscura, con más de 9 personajes mirando hacia la cámara, sin que parezca forzado, merece ser vista, auque no os llame la atención la película. Disfrutad de mi canción favorita:
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Terciopelo Azul
Ganadores del Festival de Venecia 2009.
PALMARÉS DE LA 66 MOSTRA DE VENECIA
- LEÓN DE ORO
Lebanon, de Samuel Maoz (Israel).
- LEÓN DE PLATA a la Mejor Dirección
Shirin Neshat, con la colaboración de Shoja Azari, por Zanan bedoone mardan (Alemania / Francia / Irán).
- PREMIO ESPECIAL DEL JURADO
Soul Kitchen, de Fatih Akin (Alemania / Turquía)
- COPA VOLPI al Mejor Actor
Colin Firth, por A Single Man (EEUU)
- COPA VOLPI a la Mejor Actriz
Kssemija Rappoport, por La doppia ora (Italia)
- PREMIO MARCELLO MASTROIANNI a Intérprete Revelación
Jasmine Trinca, por Il grande sogno (Italia)
- PREMIO AL MEJOR GUIÓN
Todd Solondz, por Life During Wartime (EEUU)
- PREMIO A LA MEJOR ESCENOGRAFÍA
Sylvie Olivé, por Mr. Nobody (Francia / Bélgica)
OTRAS SECCIONES
HORIZONTE
- PREMIO HORIZONTE- ficción: Engkwentro, de Pepe Diokno (Filipinas)
- PREMIO HORIZONTE- documental: 1428, de Du Haibin (China)
- MENCIÓN ESPECIAL: Aadmi ki aurat aur anya kahaniya, de Amit Dutta (India)
CONTROCAMPO ITALIANO
- PREMIO CONTROCAMPO ITALIANO: Cosmonauta, de Susanna Nicchiarelli (Italia)
- MENCIÓN ESPECIAL: Negli occhi, de Daniele Anzellotti y Francesco Del Grosso (Italia)
PREMIO LUIGI DI LAURENTIS a la Ópera Prima
- León del Futuro: Engkwentro, de Pepe Diokno (Filipinas)
PREMIO PERSOL 3-D al mejor film en relieve del año
- The Hole, de Joe Dante (EEUU).
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Trailer de A Single Man (2009)
Primera película del diseñador Tom Ford con Colin Firth y Julianne Moore. Supuestamente (según los críticos) es buenísima.
domingo, 13 de septiembre de 2009
El deseo- Semana II.
Si bien las escenas con las canciones (aquélla en casa de los matones de Frank, la del baile entre Jeffrey y Sandy) son las que tienen mayor resonancia en la película por la apariencia onírica que brindan dentro de momentos relevantes para la trama, pocas escenas en el cine me han parecido tan eróticas como la de la imagen: son los labios de ella (el color intenso, la textura), son sus ojos cerrados (si mirar es participar, ella lo que desea es dejarse al abandono) es cómo están dispuestos en el cuadro, es la expresión de ternura y morbo de Rossellini al dejarse tomar por él, es lo que Dorothy nos evoca desde que la hemos escuchado y visto cantar en el bar.
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martes, 8 de septiembre de 2009
sábado, 5 de septiembre de 2009
"No sé si eres un detective o un pervertido". Terciopelo Azul: Semana I.
Terciopelo Azul es el revés de un cuento de hadas. Detrás de toda historia de amor, hay escondido algo de voyeurismo y de vicio; junto a la ingenuidad de los que viven de ilusiones, están la curiosidad y el sexo que seducen tales ilusiones; en fin, como en todo cuento de hadas, siempre se sabe que el final feliz (con petirrojos y demás) es un invento conocido a oídas, como si la historia de estos personajes estuviese resguardada en esa oreja que encontró Jeffrey Beaumont en la grama.
Al final, lo que más me impresiona de la película es la ambigüedad entre lo ingenuo y lo perverso, ese guiño de humor que no llega a parodiar la relación de Jeffrey y Sandy porque cuando lo hace, la química (y la música) entre los demás personajes nos ha seducido perversamente. La película provoca en mí una curiosidad que va más allá de seguir viendo: es seguir escuchando las manías de estos personajes (por la música, por el sexo...) y seguir descubriendo la investigación de este hombre que más que resolver el caso, desea involucrarse en él. Lynch, a través de esos colores brillantes y toda esa música envolvente, consigue en ese vecindario ideal y en los sueños de sus personajes principales, no las perversiones, ellas son las de menos, sino la curiosidad, aquella que hace indagar incluso en la apariencia de lo perfecto con la risa más inocente.
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